EL ESMOQUIN, ARM DE SEDUCCIÓN QUE NO PASA DE MODA Sin perder un ápice de modernidad, cumple 150 años

EL ESMOQUIN, ARM DE SEDUCCIÓN QUE NO PASA DE MODA Sin perder un ápice de modernidad, cumple 150 años

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diciembre 22 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-12-22

k EFE "Prenda masculina de etiqueta, de menos ceremonia que el frac, a modo de chaqueta sin faldones", así define el esmoquin el Diccionario de la Real Academia Española. Este traje de chaqueta creado por el sastre británico Henry Poole para ataviar a los caballeros del siglo XIX que asistían a cenas en las que se permitía fumar, hoy es todo un clásico que vive en constante apogeo. La casa inglesa Henry Poole&Co fue la encargada de cortar un esmoquin para un jovencísimo Eduardo VII, príncipe de Gales, primera persona en lucirlo en público. Este traje, generalmente negro para los días más fríos y blanco para las noches veraniegas, se compone de chaqueta con solapas de satén acabadas en pico y uno o dos botones para cerrarla, pantalón recto con cinta lateral de satén a juego con las solapas, camisa blanca, pajarita o corbata, chaleco y fajín. Este año cumple 150 años y preserva su juventud. Hoy resulta perfecto para asistir a fiestas nocturnas, entrega de premios, cocteles y actos sociales de cierta relevancia. MUJERES DE NEGRO En la actualidad se ha relajado bastante y ha perdido su rigidez de antaño. Los hombres optan por combinarlo con camiseta o con camisa sin corbata y las mujeres tienen potestad para lucirlo sobre la piel desnuda o sobre una delicada lencería, aunque otras lo prefieren conjuntado con vaqueros desgatados o minifaldas. Precisamente fue el esmoquin la prenda que definió la trayectoria profesional del modisto Yves Saint Laurent, quien hace 45 años rompió los moldes de la moda femenina y acabó con la arcaica costumbre que prohibía que las mujeres vistieran pantalones. En 1966, el maestro robó al hombre el esmoquin y lo introdujo en el guardarropa femenino en negro con doble botonadura y solapas en raso. "A partir de ese día, la sociedad tomó conciencia de que la mujer adquiría poder", dice Pierre Bergé, pareja y colaborador del diseñador. La mujer rápidamente lo hizo parte de su armario y lo utilizó como arma de seducción y poderío.

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