El efecto Bin Laden

La muerte de Osama bin Laden en las goteras de Islamabad, en una enorme residencia muy fácil de identificar, al lado de una instalación militar y en donde supuestamente este rey del terrorismo, llevaba varios meses, tiene todo tipo de repercusiones e interpretaciones.

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mayo 05 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-05-05

En primer lugar, el alivio que produjo su muerte a los relacionados con las víctimas del 11 de septiembre y a quienes vivían atemorizados por la amenaza de este demente. Segundo, al Gobierno de EE. UU., que ha gastado enormes cantidades de recursos en su persecución, llegando hasta la invasión de Afganistán y su necesidad imperiosa de demostrar que "quien se las hace la paga". Para el presidente Obama, no pudo llegar en mejor momento dentro de la campaña presidencial que recién se inicia. Que haya sido un golpe demoledor frente al terrorismo islámico o yihadismo, no es tan claro. La cúpula de Al Qaeda, desde los sucesos del 2001, y en buena medida gracias a la enorme presión que se ha puesto en ella, había pasado a ser más un símbolo y un factor de propaganda que una verdadera dirección operacional capaz de organizar complejos ataques como el de las Torres Gemelas. De otra parte, el yihadismo en sus diferentes versiones se ha regionalizado y actúa sobre una base cada vez más local siendo las verdaderas células con capacidad táctica. La misma cúpula, antes de la muerte de Bin Laden había recibido serios golpes como la muerte de Abdullah Azzam y Abu Musab al-Zarqawi, más otros en prisión. Sin embargo, continúa vivo quien se dice es mucho más peligroso y fanático que Bin Laden, Ayman al-Zawahiri, quien sería desde hace mucho tiempo el verdadero poder en la cúpula. El fanatismo islámico y su debilidad por los mártires sin lugar a dudas se apoyará en la muerte de este terrorista, y no debe descartarse, de ninguna manera, la realización de actos terroristas locales, pero sin la proyección y complejidad de ataques como el de Nueva York, para lo que se necesita una cúpula organizada, actuante y con recursos, que era lo que proveía Bin Laden. Por ello, hay que mantener la presión en los que quedan en ella para evitar que su capacidad de organización y planeación se reactive. Finalmente, está el asunto de Paquistán, cuyas autoridades al parecer no fueron un factor en la operación y por el contrario en sus propias narices Bin Laden habría estado quién sabe desde hace cuánto tiempo, mientras las fuerzas americanas, durante 10 años, se desgastaban destruyendo cuevas, montañas y villorrios en las regiones más inhóspitas y apartadas. La vieja sospecha del papel de ese país frente al terrorismo islámico, ya sea por complicidad religiosa y cultural o por temor, debe aclararse y producir consecuencias drásticas. De lo contrario, seguirán siendo un refugio y soporte para un terrorismo que no desaparecerá con esta baja. alberto.schlesinger@usa.edu.co HELGON

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