El efecto Íngrid

El efecto Íngrid

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julio 03 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-03

La situación económica se está poniendo vertiginosa. Hace un par de días estábamos lamentándonos por la desaceleración de la economía y ahora estamos preocupados por la aceleración de la inflación. Como si eso fuera poco, a comienzos de la semana analizábamos los costos que podría generar el enfrentamiento entre el presidente Uribe y la Corte Suprema de Justicia, y hoy estamos tratando de dimensionar el empujón económico que representa la estupenda noticia de la liberación de Íngrid Betancourt y los otros 14 secuestrados que estaban en manos de las Farc.

¿Qué significa todo esto para la economía? Empecemos por la desaceleración, que ha sorprendido a más de uno: el crecimiento de 4,1 por ciento en el primer trimestre de este año constituye menos de la mitad del 9,1 por ciento registrado en el mismo lapso del 2007. Aunque está claro que los dos períodos no son estrictamente comparables (porque este año la Semana Santa cayó en el primer trimestre, mientras en el 2007 se celebró en el segundo), la desaceleración es mucho mayor que lo que todos pensaban.

Lo más preocupante de la desaceleración es su naturaleza. El principal motor del crecimiento en el primer trimestre fueron las exportaciones, pero por un motivo que poco tiene que ver con el dinamismo productivo: los precios internacionales. El valor de las exportaciones tradicionales creció 63 por ciento en el período, pero su volumen cayó casi 4 por ciento. Por su parte, las exportaciones no tradicionales crecieron 22 por ciento en valor, pero solo 3 por ciento en volumen. Y mientras tanto, los motores domésticos están de capa caída: el crecimiento del consumo bajó del 5,6 por ciento que había alcanzado en el 2007 a 3,9 por ciento en el primer trimestre de este año, mientras el dinamismo de la inversión se redujo de 27,2 por ciento a 10,3 por ciento.

La desaceleración del consumo y la inversión evidencia el impacto que están teniendo las altas tasas de interés sobre la actividad económica. Lo más preocupante es que los precios se están acelerando, a pesar de que este frenazo debería haber conjurado las preocupaciones inflacionarias. El hecho de que apenas vayamos en la mitad del año y la inflación acumulada desde enero ya supere el 6 por ciento debe tener a la junta del Banco de la República pensando que hay que aumentar más las tasas de interés. ¿Pero cómo tomar esa decisión ante semejante desaceleración del consumo y la inversión?

En este complejo panorama nos llega el rescate de los secuestrados, con sus ventajas y sus desafíos. Este triunfo representa tanto para el futuro de la seguridad colombiana que sin duda hará más atractivo al país para la inversión extranjera, lo que ayudará a moderar la desaceleración de la demanda y de la actividad económica. Pero ese mayor dinamismo de la inversión multiplicará los retos para el Banco de la República, al generar mayores presiones sobre la inflación y la revaluación. En pocas palabras, el golpe a las Farc tiene todo lo bueno y lo malo de cualquier bonanza externa.

Para que el admirable rescate de los secuestrados tenga un efecto positivo sobre la economía es necesario, ahora más que nunca, que el Gobierno haga un gran ajuste fiscal. Un recorte en el gasto público reduce las necesidades de financiación del Gobierno, lo que implica un menor endeudamiento interno y externo, y una reducción de las presiones inflacionarias. Así se abriría el espacio necesario para que la inversión aumente sin problemas y podamos disfrutar esta excelente noticia en toda su dimensión.

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