Estados Unidos debe pasar la prueba de la vivienda

Estados Unidos debe pasar la prueba de la vivienda

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abril 27 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-27

Pese a que aumenta el optimismo sobre la fortaleza de la recuperación económica de Estados Unidos, una gran pregunta cobra relevancia: ¿en qué medida la economía depende de la asistencia del gobierno?

Durante los próximos meses, el mercado de la vivienda ofrecerá indicios importantes.

El sector inmobiliario ha sido uno de los grandes beneficiados de las medidas de estímulo de Washington. Los créditos para los compradores de viviendas, los esfuerzos sin precedentes de la Reserva Federal para mantener bajas las tasas hipotecarias y las modificaciones de préstamos dirigidas a prevenir embargos han contribuido a que el sector se recupere, aunque no tanto como esperaban muchos economistas.

Los precios de las viviendas se han estabilizado, mientras que las ventas y las construcciones han repuntado desde sus mínimos durante la recesión, aunque siguen muy por debajo de los promedios de largo plazo.

Ahora, el gobierno está retirando el respirador artificial. Los créditos fiscales se acaban el viernes, la Fed ha dejado de comprar bonos hipotecarios y el ritmo de modificaciones de préstamos ha comenzado a desacelerarse. La pregunta de si el mercado de bienes raíces podrá sostenerse por sí mismo proporcionará valiosa información sobre la capacidad de la economía en general para seguir creciendo cuando el paquete de estímulo del gobierno del presidente Barack Obama se agote a finales de este año.

"Esta es una pregunta constante ahora mismo" , dice Robert Shiller, economista de la Universidad de Yale. "¿Cuánto de la fortaleza en el mercado inmobiliario es únicamente la percepción del apoyo del gobierno?", dijo. "Me preocupa que haya una recaída".

En cierto modo, un débil mercado inmobliario puede ser un signo de salud. La economía estadounidense necesita reducir permanentemente su dependencia de la construcción propiciada por el crédito, y centrarse más en vender bienes y servicios a los pujantes mercados emergentes.

Durante el auge del mercado de bienes raíces, la construcción y otros servicios relacionados con la vivienda representaban alrededor de 6,3% de la economía estadounidense. En la actualidad, la cifra es tan sólo de 2,5%. El nivel adecuado se encuentra probablemente en medio de ambos porcentajes.

Aún así, una caída de los precios de las viviendas por la falta de apoyo gubernamental podría ser un obstáculo para la recuperación. La reciente estabilización de los precios, que según el índice S&P Case-Shiller cayeron apenas 0,7% en enero frente al mismo mes del año anterior, ha ayudado en gran medida a mantener la frágil confianza entre los consumidores y en los mercados financieros.

Los precios de las viviendas también apuntalan el valor de los US$2,6 billones (millones de millones) en hipotecas en los balances de los bancos.

Si una nueva caída hace que los bancos se preocupen de sus propias finanzas, los negocios podrían pasar más dificultades para obtener el crédito que necesitan para expandirse, especialmente las pequeñas compañías que representan una parte desproporcionada de los nuevos empleos. Y sin nuevos puestos de trabajo, sería difícil que se mantenga el aumento del gasto del consumidor. Los economistas ven varias razones para temer otra caída de los precios. Entre ellas, el creciente número de viviendas embargadas, que pesará en el ya débil mercado.

Hasta marzo, los bancos y fideicomisos de inversión tenían un inventario de alrededor de un millón cien mil viviendas embargadas, un alza de 20% frente a hace un año, según estimaciones de la firma LPS Applied Analytics. Otros 4,8 millones de deudores hipotecarios tenían un retraso en sus pagos de al menos 60 días o se encontraban en proceso de perder su casa, lo que significa que sus hogares van camino de incluirse en el inventario. Este "inventario en las sombras" es 30% superior que el de un año antes.

Hasta ahora, los bancos están colocando las viviendas en el mercado con lentitud. Al ritmo actual de ventas, se tardaría casi nueve años en eliminar los inventarios, tanto el real como las viviendas "en las sombras".

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