Editorial / Mejor, pero no del todo

A medida que transcurren las semanas del nuevo año, empiezan a aparecer también los pronósticos actualizados con respecto al 2010.

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enero 24 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-24

Si bien ese es un ejercicio rutinario, en esta oportunidad cobra especial importancia, pues el planeta viene de sortear su más dura prueba en más de seis décadas. Como es sabido, el Producto Interno Bruto global experimentó su primera caída desde el final de la Segunda Guerra. Según el Banco Mundial, la contracción habría sido de 2,2 por ciento, debido al estallido de la burbuja inmobiliaria en las economías más ricas, que a su vez le generó enormes pérdidas al sector financiero, cuyos abusos en la toma de riesgos quedaron al descubierto.

Los sucesivos golpes impactaron también la confianza de consumidores y empresas, un hecho que se sintió en la demanda de todo tipo de productos. Hace 12 meses, por ejemplo, las noticias estaban llenas de titulares sobre el abrupto descenso en los precios de las materias primas y la profunda caída en la actividad manufacturera en todas las latitudes. Eso ocasionó un aumento en las tasas de desempleo, que en Estados Unidos y Europa superaron el 10 por ciento.

No obstante, la apuesta hecha por las naciones más poderosas al inyectarle liquidez a sus economías e impedir la quiebra de los bancos grandes, evitó lo peor. Desde el semestre pasado empezaron a aparecer señales de recuperación, lo cual hizo que técnicamente la recesión concluyera en buena parte del globo.

Pero la sensación de haber evitado el peligro no quiere decir que haya vuelto a la normalidad. Las secuelas de lo ocurrido se sentirán durante varios años, ya que el repunte será lento ante el fuerte incremento en el número de desocupados. Además, las entidades de crédito no han terminado de limpiar sus balances, lo que afectará su capacidad de préstamo. El Fondo Monetario calcula que los castigos contables ascendieron a 1,3 billones de dólares el año pasado, pero que se requiere otro tanto en los próximos meses.

En consecuencia, las tasas de crecimiento del PIB serán más bien mediocres. El Banco Mundial prevé que en el 2010 ésta será de 2,7 y en el 2011 de 3,2 por ciento. En general, las naciones desarrolladas irán más despacio, mientras que las economías emergentes lo harán más rápido. Al mismo tiempo, la entidad estima que el comercio internacional volverá a crecer, que la inflación se mantendrá a raya, que las tasas de interés seguirán bajas, aunque empezarán a subir y que los precios de los productos básicos serán relativamente estables. Para citar un caso concreto, la cotización promedio del barril de petróleo estaría en 76 dólares, algo muy similar a lo que se ve actualmente.

Semejante panorama sería peor de no ser por el increíble vigor de China, cuyo PIB aumentó 8,7 por ciento el año pasado, gracias a un último trimestre muy fuerte, de 10,5 por ciento. Ese avance, sumado al de India con un más modesto 6 por ciento, ha ido impulsando los precios de los productos básicos y mejorado la suerte de los países que los exportan. En el caso chino, fue definitiva la iniciativa dada por el plan de estímulo aprobado por Pekín, que disparó la demanda de vehículos y electrodomésticos, al igual que un auge en la finca raíz y en las obras públicas.

Sin embargo, la inquietud hacia más adelante es si la dinámica se puede mantener sin los apoyos fiscales, una duda que tiene igual validez en los países industrializados. La razón es que los elevados déficit fiscales son insostenibles y en algún momento será necesario apretar el cinturón del gasto, con lo cual el relevo debe ser asumido por los consumidores. Si ese cambio de motor se da sin sobresaltos, es el principal tema de discusión entre los economistas. Unos piensan que no va a haber nuevos retrocesos, en tanto que otros avizoran un traspié el próximo año, anotando que nadie ve un regreso a la debacle del pasado.

En dicho escenario, América Latina debería experimentar una mejor suerte, con un crecimiento cercano a 3,1 por ciento en el 2010, según el Banco Mundial. Otras entidades ven un futuro todavía mejor, gracias a Brasil -que va muy bien-, pero no a Colombia que, con un resultado cercano al 2,5 por ciento, estaría por debajo del promedio regional.

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