Escocia, la tierra en la que brota el oro líquido

Entre verdes paisajes en los que la lluvia no da tregua, los escoceses han sabido perpetuar para el mundo una de sus mayores tradiciones: el whisky.

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mayo 09 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-09

"El whisky debe tomarse como a uno le gusta. Con o sin hielo, con un chorrito de agua o acompañado con algún mezclador. No hay una fórmula correcta, lo único indispensable es disfrutarlo con los amigos", explica Peter Smith, director de Políticas Públicas de Diageo, la marca que produce algunos de los whiskys más reconocidos del mundo como Johnnie Walter, Old Parr y Buchanan's.

La opinión se convierte en una sentencia, sobre todo, cuando es pronunciada en suelo escocés, la tierra desde donde el whisky conquistó cerca de 200 mercados en todo el mundo. En este país, de paisajes verdes en los que la lluvia no da tregua y en el que los hombres se visten con el popular kilt, existen más de 100 destilerías que producen los más selectos whiskys de malta y de granos.

Si se dividiera el mapa de Escocia por regiones que producen esta bebida, habría cuatro territorios: el Speyside, zona donde se concentran más destilerías y que se abastece del agua del río Spey; las Highlands o tierras altas, que están al norte de una línea imaginaria que va desde Dundee a Greenock; las Lowlands o tierras bajas, al sur de esa frontera, y la isla de Islay, donde se producen los whiskys de malta más fuertes.

Cada una de estas regiones impregna con sabores propios a sus whiskys. Los factores climáticos, así como los tiempos de maduración de cada licor, entre otras variables, son los encargados de dar una personalidad distintiva a los productos de cada destilería. Solo un whisky producido en Escocia puede recibir la distinción de escocés; si una destilería en Canadá, por ejemplo, copia todos los procedimientos que se realizan en la tierra de William Wallace y Robert de Bruce, nunca podrá ser un Scotch, sería un 'whisky canadiense'.

Escocia, la tierra donde brota este oro líquido, ofrece cerca de 2.500 marcas al mundo y sus habitantes trabajan como alquimistas en legendarias destilerías, para encontrar la mezcla perfecta que dé vida a una de las bebidas alcohólicas con mayor abolengo. El legado se transmite embotellado de generación en generación en forma de whisky.

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