Efectos de los impuestos

Como poco o nada se dice en el momento de establecer los impuestos sobre los denominados efectos, luce conveniente, ahora que se está analizando una nueva reforma tributaria, hacer algunas acotaciones sobre este particular.

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agosto 30 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-30

La pregunta más importante a que debe darse respuesta para determinar los efectos de los impuestos es: ¿quién los paga realmente? Esta pregunta puede parecer innecesaria o por lo menos de obvia contestación. Podría creerse que basta consultar las leyes tributarias para averiguar quién paga el impuesto. El supuesto es que la norma define al sujeto pasivo y por tanto al responsable de su pago. La cuestión no es tan fácil, ni es aceptable la simplicidad del planteamiento. La verdad es que en una economía de mercado, la ley no precisa quién termina pagando el tributo. El aspecto legal del pago es sólo el punto de partida, pues el sujeto legal puede tratar de hacer que otro lo pague y tener éxito. Generalmente ésta no es una violación de la ley, sino que cae en un campo que no toca. La disposición puede obligar a un vendedor a que sume el impuesto al monto de la compra, pero no le puede impedir que varíe al mismo tiempo el precio de los artículos. Así las cosas, al tratar de establecer quién paga los impuestos se debe hacer una distinción entre el impacto, la traslación y la incidencia. El impacto es el punto donde la ley impone la exacción. Por ejemplo, el impacto sobre los ingresos de las sociedades es sobre la sociedad misma. El impuesto sobre las ventas al detal es sobre el vendedor aún cuando invariablemente agregue el impuesto al precio que paga el consumidor. El único criterio certero para la determinación del impacto debe encontrarse en la ley fiscal misma. La traslación de un impuesto es el proceso por medio del cual se fuerza a otra persona a pagarlo. Aunque algunos no lo crean este fenómeno ocurre, siendo más frecuente de lo que se piensa. El trabajador que procura un aumento de salario para compensar el impuesto sobre los ingresos, trata de transferir el gravamen a su patrono. Este, a su vez, puede aumentar el precio de la mercancía y trasladar el importe del impuesto al consumidor -esto pasa muy a menudo-, que puede ser el trabajador mismo. El impuesto puede ser trasladado en parte, en su totalidad o no ser trasladado y puede tomar varias formas; es el caso, por ejemplo, de la distinción basada en la dirección y que se denomina protraslación (hacia delante) y retrotraslación (hacia atrás). La posibilidad de que el caso se dé, tiene que verse desde la perspectiva de cambios en los precios de los bienes o servicios. Pasará lo primero, cuando se cobra más por el bien; a tiempo que se configura lo segundo cuando se paga menos. A manera de ilustración valga anotar el caso de un fabricante sujeto del impuesto que obliga a que se le vendan más baratas las materias primas que él compra. Dado que el tema es complejo, algunos economistas afirman que como el grado de traslación de un impuesto no puede ser medido, no hay nada útil que se pueda decir acerca de este problema. Esa actitud es insostenible. En la medida en que podamos hablar de ‘más o menos’, en períodos cortos o largos habremos contribuido en algo, aunque no sea tanto como deseáramos. El problema no es si se puede establecer un criterio exacto, sino más bien si puede reducirse la probabilidad de cometer errores graves. Por eso el tema debe hacer parte de la discusión y analizarlo con cuidado. Ex ministro de Agricultura "En una economía de mercado, la ley no precisa quién termina pagando el tributo”.

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