El Emisor endurece su postura

Las enormes presiones del gobierno y de los gremios han intentado vanamente doblegar a la Junta Directiva del Banco de la República.

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julio 30 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-30

El 25 de julio tomó la necesaria y valiente decisión de expresar contundentemente que está dispuesta a actuar contra la inflación, que es su mandato constitucional más importante. La reacción no se hizo esperar. El presidente declaró: “está bien la preocupación por la inflación, pero qué miedo no oír al pueblo colombiano y, entonces, paralizar el consumo, paralizar la oferta, paralizar el crecimiento, aumentar el desempleo, volver a aumentar la pobreza que venía disminuyendo y, finalmente, por contracción en la oferta productiva, echarle más gasolina a la inflación”. Ahora resulta que las decisiones técnicas deben ser consultadas con el pueblo. Y la lógica que usa el Presidente, si se puede catalogar como tal, es la polarización: un aumento de un cuarto de punto en la tasa de interés va a causar una hecatombe económica. La curiosa teoría económica que dice que aumentar la tasa de interés produce más inflación se la hemos oído al presidente de la SAC, Rafael Mejía, gremio que considera que se le debe estar subsidiando el crédito y los insumos, y protegerlo de la competencia externa para embolsillarse la inflación de alimentos. Y es esta precisamente la que más ha subido, con lo cual ha contraído el ingreso del agobiado pueblo, deteriorando la demanda sobre el resto de bienes y servicios. Desde hace tiempos, algunos economistas hemos venido advirtiendo que si no se reduce la protección que detentan agricultores y ganaderos, un auge de la demanda va a ser ahogado por el alza de precios a favor de ellos que es precisamente lo que ocurrió. Pero ante esa traba mayor, el gobierno ha continuado actuando a favor del gremio agropecuario, atizando de paso la inflación. También hemos insistido en que el Gobierno contribuyó el año pasado a sobrecargar la demanda con su gasto excesivo, que a la vez trajo dólares para financiar su enorme déficit. Así que hizo dos cosas mal hechas: aumentó la presión inflacionaria y causó más revaluación, que con una política de ajuste verdadera. Al fin concedió que eso era cierto, pero pasó a hacer un recorte de solo 1 por ciento del presupuesto del gobierno central (0,25 por ciento del Producto Interno Bruto) o sea una cosquillita, cuando se requería un ajuste de 2 puntos del PIB. Frente a la revaluación el gobierno no hizo lo que tenía que hacer pero procedió a hacer otra cosa mal hecha: presionar al Emisor para que comprara dólares con lo cual se obscurecía su postura, al hacer expansión monetaria que podía causar inflación, si no se neutralizaba con medidas contractivas. Estas también las tomó el Banco, recargando el encaje promedio en 2 por ciento que reduce la cantidad de crédito que el sistema financiero puede ofrecer a sus clientes. No sé qué puede producir un aumento mayor de las tasas de interés activas y pasivas del sistema financiero: un aumento de 0,25 por ciento en la tasa interbancaria o un aumento del encaje bancario que reduzca la oferta de fondos prestables y aumente los costos de operación del sistema. Mi intuición me dice que el efecto del encaje es mayor que lo que acaba de decidir el Emisor; como ni el gobierno ni el público parecieron entenderlo pasó desapercibido. Los banqueros sí se dieron cuenta de inmediato y en ese sentido se expresó María Mercedes Cuéllar, presidenta de Asobancaria, al criticar la medida. La postura endurecida del Emisor era necesaria también como una forma de anclar las expectativas de inflación que van al alza y prometían una escalada de precios y salarios, con lo cual nos iríamos de nuevo a inflaciones de dos dígitos. Eso sería verdaderamente calamitoso y contraproducente para el crecimiento económico del país y sobre todo para la equidad de ese crecimiento. Clarificada la postura del Banco Central, sería bueno abandonar la compra de dólares diarios, y también el alza del encaje que obstruye y allana el mercado de crédito. Podría incluso pensar en devolver eventualmente el alza del encaje de hace un año y medio que procuró que las tasas activas y pasivas respondieran a la tasa de referencia del Emisor, lo cual se logró. La decisión clave sobre la independencia del Banco de la República se tomará en enero del 2009, cuando el Presidente habrá nombrado a toda la junta. Si opta por nombrar amigos palaciegos, el Banco se volverá otra ruina institucional. Si, por el contrario, nombra buenos y reputados técnicos salvará una de las mejores instituciones que creó la Constitución de 1991. Entre tanto haría bien el presidente en respetar la autonomía de la autoridad monetaria y coordinar con él sus políticas. Facilitaría así el logro de sus metas y daría un parte de responsabilidad frente al resto del mundo. Clarificada la postura del Banco Central, sería bueno abandonar la compra de dólares diarios y también el alza del encaje que obstruye y allana el mercado de crédito.Salomón Kalmanovitz. Decano, Universidad Jorge Tadeo Lozano Desde hace tiempos, algunos economistas hemos venido advirtiendo que si no se reduce la protección que detentan agricultores y ganaderos, un auge de la demanda va a ser ahogado por el alza de precios a favor de ellos.ANDRUI

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