Educación financiera: una tarea de todos

Educación financiera: una tarea de todos

Finanzas
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marzo 25 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-25

Múltiples estudios internacionales evidencian la importancia de que la población tenga una debida capacidad financiera, entendida ésta como una combinación de conocimientos, competencias y habilidades. Ese talento facilita a los individuos adoptar decisiones informadas sobre su futuro. La educación financiera no sólo facilita el acceso y uso correcto de los productos de ahorro, crédito, seguros e inversión. Es, además, una herramienta para que la población enfrente la mayor complejidad e innovación de los mercados financieros y evite esquemas fraudulentos que atentan contra el bienestar y estabilidad de la economía. UN RETO COMÚN A pesar del enorme esfuerzo de los gobiernos y del sector privado, en la mayoría de países los recursos dirigidos a la educación financiera son escasos, la cobertura es limitada y no hay suficiente conciencia sobre el elevado costo que implica la desinformación de la población sobre este tema. En Canadá, sólo el 18 por ciento de los habitantes indaga sobre la rentabilidad y el riesgo de las alternativas de inversión. Alrededor del 40 por ciento de la población en Nueva Zelanda, Holanda, Italia, Alemania, Rusia y Estados Unidos desconocen el concepto de inflación, tasa de interés compuesta y riesgo. En Perú el 45 por ciento de la población entre los 25 y 55 años jamás ha pensando en cómo financiar su vejez y el 48 por ciento desconoce las características principales del sistema de pensiones. En Estados Unidos el 42 por ciento se considera altamente adverso al riesgo, pero desconoce el concepto de diversificación. En los últimos años varios países como Inglaterra, Nueva Zelanda, Brasil, Perú y México han adoptado estrategias nacionales de educación formal e informal para desarrollar habilidades financieras y económicas en la población. Las acciones cubren todas las edades y niveles de ingreso. Se han diseñado módulos especializados para la educación primaria y secundaria, páginas web, museos interactivos, concursos de conocimiento e investigación, e incluso programas radiales, tiras cómicas, blogs y grupos en redes sociales. EL CASO DE COLOMBIA Colombia carece de estadísticas sobre el nivel de educación financiera de su población. Sin embargo, la penetración de servicios financieros informales y de vehículos de captación ilegales, indica que hay un alto grado de desinformación en esta materia. Si bien ha habido un avance importante en bancarización (de acuerdo con Asobancaria, alrededor del 57 por ciento de la población adulta tiene acceso al menos a un producto financiero de la banca formal), las pirámides captaron más de $4 billones y afectaron a más de 300.000 personas. Un estudio de USAID en el 2008, mostró que el 79 por ciento de la población en estratos 1, 2 y 3 ha obtenido alguna vez un crédito informal y el 50 por ciento ahorra en esquemas informales como las cadenas o mediante la compra de activos de fácil realización. Varias instituciones vienen haciendo esfuerzos para mejorar la educación financiera de los colombianos. Recogiendo parte de la experiencia internacional, por ejemplo, el Autorregulador del Mercado de Valores de Colombia (AMV) diseñó el Programa de Educación al Inversionista (PEI) mediante el cual se ofrece información objetiva sobre los beneficios y riesgos de las alternativas de inversión, los deberes de los intermediarios y los derechos de los inversionistas. Hemos entregado cerca de 8.000 cartillas en foros institucionales y asambleas de accionistas. Este año iniciamos un ciclo de 40 charlas gratuitas en 9 ciudades del país, mediante las cuales se espera capacitar a más de 1.300 inversionistas actuales y potenciales. En alianza con la Bolsa de Valores de Colombia, lanzamos el concurso Arquitectos del Mercado de Capitales para fomentar que los universitarios investiguen más el mercado de valores. En abril pasado promovimos la creación del Grupo de Trabajo para la Educación Financiera y Económica (Gefe) en el que hoy participan 13 entidades entre autoridades y gremios financieros. Este espacio ha permitido fortalecer una red de educación financiera, compartir experiencias e identificar sinergias para ampliar la cobertura de los más de 20 programas de alfabetización financiera que vienen impulsando estas entidades desde hace varios años. PASOS NECESARIOS Así como lo hace AMV, hay esfuerzos de otras entidades. Pero hay que reconocer que el impacto de esos avances es limitado y que conviene potencializarlos. Un reciente taller de educación financiera organizado por Fogafín dejó en claro la importancia de adoptar una estrategia nacional de educación financiera, siguiendo las experiencias exitosas de Inglaterra, Irlanda y Brasil. Estos países se han preocupado por medir el nivel de capacidad financiera de la población a través de encuestas especializadas, y ello les ha permitido coordinar de forma efectiva las iniciativas públicas y privadas, promover mejores prácticas y evitar duplicidad. La reciente reforma financiera le entregó a las entidades bancarias una responsabilidad importante en materia de protección y educación al consumidor. Con el paso de fondos de pensiones y cesantías a esquemas de ‘multifondos’, los ciudadanos tenemos ahora una gran responsabilidad para definir el riesgo que estamos dispuestos a asumir en nuestros portafolios de inversión. Sin embargo, fortalecer la capacidad financiera de las familias no es una responsabilidad exclusivamente individual o de la industria financiera. Es una tarea que debe ser liderada por Gobierno Nacional, el cual debe promulgar una política pública en materia de educación financiera. Esta fue la conclusión básica del taller organizado por Fogafín. Ojalá las tareas que se deben adelantar se emprendan con prontitud y debido liderazgo público. CARLOS ALBERTO SANDOVAL. Presidente Autorregulador del Mercado de ValoresANDRUI