Editorial / Esperando la cosecha

Optimistas insisten en que Colombia tiene un futuro brillante en materia agrícola, pero el presente sigue sin estar despejado y este año una sensación de relativo desánimo ha invadido a productores.

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abril 04 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-04

Los reportes que hablan de la pronta terminación del fenómeno de 'El Niño' deberían constituir un alivio para el sector agropecuario, afectado por la prolongada sequía que se sintió con diversa intensidad en todos los confines del país.

Aunque habrá tiempo para hacer un balance detallado de lo sucedido, desde ahora es posible decir que la disminución en el régimen de lluvias y las temperaturas extremas que sintieron los colombianos tuvieron un impacto relativamente menor en los precios de los alimentos, sin desconocer las alzas vistas en productos específicos. Ese hecho ha permitido que los temores sobre una escalada inflacionaria se disipen, como seguramente lo confirmará el Dane en la tarde de hoy, cuando dé a conocer su reporte mensual sobre la evolución del costo de la canasta familiar en marzo.

La relativa normalidad en ese frente no disimula las expectativas que hay en torno al desempeño del campo, que no ha tenido un comportamiento destacado en los últimos tiempos. En el 2009, para no ir más lejos, el crecimiento fue de apenas 1 por ciento y en lo que va corrido del siglo, el promedio anual ha sido de 2,7 por ciento, mientras el de toda la economía llegó a 4,1 por ciento.

Buena parte de lo ocurrido recientemente ha tenido que ver con la mala fortuna del café, cuya producción cayó 23 por ciento, después de un retroceso de más del 8 por ciento en el 2008, pero el del grano no es el único caso.

Eso no quiere decir que estén ausentes las circunstancias alentadoras. La política de Seguridad Democrática permitió que vastas zonas que habían sido abandonadas por sus dueños, hayan vuelto a ser cultivadas y que en ramos específicos existan proyectos de expansión importantes, como es el caso de la palma o la caña de azúcar. Según el Ministerio de Agricultura, el año pasado el área sembrada fue de 4,9 millones de hectáreas, 675.000 más que en el 2002, mientras que en toneladas de alimentos el salto fue de 22 por ciento en ese lapso.

Sin embargo, no ha tenido lugar el despegue que algunos esperaban, a pesar del extenso territorio disponible para ampliar la frontera agrícola y de las ventajas naturales en lo que hace a disponibilidad del agua y variedad de climas. De hecho, en Colombia la mayoría del área sembrable todavía se dedica a la ganadería, pues la rentabilidad de dicha actividad es considerada como aceptable, sin que sean necesarias las cuantiosas inversiones que a veces se requieren, tanto en adecuación de tierras, como en semillas, plaguicidas, recolección y almacenamiento, entre otros.

Pero los conocedores del tema insisten en que el entorno será cada vez más favorable. El fin de la recesión mundial ha traído consigo un repunte en la demanda de comida, que debería consolidarse hacia el futuro, en la medida en que China, India y buena parte del mundo en desarrollo logren mayores niveles de ingreso. Al mismo tiempo, el alza ya vista en el precio del petróleo vuelve a hacer rentables las plantas de biocombustibles, si bien la euforia de hace unos años es más moderada ahora.

Por otra parte, una de las lecciones que dejó la reciente elevación de las cotizaciones de algunos productos básicos, es que es necesario trabajar más para garantizar la seguridad alimentaria de las naciones, con el fin de limitar el impacto que acompañaría una nueva oleada de precios altos y asegurar el abastecimiento.

Ante esas circunstancias, los optimistas insisten en que Colombia tiene un futuro brillante en materia agrícola. El problema es que mientras esa promesa suena a frase de cajón, el presente sigue sin estar despejado, y de hecho, este año una sensación de relativo desánimo ha invadido a algunos productores. Tanto la revaluación del peso, como el cierre del mercado venezolano o las inclemencias del clima han llevado a entidades como la Sociedad de Agricultores a pronosticar que el crecimiento del sector estará entre 1 y 2 por ciento en el 2010.

Aunque el café debería mejorar, otros cultivos como el arroz, el maíz blanco o la papa se mantendrían estables o tendrían un pequeño declive. Esa realidad demuestra que buena parte de la tarea sigue pendiente. Y que será necesario un esfuerzo continuado que incluya políticas de estímulo sensatas e inversiones en riego, para que la vocación agrícola del país se convierta, algún día, en un hecho concreto.

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