Editorial / Lánguido aniversario

Pocas veces la celebración de un cumpleaños había resultado tan deslucida como en Lima ayer, cuando se conmemoraron cuatro décadas del nacimiento de la Comunidad Andina de Naciones (CAN).

POR:
mayo 26 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-26

Pocas veces la celebración de un cumpleaños había resultado tan deslucida. Pero eso fue lo que ocurrió en Lima ayer, cuando se conmemoraron cuatro décadas del nacimiento de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), en un acto en el cual la languidez fue la nota predominante. Lejos de ser la ocasión de reunir a los presidentes de los países integrantes del acuerdo subregional, el evento fue rápido y sin sustancia. Ecuador, que ocupa la presidencia rotativa del bloque de naciones, escasamente envió a una Viceministra, al igual que Colombia y Bolivia. De hecho, el funcionario de mayor rango resultó ser el Canciller peruano, pues el presidente Alan García no quiso hacerse presente.

Lo sucedido tiene un carácter simbólico, pero representa una crisis real. Si bien a lo largo de 40 años el pacto de integración ha vivido momentos difíciles, ninguno es tan complicado como el actual. Sin norte, afectada por una larga cadena de incumplimientos en los compromisos y víctima de profundas diferencias entre sus miembros, la CAN está en una seria encrucijada de la cual no le resultará fácil salir.

Es imposible determinar dónde comenzó el declive, aunque no faltará el analista descarnado que diga que, desde las épocas del Pacto Andino, la iniciativa fue mucho más generosa en promesas que en realizaciones. No obstante, las esperanzas eran enormes ese 26 de mayo de 1969 cuando los presidentes de Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú suscribieron el Acuerdo de Cartagena. Sin duda alguna, el modelo a seguir originalmente era el de la Comunidad Económica Europea, pero adaptado a una región que todavía defendía el esquema de la sustitución de importaciones. De tal manera, la producción de bienes específicos estaba distribuida entre los diferentes países, un marco que a la postre resultó impracticable, pero que sonaba muy atractivo. Así, la vinculación de Venezuela en 1973 tuvo mucho que ver con sus posibilidades en materia automotriz o petroquímica.

El primer síntoma de que algo no estaba funcionando lo dio la salida de Chile en 1976, dados los controles existentes a la entrada de capitales. Ese golpe, hay que reconocerlo, no impidió el desarrollo de una rica legislación, ni el afianzamiento de entidades como la Corporación Andina de Fomento. También empezó a darse una pausada evolución hacia una estructura menos rígida, en algunos casos más política que económica.

Pero no fue sino hasta 1991, cuando de un plumazo los presidentes subregionales decidieron desmontar las barreras comerciales entre los socios de la CAN, que el intercambio se disparó. De la mano de ese despegue, llegaron las inversiones y el tránsito de viajeros entre las capitales del área. A pesar de que con los años surgieron disparidades, el bloque se mantuvo, porque todos tenían algo que ganar.

Lamentablemente, los vientos de la polarización llegaron. Primero en Caracas y luego en La Paz y Quito, arribaron presidentes con visiones opuestas a las de Lima y Bogotá, respecto a la integración. La negociación de un tratado de libre comercio con Estados Unidos, que exigía la definición de un arancel externo común tantas veces aplazado, fue un problema insuperable. Como si lo anterior fuera poco, la tensión entre Álvaro Uribe y Hugo Chávez llevó a que este último decidiera en abril del 2006 abandonar la CAN.

El retiro venezolano fue un golpe demoledor. Desde ese entonces la Comunidad, que ya venía caminando a paso lento, quedó prácticamente inmóvil. Una razón fue la creación de dos bandos: Bolivia y Ecuador, por un lado, y Perú y Colombia, por el otro.

Además, el rompimiento de relaciones diplomáticas, anunciado por el Palacio de Carondelet a los pocos días del ataque colombiano al campamento de 'Raúl Reyes' hizo todo mucho más difícil.

Así las cosas, el pacto subregional está como esos enfermos que se mantienen en un coma profundo. Para revivirlo, hay quienes creen que hay que sacarle los temas económicos y comerciales, para concentrarse en los asuntos sociales o de infraestructura.

Pero aparte de que semejante idea es mala, no habrá mucho que hacer si la animadversión entre los socios de la CAN se mantiene en los niveles actuales. Por ese motivo muchos anticipan que los próximos cumpleaños serán tan apagados, como el que acaba de transcurrir.

Siga bajando para encontrar más contenido