Educadas, pero con pocas oportunidades

Si bien es cierto que desde los años 80 la brecha en acceso a la educación entre hombres y mujeres se ha venido cerrando y la conclusión es que no hay inequidad en este aspecto, no es suficiente, de acuerdo con la investigadora Lya Janeth Fuentes, socióloga y politóloga del Instituto de Estudios Sociales de la Universidad Central.

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noviembre 24 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-24

La autora de un estudio sobre la equidad en la educación en Colombia, concluye que hay que ir más allá: “el problema no es el ingreso al colegio o la universidad de las mujeres sino cuando salen a buscar trabajo. Desde hace por lo menos dos décadas, las mujeres presentan indicadores de acceso y resultados iguales o aún superiores a los de los hombres; en consecuencia, se considera que no hay inequidad de género en el sistema educativo y se asume, de manera errada, que el acceso al sistema escolar es suficiente, ya que por sí mismo, garantiza tanto la igualdad de oportunidades como la redistribución. El resultado es que la concepción de equidad que ha orientado las políticas y las prioridades establecidas reducen las diferencias de género a un problema de acceso al sistema, ignorando el sexismo y la discriminación que aún predominan en todos los niveles de la educación”, afirma. Y añade que desde temprana edad, a las niñas se les dice que no sirven para las matemáticas y se les empiezan a inculcar otros roles. O si no, hay que ver los ejemplos de liderazgo a seguir que se les muestran a los estudiantes de gerencia estratégica, por citar un caso, la mayoría, sin duda, hombres. LAS CONSECUENCIAS Estudios de la Cepal y la Organización Internacional del Trabajo constatan que durante las dos últimas décadas, ha sido significativo el aumento de la participación femenina en el mercado laboral en América Latina, de acuerdo con un informe de la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer. Entre las causas que podrían explicar esta participación están la crisis económica que han enfrentado los países y sus consecuentes bajas de ingresos en los hogares; los cambios en la estructura familiar y el incremento de las madres jefe de hogar; el mayor acceso de las mujeres al sistema educativo, así como las opciones de autonomía económica asumidas por las mujeres. Esos factores les han permitido a las mujeres generar sus propios ingresos y potenciar su desarrollo y autonomía, aunque no de manera homogénea. “El ingreso masivo de la población femenina al mercado laboral no se ha visto reflejado en el establecimiento de relaciones laborales equitativas entre hombres y mujeres, ni en la igualdad de oportunidades. Esto lo constatan los indicadores del Observatorio de Asuntos de Género en el eje temático Empleo y Desarrollo Empresarial, para los que se tomó como referencia el período 2001 - 2004. Sobre este aspecto, es importante destacar que dentro de la población femenina también se presentan diferencias socioeconómicas. “La participación laboral de las mujeres de un estrato inferior es limitada, por la influencia de patrones culturales que llevan a las mujeres a permanecer en el hogar; a la falta de disponibilidad, por ocupar la mayor parte de su tiempo en actividades de tipo doméstico y a la escasez de oportunidades laborales. LAS LEYES A FAVOR DE LAS MUJERES. *Maternidad: existen casos, como el de la mujer embarazada en donde el derecho al trabajo es preferente, igual que el derecho a gozar de licencia de maternidad y a tener un tiempo de descanso durante la jornada laboral en el período de lactancia. (Artículos 236 a 245 del Código Sustantivo del Trabajo). *Ley 82 de 1993. Establece para mujeres cabeza de familia su ingreso a la seguridad social, textos escolares para los menores, el derecho a la educación y la salud. *Ley de cuotas. Reglamenta la adecuada y efectiva participación de las mujeres en un mínimo del 30 por ciento de los cargos públicos de libre nombramiento y remoción del máximo nivel decisorio. (Ley 581 de 2000).

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