Los espías siguen vigentes

Los espías siguen vigentes

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mayo 21 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-21

Por estos días, ha concentrado la atención de los colombianos el sonado destape de Marilú Ramírez, infiltrada por las Farc a alto nivel en el Ejército, la Escuela Superior de Guerra y hasta el Inpec. Ella no es la única por estos lares en ejercer el viejo oficio del espionaje: según inteligencia militar, al menos otras cuatro mujeres habrían hecho algo similar y una habría llegado hasta a ser jefa de prensa en una unidad militar. Pero si aquí llueve, por el mundo no escampa, como lo testimonian Rusia e Irán.

El caso ruso, propio de las novelas de John Le Carré, se descubrió solo póstumamente cuando, el pasado 2 de noviembre, el presidente Vladimir Putin condecoró con la máxima medalla a George Koval, muerto en Moscú casi dos años antes. Este estadounidense de los que juegan béisbol y acuden cada domingo a la sinagoga de su barrio fue quien robó a su país y le entregó a la Unión Soviética la información secreta que permitió a los comunistas ahorrarse casi diez años en su esfuerzo por tener la bomba atómica. Durante la depresión de los 30, la familia de Koval, que entonces era un escolar, emigró a una ciudad soviética con amplia colonia judía, y allí se forjó el futuro espía. Koval regresó a E.U., estudió en estupendas universidades y durante años trabajó en los laboratorios de Oak Ridge, donde, con gran secreto, Estados Unidos fabricaba la bomba atómica que probó en Japón en 1945. Terminada la II Guerra, Koval desapareció, y en 1949 la URSS hizo estallar su primera bomba H. Gracias a este espía.

Otro incidente digno de novela es la acusación del ministro iraní responsable de los servicios secretos, Golamhosein Mohseni-Eyeí, contra Hosien Musiaván, por haber supuestamente filtrado a la embajada británica documentos secretos. En tiempos del presidente Mohamed Jatamí, Musiaván encabezaba el comité que negoció con la ONU una reducción en la marcha de su programa nuclear. Apagada la estrella de Jatamí y en lo más alto la del fundamentalista Mahmud Ahmadinejad, Musiaván ha caído en desgracia. Ahora espera una sentencia que podría significarle años de prisión.

Guardadas las obvias distancias, los Koval y Musiaván comparten con las Marilú y demás infiltradas de las Farc en el Ejército un oficio tan viejo como vigente: espiar.

editorial@eltiempo.com.co 

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