Editorial / Con daños menores

El Fondo Monetario insiste en que América Latina va a recuperarse más rápido que el planeta en el 2010, al lograr un crecimiento promedio del 1,5 por ciento.

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mayo 06 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-06

Un interesante evento tuvo lugar ayer en Bogotá, cuando Nicolás Eyzaguirre, director del departamento del Hemisferio Occidental en el Fondo Monetario Internacional, presentó el más reciente estudio de perspectivas regionales, realizado por los técnicos de la entidad con sede en Washington. El documento, que normalmente tiene periodicidad anual, ahora pasó a ser semestral debido al vertiginoso cambio de condiciones generado por la crisis global.

Como resultado, el panorama de relativa tranquilidad dado a finales del 2008 es ahora muy diferente, aunque perdura la opinión sobre la capacidad de América Latina de recuperarse más rápidamente que otras áreas del mundo.

Dado ese mensaje de esperanza, el coletazo recibido es innegable. Según el FMI, la economía de la región se contraerá en 1,5 por ciento en el 2009, después de haber crecido 4,5 por ciento el año pasado. Semejante contraste es consecuencia de una mayor cautela de los consumidores, pero sobre todo de una tenaza cuyo origen es externo y que afecta tanto los ingresos por bienes y servicios, como la llegada de capitales, ya sea en forma de préstamos o de inversión.

De hecho, todos los países latinoamericanos y caribeños han registrado una reducción de la demanda por exportaciones, al igual que un fuerte deterioro de los términos de intercambio, como resultado de la descolgada en los precios de las materias primas.

Esta se calcula en cerca de un 33 por ciento en promedio, para los bienes básicos que comercializa el área.

Adicionalmente, es claro un descenso en las remesas y el turismo, pues en el primero de los casos el desempleo en las naciones ricas se ha ensañado contra los inmigrantes, mientras que en el segundo hay menos viajeros. Eso, sin contar los estragos que puede dejar el virus AH1N1 que ha espantado a miles de visitantes que tenían a México como destino.

Algunos de los efectos son notorios. No solo los tipos de cambio se han elevado y ha disminuido el monto del comercio exterior, sino que la producción manufacturera ha tenido descensos apreciables. También ha bajado la actividad crediticia, tanto por razones de oferta como de demanda. Si bien la mayoría de sistemas financieros nacionales se mantienen sólidos y salieron indemnes de la debacle que comenzó en el mercado de hipotecas de mala calidad, en algunos países la mayoría de los activos son propiedad de bancos de capital foráneo. No obstante, son pocas las señales de alerta y sólo en la zona del Caribe se han detectado problemas, sobre todo debido a la intervención de un conglomerado de seguros en Trinidad y Tobago y a la quiebra del grupo financiero Stanford, cuya sede principal estaba en Antigua y Barbuda.

Por otra parte, la inflación está dando marcha atrás. El promedio regional de alza en los precios, que había llegado a 8,9 por ciento en octubre del 2008 ya disminuyó a 7,1 por ciento en marzo pasado. La otra cara de la moneda la muestra el aumento en el desempleo que influye sobre el consumo interno y la reducción de los ingresos fiscales, particularmente en aquellas naciones cuyas arcas públicas se nutren de impuestos a las exportaciones de materias primas.

En respuesta, la mayoría de los países se ha concentrado en medidas para darle liquidez a las entidades financieras y en bajas de las tasas de interés de los respectivos bancos centrales. Unos pocos han podido poner en marcha paquetes fiscales, de naturaleza transitoria y concentrados en programas específicos, como le ha ocurrido a Chile o a Brasil. Todo ello, sin embargo, no alcanzará a impedir la caída, a pesar de que a la región le va a ir menos mal que a otras del mundo.

El Fondo Monetario insiste en que América Latina va a recuperarse más rápido que el planeta en el 2010, al lograr un crecimiento promedio del 1,5 por ciento. La razón es la ausencia de problemas sistémicos en el sector financiero que actúan como un lastre en diversas latitudes. Es precisamente esa situación la que le permitiría a Colombia salir de la tormenta con daños menores. De hecho el FMI cree que al país le va a ir ligeramente mejor que a la región, que en esta oportunidad enfrentó las aguas turbulentas con mucha más preparación que en ocasiones anteriores. 

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