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Editorial / Suenan las advertencias

El FMI sostiene que la economía mundial va a mejor ritmo que lo esperado hace unos meses, pero en medio del auge los países en desarrollo tienen que saber manejar la bonanza.

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abril 21 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-21

Abril es un mes particular en Washington, por dos razones principales. La primera es el hermoso espectáculo de los cerezos en flor, tres mil árboles regalados por el Alcalde de Tokio hace cerca de un siglo y cuyo manto rosado confirma la llegada de la primavera. La segunda es el arribo de los ministros de Hacienda y los banqueros centrales de los 186 países miembros del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, algo que no tiene colorido ni valor estético, pero que sirve para tomarle el pulso al planeta.

Con ocasión de tal cita, el Fondo Monetario Internacional (FMI) viene de actualizar sus proyecciones, después de finalizada la época de la Gran Recesión, término con el que empieza a ser conocido el 2009. Para sorpresa de muchos, el diagnóstico es sorprendentemente bueno. De acuerdo con la entidad multilateral, el crecimiento del planeta debería llegar a 4,2 por ciento este año, después de una contracción de 0,6 por ciento en el periodo pasado.

Dicha dinámica debería mantenerse en el 2011, de la mano de un aumento en el comercio global y de la normalización en los flujos de capitales, superada la emergencia que tuvo al borde de colapso a algunos de los bancos más importantes.

Sin embargo, detrás de esos números se esconden realidades muy divergentes. Y es que a diferencia de otros tiempos en los que pobres y ricos compartían la misma suerte, en esta ocasión les va a ir mucho mejor a los primeros que a los segundos. Planteado de otra manera, los países más desarrollados, en donde se incubó la crisis, tendrán un comportamiento mediocre expresado por un alza de 2,3 por ciento en su Producto Interno Bruto, con lo cual no podrán recuperar todavía el terreno perdido en la tormenta reciente.

La subida en el de- sempleo a una tasa promedio de 8,4 por ciento ha golpeado la demanda, con lo cual se ha creado una especie de círculo vicioso. Si bien Estados Unidos y Canadá van un poco mejor, en Europa las cosas no están nada bien, mientras que Japón sigue a marcha lenta.

En contraste, las economías emergentes muestran la otra cara de la moneda. Para el Fondo Monetario, el PIB de las naciones que componen este grupo debería avanzar 6,3 por ciento, gracias en buena parte al vigor de China e India, pero también a la fortaleza de África y América Latina, que resistieron con daños manejables los embates del temporal. Ahora, con el auge en los precios de las materias primas y con un buen desempeño del consumo interno, el panorama se ve despejado.

Semejante asimetría crea desafíos diversos. En el mundo desarrollado, el reto es comenzar a arreglar las cuentas públicas, después de que el esfuerzo fiscal hecho para contener la avalancha llevara a un aumento descomunal en la deuda. Casos como el de Grecia, que ha tenido que entrar en un programa de ajuste para honrar sus acreencias, son el primer campanazo de alerta, pero España o Irlanda están en observación.

A su vez, los países en desarrollo tienen que saber manejar la bonanza. No sólo las cotizaciones de los productos básicos son volátiles y pueden llevar a descalabros, si no se ahorra en la época de 'vacas gordas'. También hay una gran entrada de capitales en busca de mejores retornos. Para decirlo con franqueza, es menos riesgoso hoy en día un papel de deuda latinoamericano, que el de una economía de la Europa Mediterránea.

El problema es que dichas inversiones crean también una falsa sensación de prosperidad e impulsan la apreciación de las monedas locales. Aunque bien usados, tales flujos de recursos son positivos, la nueva realidad obliga a que las autoridades respectivas estén dispuestas a usar instrumentos más sofisticados que la simple flotación de las tasas de cambio. Semejantes advertencias deberían ser escuchadas en Colombia.

Las estadísticas más recientes confirman que hay un importante crecimiento, tanto de la inversión extranjera directa como de la de portafolio, uno de los factores que ayudó a que la Bolsa de Valores local fuera una de las de mayor valorización en el planeta durante el trimestre pasado. Por otra parte, el aumento en la producción y las exportaciones de petróleo ha generado un saldo creciente y positivo en la balanza comercial.

Ese es el motivo por el cual la decisión tomada por el Banco de la República, en el sentido de comprar 20 millones de dólares diarios durante este semestre, era necesaria. La pregunta es si será suficiente.

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