EE.UU. combina el poder 'blando' con el militar

Washington acude a los contratistas de defensa para promover estabilidad política en países de alto riesgo

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marzo 26 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-26

Lockheed Martin Corp. se convirtió en el contratista de defensa número uno de Estados Unidos a través de la venta de armamento sofisticado como el avión de combate F-35 Joint Strike Fighter.

Su última contribución al arsenal estadounidense: la capacitación de fiscales en el Ministerio de Justicia de Liberia.

El gobierno estadounidense ha contratado a Lockheed Martin para poner a prueba un principio cada vez más extendido de su política de seguridad. Conocido como "poder inteligente", mezcla el poderío militar con operaciones destinadas a crear una fuerte identidad nacional, con la esperanza de mejorar la estabilidad política y la influencia estadounidense en rincones del mundo como Liberia.

Washington teme que las naciones afectadas por la pobreza y las pugnas políticas provoquen conflictos regionales y fomenten las organizaciones terroristas. El secretario de Defensa de EE.UU., Robert Gates, dice que el problema que plantean los estados fallidos "es de muchas formas el desafío ideológico y de seguridad de nuestra era".

El Pentágono y el Departamento de Estado acuden ahora a los contratistas de defensa para desarrollar maneras de desactivar potenciales crisis, con programas tan simples como la asesoría de abogados o clases de reparación de autos. La secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, ha abogado por iniciativas de poder inteligente en el extranjero. En un discurso hace unas semanas, el oficial de más alto rango en el Pentágono, almirante Mike Mullen, habló sobre la necesidad de usar más iniciativas civiles ¿el llamado "poder blando"¿ en el extranjero, en lugar de tan sólo el poderío militar.

Las firmas de defensa están ansiosas de ayudar. "La definición de seguridad global está cambiando", afirma el presidente de Lockheed Martin, Robert Stevens. El ejecutivo quiere que el fabricante de los aviones de combate más avanzados de la Fuerza Aérea se convierta en un factor clave en la campaña estadounidense para usar medios económicos y políticos para alinear a países con los intereses estratégicos de Washington.

Lockheed es uno de los fabricantes de equipos militares que espera participar en la licitación de un contrato del Departamento de Estado para apoyar "programas internacionales de desarrollo en el sector del derecho penal", cuyo valor podría alcanzar los US$30.000 millones para un período de cinco años.

Northrop Grumman Co., el tercer mayor contratista de defensa de EE.UU. después de Lockheed y Boeing, ha entrenado a soldados senegaleses en misiones de paz sobre los aspectos legales de los derechos humanos. Otro gigante del sector, BAE Systems Inc., ha proporcionado antropólogos para que acompañen a soldados estadounidenses en Irak y Afganistán y los ayuden a entender las culturas locales. BAE dice que está buscando más contratos "de poder inteligente" en África, el continente adonde se dirige la mayoría de estos programas.

Hay quienes se cuestionan si los grandes contratistas militares son los adecuados para llevar a cabo este tipo de programas. Sam Rosenfeld, un ex oficial británico que entrenó a soldados en Sierra Leona y en la actualidad es presidente de la junta directiva de la consultora de defensa Densus Group, afirma que es difícil de determinar si los grandes fabricantes de armamento están creando programas duraderos o simplemente entrenando a sus reclutas.

Las firmas de defensa están ingresando en un área que solía ser el dominio de firmas más pequeñas y de organizaciones no gubernamentales, no de gigantes corporativos que responden ante los accionistas. Recientemente, las firmas de defensa han comenzado a invertir en esta dirección. En enero, DynCorp International Inc. compró Casals & Associates Inc., una firma especializada en fomentar los sistemas jurídicos y de salud pública en países en desarrollo. La adquisición "fortalece nuestra alineación con el énfasis del gobierno de Barack Obama en el uso del 'poder inteligente' para los desafíos globales", dijo el presidente ejecutivo de DynCorp, William Ballhaus, al anunciar el acuerdo.

En 2008, el contratista de servicios y tecnología militar L-3 Communications Holdings Inc. adquirió International Resources Group Ltd., compañía que trabaja en proyectos de desarrollo económico, de energía y otros en decenas de países.

Los principios económicos y políticos del poder inteligente son en muchos aspectos una extensión moderna de antiguas iniciativas estadounidenses en el extranjero como el Plan Marshall, que ayudó a reconstruir Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

África ¿donde hay pocos soldados estadounidenses acuartelados¿ es un foco central. Muchos países del continente ya son, o corren el riesgo de ser, estados fallidos. Si bien antes no se les consideraba una amenaza para EE.UU., esta posición está cambiando. El nexo del terrorismo y de la piratería en Somalia es un ejemplo de cómo los países inestables pueden ser un reducto para Al Qaeda y otros grupos terroristas.

El ejército estadounidense está muy ocupado en Irak y Afganistán, así que el Pentágono está deseoso de enviar firmas de defensa para llenar los huecos, con la esperanza de que la inversión hoy en día de millones de dólares en programas de entrenamiento y asesoría pueda evitar una calamidad regional que podría costar miles de millones de dólares en el futuro.

Liberia es una prueba de fuego para determinar si Lockheed está capacitada para este nuevo rol de los contratistas de defensa. El país africano emergió en 2003 de dos décadas de intermitente guerra civil. Fue entonces cuando PAE, una subsidiaria de Lockheed, así como DynCorp, empezaron a reconstruir las fuerzas militares de ese país a nombre del gobierno estadounidense. Su presidenta, Ellen Johnson Sirleaf, ha estado fomentando una relación con EE.UU. desde que asumió el cargo en 2006.

Desde ese año, especialistas contratados por Lockheed han asesorado a fiscales liberianos como parte de un proyecto para mejorar el sistema judicial del país, y también han ayudado a crear un equipo de defensores públicos.

A pesar de que los contratos de Lockheed con las fuerzas armadas de Liberia están menguando, su implicación en el país africano está evolucionando.

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