Empresas con CRS invirtieron $ 239 mil millones en el 2013

Muchas corporaciones grandes y entidades estatales exigen que sus proveedores tengan programas de responsabilidad social, aunque algunas firmas aún disfrazan acciones que nada tienen que ver.

Muchas organizaciones y empresas realizan acciones pero no se hacen medir.

Archivo particular

Muchas organizaciones y empresas realizan acciones pero no se hacen medir.

Finanzas
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septiembre 02 de 2014 - 05:03 a.m.
2014-09-02

En el país, existen 561 empresas con el Certificado en Responsabilidad Social (CRS) y el año pasado estas invirtieron 239.0000 millones de pesos en acciones con las cuales buscaban reafirmar su compromiso con sus públicos de interés así como con el medioambiente.

Esta certificación es otorgada por la Corporación Fenalco Solidario y es la única de alcance nacional en su tipo. La gerente de Responsabilidad social de la entidad, Gloria Isabel Londoño, acepta que aunque son pocas comparadas con el universo de las compañías que operan en Colombia, hay una tendencia a darle mayor importancia al tema.

“Yo no he visto la primera empresa que no haga cosas de responsabilidad social. Todas tienen acciones que son valores agregados a su deber ser, lo que pasa es que no tienen quien los mida”, dice y añade que a algunas les da miedo porque piensan que la certificación es otra ISO, que es obligatoria o que le van a exigir requisitos costosos.

“No se dan cuenta de que el tema no es de dinero”.

No obstante, también anota que este documento lo están pidiendo cada vez en más lugares. De hecho, ya las grandes corporaciones se lo están exigiendo a las firmas con las cuales contratan y se va viendo como una tendencia, sobre todo en el sector mineroenergético. “Dentro de poco no te van a contratar si no tienes un programa de responsabilidad social”, sentencia.

La comunidad y los clientes quieren saber qué tanto contamina una organización, qué está haciendo para mejorar esa situación, qué hace por la sociedad, cuál es su contribución, al considerar que las empresas son ciudadanos corporativos gigantes, que deben tener una contribución para mejorar la sociedad donde están.

Londoño destaca que se trata de una nueva forma de hacer negocios, pero de forma sostenible. De hecho, aparte del balance financiero los públicos empresariales están exigiendo el balance de sostenibilidad, donde no se hable solo del impacto económico sino ambiental.

De hecho, es un área cada vez más especializada. Dentro de las empresas ya no solo hay sicólogos y sociólogos a su cargo sino que los administradores, economistas, comunicadores, publicistas y diseñadores gráficos están incorporando este conocimiento y las universidades lo incluyen en sus pénsumes. Incluso los mismos abogados se están preparando al respecto, pues el buen gobierno corporativo es uno de los componentes de la responsabilidad social.

MENOS FUNDACIONES 

Hace algunos años la tendencia fue a que cada empresa creara su propia fundación o corporación para su trabajo de beneficio hacia sus públicos y la consecuencia fue la saturación de las comunidades. Hoy en cambio se busca más apoyar a entidades especializadas con mayor impacto social.

Por otra parte, según Londoño, existen firmas que disfrazan de responsabilidad social ítems como el pago de salarios e impuestos. Agrega que la gente ya se da cuenta de cuáles empresas buscan el CRS como una forma de maquillaje corporativo y les pasan la cuenta de cobro.

UN NUEVO ‘SOFTWARE’ PARA CALCULAR LA HUELLA DE CARBONO 

Mañana en Bogotá y el viernes en Medellín, en el Cuarto Congreso de Responsabilidad Social, la Corporación Fenalco Solidario presentará el programa de Huella de Carbono que busca medir el daño ambiental que una empresa hace para llevar a cabo sus procesos productivos.

Dicho cálculo se hace a partir del ‘software’ Umberto, que la entidad adquirió en Alemania. Este permite igualmente medir las acciones que debe realizar la respectiva compañía con el fin de reducir su contaminación, “por ejemplo promoviendo el desplazamiento de varios empleados en un mismo carro o mediante programas de eficiencia energética, porque la actividad comercial no puede parar”, explica Gloria Isabel Londoño. Si el daño es imposible de evitar, también dice con cuántos árboles nuevos debe compensarlo.