Editorial / Viento a favor

Pocas señales disponibles sugieren que el panorama de la economía colombiana es mejor de lo que se pensaba y que la tasa de crecimiento estaría por encima de los conservadores pronósticos originales.

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abril 08 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-08

Transcurrida ya la primera cuarta parte del 2010, todo indica que los analistas siguen sin ponerse de acuerdo sobre el rumbo de la economía colombiana. Es claro que el año pasado fue muy mediocre, con un crecimiento de apenas el 0,4 por ciento, el más bajo de la década. Sin embargo, también ha quedado en evidencia que el ritmo en sectores clave como la industria y el comercio empezó a repuntar desde noviembre, una tendencia que al parecer se ha consolidado en los meses siguientes.

A pesar de ello, la mayoría de pronósticos todavía se mantienen. El Gobierno, por ejemplo, no ha querido variar la meta oficial de aumento del Producto Interno Bruto, que sigue en el 2,5 por ciento anual. Por su parte, el Fondo Monetario Internacional es un poco más pesimista y le apuesta más a algo cercano al 2 por ciento, mientras que el Banco de la República habla de un rango entre 2 y 4 por ciento, pero advierte que la elevada tasa de desempleo será un lastre difícil de llevar.

A la luz de semejantes cálculos, resultan llamativas las pocas señales disponibles, que sugieren que el panorama es mejor de lo que se pensaba. Así ocurrió ayer cuando la firma XM informó que la demanda de energía en marzo creció un 7,2 por ciento en abril, la tasa más alta de los últimos cuatro años. Gracias a ello, en los tres primeros meses del año el incremento fue de 5,1 por ciento, un ritmo muy saludable que merece ser mirado con más detalle.

De un lado, es destacable que en todas las regiones del país se presentó un consumo más alto y que la mayor dinámica fuera la de la región Caribe con un salto del 15,4 por ciento el mes pasado. Del otro, es indudable que la reactivación pasa por las más diversas actividades, pues la electricidad usada por el ramo manufacturero saltó 4,9 por ciento, mientras que la correspondiente a minas y canteras los hizo en 12,4 por ciento, para no hablar sino de las áreas más significativas de la muestra.

Hechos como ese hacen pensar que el aumento del PIB trimestral puede resultar muy superior al esperado. Los industriales reportan que, en promedio, su situación actual supera las expectativas de hace unos meses y gremios como la Andi planean revisar hacia arriba sus proyecciones sobre el crecimiento en las próximas semanas. Al mismo tiempo, la producción petrolera mantiene su camino ascendente, mientras que hay buenas expectativas en torno al carbón, el oro y el níquel, en un escenario de precios internacionales mucho más favorable que el de hace 12 meses.

También las expectativas de empresarios y consumidores van al alza, un hecho que se ha sentido en los recaudos impuestos que siguen superando al presupuesto. Igualmente, en el frente externo, el panorama está más despejado. Según el Dane, las exportaciones ascendieron a 5.789 millones de dólares en el primer bimestre, lo cual representa un salto del 19 por ciento con respecto a igual periodo del 2009.

Es cierto que dicho comportamiento esconde dos realidades disímiles, pues buena parte de lo sucedido tuvo que ver con las ventas de hidrocarburos cuyo salto fue de 149 por ciento, mientras el ramo de las no tradicionales se contrajo en 15 por ciento. Pero en dicho retroceso hay que tener en cuenta el enorme impacto del bloqueo comercial venezolano, pues el valor de lo despachado al otro lado de la frontera pasó de 905 a 227 millones de dólares entre un año y otro. De tal manera, si en esa cuenta se excluye el país vecino, el incremento ha sido del 20 por ciento.

Ante esas circunstancias, es de esperar que la realidad sea más benigna de lo que parecía. Lo anterior no quiere decir que el porvenir esté despejado del todo, ni que las dificultades recientes hayan sido olvidadas. Pero con un entorno un poco más holgado es posible confiar en que la rueda del círculo virtuoso gire un poco más rápido y que, en lo posible, la tasa de desempleo deje de aumentar, como de hecho lo hizo en la medición de febrero.

La confirmación de tales percepciones le debería ayudar al próximo gobierno a tener un margen de maniobra más amplio, cuando asuma el poder el próximo 7 de agosto. Falta, claro, que las cifras confirmen que las cosas estén mejorando, pero todo indica que el viento a favor empieza a soplar ahora con más fuerza.

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