Editorial / Remesas en descenso

Desde cuando estalló en forma la crisis internacional, a finales del año pasado, los analistas han venido repitiendo hasta la saciedad que América Latina no podrá salir indemne de la destorcida.

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mayo 27 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-27

Desde cuando estalló en forma la crisis internacional, a finales del año pasado, los analistas han venido repitiendo hasta la saciedad que América Latina no podrá salir indemne de la destorcida. A pesar de que la región tuvo un buen manejo económico durante el pasado lustro y que mejoró en diversos indicadores como el nivel de reservas internacionales o el peso de la deuda pública, es evidente que el coletazo se ha sentido, y se seguirá sintiendo a través de diversos canales. Uno de ellos es las exportaciones, afectadas por la menor demanda y por la baja en los precios de las materias primas. Otro es la menor disponibilidad de capitales, tanto en forma de préstamo como inversión. Y un tercero tiene que ver con la reducción de ingresos por turismo y remesas.

Es precisamente el impacto que puede tener la reducción del dinero que envían los emigrantes a casa, el que concentra la atención de los especialistas. La razón es que el peso de dicho rubro es descomunal en Latinoamérica, tanto en términos monetarios como sociales. Así lo ha vuelto a reiterar un informe hecho público hace pocos días por el Diálogo Interamericano, con sede en Washington. Según Manuel Orozco, el autor del reporte, unos 20,2 millones de personas nacidas en el área hicieron transferencias por 69.605 millones de dólares a sus lugares de origen en el 2008.

Semejante suma ha sido la fuente de recursos más importante para la economía regional, después de lo que llega por concepto de inversión extranjera, aunque es muy probable que este año pase al primer lugar. Además, en un puñado de países, el peso de las remesas es descomunal. Por ejemplo, en Guyana asciende al 36,7 por ciento del Producto Interno Bruto, mientras que en Haití llega al 30 por ciento, en Honduras al 21,6 por ciento y en El Salvador al 18,3 por ciento. En el caso de Colombia, los 4.493 millones de dólares que fueron registrados por el Banco de la República en el 2008 equivalen a algo menos del 3 por ciento del PIB, pero arriban a cerca de 1,5 millones de hogares en todo el territorio nacional.

Así las cosas, cabe preguntarse qué impacto puede tener el aumento en la tasa de desempleo en Estados Unidos y España sobre las remesas. En dichos territorios, y en unos cuantos más, ha crecido también la presión de las autoridades en contra de la inmigración ilegal, llegando en algunos casos a una franca xenofobia, como ocurre en Italia.

De acuerdo con los cálculos de Orozco, el efecto será importante.

Por una parte las transferencias hacia América Latina tendrían una caída del 7 por ciento en el 2009, llegando a unos 64.000 millones de dólares. Por otra, cerca de un millón de hogares verán reducidos sus ingresos, como resultado directo del alza en la desocupación. La investigación mencionada sostiene que menos de la mitad de quienes pierdan sus trabajos podrán mantener sus giros, mientras que una cuarta parte de los que siguen empleados planean reducir la cantidad enviada.

A primera vista, dicha contracción parece manejable. No obstante, en casos específicos de Estados ubicados en Centroamérica y el Caribe, el impacto será considerable, sobre todo si a ese declive se le suma a un clima general muy malo. Por otra parte, existe la percepción de que los más afectados serán los emigrantes con menores niveles relativos de educación y particularmente aquellos que dependían de la industria de la construcción, hoy virtualmente paralizada en las economías más ricas.

Que el efecto de la crisis es real, es algo que ya se siente en Colombia. De acuerdo con el Banco de la República, los ingresos por remesas entre enero y abril ascendieron a 1.432 millones de dólares, 7,7 por ciento menos que en igual periodo del 2008. Si bien lo recibido en pesos puede ser mayor, pues la devaluación de la moneda frente al dólar asciende a 24 por ciento en los últimos 12 meses, todo indica que un número grande de hogares se ha quedado sin esa fuente de recursos. El documento del Diálogo Interamericano habla de 91.370 familias, una cifra considerable que muestra que detrás de las estadísticas hay angustias con rostro definido. Esa es una comprobación más de que la debacle internacional importa y que sus consecuencias se han sentido, sobre todo en las personas cuya suerte depende de la del familiar que lo arriesgó todo, con tal de buscar fortuna en otras latitudes. 

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