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Educación para la prosperidad

Fedesarrollo cumplió 35 años de fructífera existencia y para celebrar la efemérides llevó a cabo un seminario al que título “Hacia un consenso para la prosperidad de Colombia”. Con la mira puesta en el futuro y el propósito de identificar los factores que orienten de mejor manera el desarrollo económico y social de la Nación, seleccionó varios temas que pueden convertirse en la agenda básica para alcanzar el esquivo bienestar.

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mayo 11 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-11

Entre los temas tratados, por la importancia y por las implicaciones que tiene para el porvenir, me llamó la atención el trabajo presentado por Felipe Barrera sobre educación. Aunque para algunas personas es una especie de lugar común repicar sobre la trascendencia que destaca la educación en la prosperidad, en especial por tratarse del instrumento fundamental para la reducción de la pobreza y la inequidad, el atraso relativo en que se encuentra el país en esta materia obliga a insistir sobre este aspecto. Entre otras razones, además, porque tal como lo anota Barrera: “El país tiene que cumplir cuatro retos fundamentales de manera simultánea: aumentar el preescolar y la secundaria, mejorar la calidad de la educación básica y ampliar significativamente la educación terciaria”. Pero hay algo más. En el contexto de las acciones de política, es necesario tener en cuenta la advertencia de que una intervención temprana en educación puede ser crítica en la futura historia educativa y laboral de los individuos y para eso es necesario tener muy bien establecidos los obstáculos, que expresados de manera sucinta son: en el nivel preescolar, el más crítico es la carencia de infraestructura para atender las necesidades. Aunque pueda parecer extraño, para los niños de edades inferiores a cinco años hay problemas de disponibilidad de espacio físico; y en el nivel secundario, la demanda parece ser la causa de dificultad más notoria. Dada la importancia crítica de la educación en el desarrollo del país, una mención de las cifras sobre el acervo de este servicio en las zonas urbana y rural puede ser útil. De acuerdo con las estadísticas, el panorama entre 1996 y 2004 es malo para el sector rural. A pesar de la disminución de algunos porcentajes, mientras el número de personas habitantes de las zonas urbanas que no tenían educación primaria llegaba a un acusador 29,53 por ciento en 2004 -viene de un 34,69 por ciento en el 96- los localizados en la zona rural alcanzaba la estrambótica cifra de 55,49 por ciento. En el caso de la secundaria, las magnitudes pueden resultar engañosas si se analizan desprevenidamente. Por las dificultades de la primaria, un 25,42 por ciento de las personas localizadas en el sector rural no tenía formación en este campo; lo cual confirma el problema de demanda anotado antes. A su turno, el porcentaje de los residentes en las zonas urbanas representaba en 2004 el 43,45 por ciento de la población, cifra que, por supuesto, también corrobora el argumento de la demanda, puesto que en 1996 alcanzaba a ser 44,87 por ciento. En cuanto al gasto público social, los guarismos son interesantes: el destinado a la educación representó en el 2003 el 34 por ciento del total (incluye, salud, servicios públicos, alimentación escolar, subsidio familiar, capacitación, vivienda y pensiones) y en relación con el PIB, el 3,41 por ciento (1,46 por ciento primaria, 1,13 por ciento secundaria y 0,82 por ciento, superior). Ahora; si se compara con las cifras de pensiones -renglón menos redistributivo que el de educación- 34,60 por ciento del gasto social y 3,47 por ciento del PIB, se comprueba cuan lejos está el país de estar atendiendo de manera eficaz los desafíos que entraña la educación, a pesar de que los retornos monetarios son importantes. La educación es un buen negocio para la sociedad. Ex ministro de Agricultura "De acuerdo con las estadísticas, el panorama entre 1996 y 2004 es malo para el sector rural”.

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