Eliminar los estereotipos

Invitamos a revisar las múltiples formas en las que hemos asumido como naturales los papeles de género.

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septiembre 08 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-09-08

Tanto la educación como las relaciones cotidianas a nivel familiar y laboral mantienen implícita y explícitamente que lo que hacen hombres y mujeres es natural y por ende inmodificable. La profesora catalana Marina Subirats, doctora en Filosofía, catedrática en sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona e investigadora en el ICE (Instituto de Ciencias de la Educación) de la misma universidad, estuvo como invitada especial de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes y en su visita, dada su experiencia como directora del Instituto de la Mujer de España y concejala de educación del ayuntamiento de Barcelona, planteó diferentes tesis respecto al comportamiento y las conductas según el género. De acuerdo con la profesora Subirats, si logramos revisar la forma como estamos siendo educados uno y otro género podremos cambiar las relaciones entre los mismos, y evitar la construcción de relaciones y acciones violentas. Sin embargo, esta no es una tarea fácil, pues la mayoría de nosotros cree que esos roles "venían con el paquete" y por ende son inmutables. Asumimos que las niñas por naturaleza son suaves y dulces, y los niños, por el contrario, bruscos y fuertes. La propuesta es que podamos encontrarnos de igual a igual para poder escoger nuestra identidad, en lugar de hacerlo a partir de un guión preestablecido que conlleva toda suerte de desigualdades. Esto requiere cuestionar el supuesto que el uno domina, para lo cual se le permite (y exige) que acuda a cualquier medio para lograrlo, y la otra se somete, y en el ejercicio de su sumisión acude a la manipulación y al manejo sutil de la seducción, como expresiones 'naturales' de su papel. A partir de estos estereotipos se define que los hombres dominan y que las mujeres se someten. De forma tal que cuando una mujer expresa su opinión o ejerce su autonomía se tiende a calificarla negativamente: es una bruja o está histérica. Adicionalmente, el costo de su autonomía puede ser muy grande, porque al poder ser y ejercer su independencia pierde la posibilidad de ser "mantenida", razón por la cual algunas prefieren la sumisión. Por su parte, el hombre que busca la conciliación o invita a la participación es descalificado por falta de carácter, y si comparte responsabilidades y obligaciones se le considera poco hombre. Están tan incrustados estos estereotipos en nuestra forma de ver y actuar en la vida, que no nos damos cuenta de que cuando un hombre ejerce la violencia se cree que es porque ¡es hombre!, ¡como si fuera natural al hombre comportarse de manera violenta!, y se busca entonces que aprenda a controlarse y a expresar la rabia de formas aceptadas socialmente. Pero como la fuerza y la violencia generan temor, se van imponiendo como formas de control, lo cual hace difícil modificar todas las relaciones sociales que de allí se desprenden. La profesora Subirats identifica la manera en que desde el colegio se van reforzando todas estas conductas y actitudes en niños y niñas, de forma tal que ya de adultos es más difícil modificarlas. Así, propone una socialización que favorezca las relaciones igualitarias, por encima de los papeles de género, para que no estén guiadas por el uso del poder y el control. Esto requiere una formación para la autonomía de uno y otra: la mujer para que la pueda asumir y el hombre para que revise el ejercicio de la autonomía a través del predominio de su poder. Se requiere que se definan nuevas formas de ser hombre. Las mujeres ya han venido revisando sus papeles de género y han ido encontrando nuevas formas de ser mujer. Se trata ahora de incluir a los hombres en el cambio, a los violentos y a los no violentos, a los machistas y a los no machistas para que todos, en trabajo conjunto con las mujeres, puedan aprender a ser, sin ser dominadores o exigir la sumisión. La educación mixta tiene partidarios y críticos. En Colombia, las instituciones coeducativas han aumentado en los últimos 50 años y la educación mixta ha crecido considerablemente. Sin embargo, todavía hay mucha oferta de colegios de un sólo sexo y la discusión al respecto está a la orden del día. Ha crecido igualmente la tasa femenina de ingreso a la universidad y han cambiado las carreras de preferencia. Según algunos estudios, en los últimos años ha aumentado el número mujeres que estudian ingeniería, economía y administración, y hay un mayor número de hombres que estudian arte y educación. La invitación, a la luz de los planteamientos sobre dominancia y sumisión es que se dé el mayor número de oportunidades a niños y niñas de asumir un papel de género que les permita expresarse sin la imposición del estereotipo que mantiene la antinomia.HELGON

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