Editorial / Del papel a la realidad

Mientras en lo que hace a petróleo hay una buena capacidad y una gran dosis de experiencia, en la gran minería se requiere un esfuerzo más decidido y una visión de largo plazo.

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diciembre 05 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-12-05

Cuando en el reciente Congreso de Infraestructura, que tuvo lugar a finales de noviembre, el presidente de Paz del Río, Luis Guillermo Parra, le recordó al auditorio la existencia de un inmenso yacimiento de hierro en el departamento del Vaupés, el público reaccionó sorprendido. No era para menos.

De acuerdo con el ejecutivo, en la zona de Taraira existe un vasto depósito del mineral, que le permitiría al país, si se desarrolla la infraestructura necesaria, exportar hasta 100.000 toneladas del material al año.

El hallazgo fue reportado en 1998 por la Academia Colombiana de Ciencias, pero desde entonces es muy poco lo que se ha avanzado. Lo que sorprende es que en un mundo en el que la demanda del mencionado elemento no ha hecho más que crecer, se mire el tema con relativa indiferencia.

Ello a pesar de que la producción nacional apenas alcanzó las 280.772 toneladas en el 2009, con lo cual el mercado interno se tiene que surtir, en parte, con insumos importados.

La importancia de un macroproyecto que contempla tanto una mina a cielo abierto, como la posibilidad de construir un ferrocarril que conecte esa parte de Colombia con un puerto en el Océano Pacífico es indudable. No sólo se trata de un emprendimiento multimillonario, pues habría que tender unos 800 kilómetros de carrilera, entre muchas otras obras, sino que la iniciativa permitiría expandir, en forma decidida, la frontera agrícola nacional.

 Desde hace tiempo se tiene conciencia de que las posibilidades que tiene la Orinoquia para producir alimentos a gran escala son muy buenas, pero la falta de infraestructura para sacar lo que se cultive al mercado nacional o foráneo es un gran cuello de botella. Al respecto, los escépticos dirán que una propuesta como la descrita es imposible.

Opiniones como esa se escucharon en Brasil, en su momento, cuando hace unas tres décadas se decidió la construcción de la línea que conecta al Carajas con el puerto Ponta da Madeira, en una longitud de 892 kilómetros, que permite transportar 250.000 toneladas de mineral de hierro al día. Por lo tanto, no estaría de más dedicarle recursos a una idea que serviría, literalmente, para impulsar dos locomotoras: la agrícola y la minera.

Dentro de esa línea de pensamiento, también vale la pena impulsar el carbón metalúrgico. Este es un combustible indispensable para la producción de acero, a través de altos hornos, que aportan dos terceras partes de la oferta mundial. Pero lo más interesante es que el precio de dicho elemento es sustancialmente más alto que el del carbón térmico, que es el que se produce en el Cesar y La Guajira, y que primordialmente exporta Colombia.

Teniendo en cuenta que las reservas estimadas de carbón metalúrgico ascienden a los 2.000 millones de toneladas, ubicadas en los departamentos de Cundinamarca, Boyacá y los dos Santanderes, el cálculo es que las exportaciones podrían llegar a unos 60 millones de toneladas anuales.

 Pero, una vez más, la falta de infraestructura de transporte impide que se aproveche el enorme potencial en este campo, con lo cual se hace indispensable el desarrollo de más líneas férreas con ese fin.

Mientras eso no suceda y no se constituya un esquema que integre esfuerzos públicos y privados, el país estará ignorando dos posibilidades que, entre hierro y carbón, le podrían generar unos 20.000 millones de dólares adicionales en ventas externas anuales, aparte de miles de empleos y un volumen apreciable de regalías. Dentro de las razones que explican el lento ritmo de avance, hay que resaltar la debilidad institucional que hay en el Gobierno.

Y es que las estructuras existentes son muy precarias. De un lado, se encuentra Ingeominas, que ha sido sobrepasada por la avalancha de interés en el sector. Del otro, el Ministerio de Minas necesita un refuerzo urgente para entender mejor y promover la gran minería, que incluye también al oro, el cobre y el níquel, entre otras posibilidades.

Mientras en lo que hace a petróleo hay una buena capacidad y una gran dosis de experiencia, en esta área se requiere un esfuerzo más decidido y una visión de largo plazo, que todavía brilla por su ausencia.

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