Editorial / El dólar: vuelve y juega

Apenas dos semanas después de haber comenzado el nuevo año, la moneda colombiana es de las que más se ha apreciado no sólo en el continente, sino en el grupo de economías emergentes.

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enero 13 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-13

Aunque ayer cerró con un ligero repunte, es indudable que el principal hecho económico interno en las dos primeras semanas del 2010, es el comportamiento del dólar.

En comparación con el nivel al que llegó el pasado 31 de diciembre, la divisa norteamericana se ha revaluado en 3,8 por ciento, con lo cual la tasa representativa del mercado vigente para hoy es de 1.965,8 pesos, 78 menos que al finalizar el año pasado.

Como si eso fuera poco, la moneda nacional es de las que más se ha apreciado no sólo en el continente, sino en el grupo de economías emergentes.

Tal conducta ha generado alguna inquietud entre los economistas. Si bien los precios de los principales productos que vende el país se han recuperado, no hay duda de que un cambio más bajo golpea a todos los exportadores.

Sobre todo a aquellos que tratan de sustituir las ventas que perdieron en el mercado venezolano por cuenta de la decisión del Gobierno vecino de reducir sus compras de bienes colombianos a cero, como también a quienes van a resultar afectados por la reciente descolgada del bolívar.

Como es normal en estos casos, no hay una explicación clara en torno a lo sucedido. Los operadores del mercado culpan ante todo a la venta de dólares hecha por la Tesorería General de la Nación, con el fin de atender obligaciones propias de la 'cuesta' de enero.

Otros, sin embargo, sostienen que lo que está sucediendo tiene que ver más con movimientos especulativos que con cambios fundamentales.

En general, quienes le apuestan a una tasa de cambio más baja creen que habrá una buena oferta de divisas como consecuencia no sólo de las monetizaciones previstas, sino también de los flujos de inversión extranjera directa y del superávit comercial que tiende a aumentar.

Esa cierta abundancia se ha encontrado con una respuesta relativamente pasiva de las autoridades. De un lado, el Banco de la República que se había comprometido a adquirir hasta tres billones de pesos entre dólares y títulos de deuda, acabó concentrándose exclusivamente en estos últimos.

Del otro, existe la impresión de que el hueco fiscal en el 2009 acabó siendo de mucho mayor tamaño que el proyectado hace unos meses, con lo cual las emisiones de bonos crecerían.

A pesar de que el Ministro de Hacienda anunció que daría los detalles sobre un congelamiento del gasto -que equivaldría a un recorte- la próxima semana, solamente hasta que se conozcan los detalles del mismo podría retornar la tranquilidad.

Por otro lado, han aumentado de volumen las voces que piden el regreso de los controles a los capitales de corto plazo. El ejemplo de Brasil, que desde octubre pasado adoptó un impuesto del 2 por ciento aplicable a los recursos que le llegan del exterior con destino a los mercados de renta fija y variable y que en noviembre le aplicó un gravamen del 1,5 por ciento a lo que va para otro tipo de papeles, ha convencido a algunos de que Colombia podría hacer algo similar.

En términos prácticos, se trata de reeditar decisiones similares a las ya ensayadas hace un par de años, cuando el huracán revaluacionista llevó a un profundo descenso en la tasa de cambio.

Frente a tales propuestas, entidades como Anif se encuentran totalmente en desacuerdo. La razón esgrimida es que lo que ha ingresado al país es muy inferior a lo que llegó a registrarse en 2006 y 2007 y que nada indica que haya un problema serio con fondos especulativos.

Frente al pico cercano a 4.500 millones que se vio a mediados del 2008, ahora la suma asciende a 3.351 millones de dólares, de los cuales 55 por ciento corresponden a acciones, un 29 por ciento adicional a las valorizaciones de esos títulos y apenas 16 por ciento a compras de bonos del Tesoro.

Y aunque ese argumento tiene mucha validez, no estaría de más que las autoridades les hagan seguimiento a dichos flujos, con el fin de evitar sorpresas futuras.

Esa actitud vigilante debería complementarse con una actitud más proactiva de la política económica que incluya compras periódicas de divisas por parte del Banco de la República.

De lo contrario puede ser que lo que llegue gracias a la reactivación, se acabe yendo, por cuenta de la apreciación del peso.

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