Equinoterapia, un complemento Los movimientos y el ritmo del caballo al caminar ayudan a personas con retardo en el desarrollo.

Equinoterapia, un complemento Los movimientos y el ritmo del caballo al caminar ayudan a personas con retardo en el desarrollo.

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noviembre 06 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-06

TROTE. El calor que expiden los animales, sumado al movimiento multidimensional, rítmico y repetitivo de su marcha son los elementos que lo hacen una herramienta ideal para las terapias. ¿Para quiénes funciona? La equinoterapia es conveniente para personas con enfermedades congénitas de orden neurológico, retardo en el desarrollo, retardo mental y autismo. ¿Cuáles son sus beneficios? Provee avances en el desarrollo motriz, el fortalecimiento de los músculos, el equilibrio y la postura. También contribuye al desarrollo emocional, la autoestima, la confianza y la seguridad. Y da, además, herramientas para trabajar la atención y concentración. ¿POR QUÉ CABALLOS? A los seis años, Alejandra no podía controlar la cabeza ni sostener erguido el tronco, habilidades que a los seis meses ya han logrado los bebés. Pero hoy, a sus 11 años, ya puede hacerlo con naturalidad, gracias a las terapias con caballos a las que asiste. La lentitud en su desarrollo la genera el síndrome denominado Cornelia de Lange, que se caracteriza por la presencia de deformidades esqueléticas, faciales, cardíacas y gástricas, entre otras, y algunas veces alteraciones de los sistemas de los sentidos y de comportamiento. Sin embargo, el tratamiento con los animales ha facilitado su desarrollo motor, de lenguaje corporal y ha fortalecido su proceso de socialización. La terapia con caballos, o equinoterapia, genera cambios físicos, emocionales y de relación con los demás, explica la fisioterapeuta Yolima Lancheros, experta en la materia. “No se trata solamente de montar a caballo”, agrega León Felipe Valencia, médico especialista en rehabilitación y director del programa en la Escuela Nacional de Caballería. El éxito de este tratamiento depende de varios aspectos, según la fisioterapeuta. El primero, que sea realizado por un profesional en el área de la salud capacitado para establecer los objetivos individuales de la terapia y las indicaciones y contraindicaciones. Por ejemplo, esta alternativa no es recomendable para personas con inestabilidad de la columna. La segunda condición es contar con un caballo especialmente entrenando, de tamaño promedio y tan dócil, que asegure la estabilidad y tranquilidad del jinete. Como tercera medida, es importante que la persona continúe con los tratamientos convencionales, pues “la realización exclusiva de esta terapia no garantiza el avance del paciente sino que debe hacer parte de un programa integral”, dice Lancheros. Los progresos de Alejandra, por ejemplo, se deben a que además de la terapia con los caballos, ha recibido terapia física, de lenguaje y ocupacional en sus formas más convencionales, según cuenta su mamá, Paola Herrera. Por su parte, el doctor Valencia resalta que actualmente hay una boom de este tratamiento que ha llevado a personas sin conocimientos en salud a ofrecer programas mal enfocados que podrían incluso poner en riesgo el bienestar de los usuarios. Por eso es importante asesorarse bien, asegurarse de que quien realiza la terapia está capacitado profesionalmente, de que las características y las condiciones de salud del caballo son óptimas y de que el método es el indicado para la necesidad del usuario. Para regular estos aspectos, universidades y centros de investigación adelantan estudios para estandarizar el tratamiento. En el Escuela de Estudios Superiores de la Policía llevan a cabo un proyecto para establecer criterios de evaluación de los pacientes, perfil de los terapeutas que los tratan, así como de las personas que manejan los caballos, entre otros puntos.

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