El estilo de liderazgo de las colombianas

Cada vez son más visibles los hallazgos y las estrategias sobre cómo las ejecutivas colombianas ejercen su liderazgo.

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mayo 16 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-16

"... son ellas las que sostienen el mundo, mientras los hombres lo desordenamos con nuestra brutalidad histórica".

García Márquez, 'Vivir para Contarla'

Colombia es el país con la mayor proporción de mujeres en posiciones de dirección en Latinoamérica. Esto lo corrobora tanto los datos de Naciones Unidas sobre mujeres en los organismos legislativos y en la administración del Estado y el sector privado, como los estudios adelantados por varias investigadoras coordinadas por la profesora Sylvia Maxfield, del Simmons College (Boston), que dio lugar al libro Mujeres y vida corporativa en Latinoamérica. Retos y dilemas", publicado por la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes.

La primera investigación que sobre el tema se realiza desde esta institución académica, data de finales de los ochenta, cuando las profesoras Luz Gabriela Arango, Mara Viveros y Rosa Bernal publicaron Mujeres ejecutivas: dilemas comunes, alternativas individuales.

Ahora, si bien se han logrado importantes avances en la participación relativa de las mujeres en posiciones de liderazgo, esta no es equitativa a la luz de su formación educativa y de su desempeño profesional en ninguno de los siete países estudiados (Argentina, Brasil, Colombia, Chile, El Salvador, México y Venezuela).

Varias son las explicaciones al por qué se mantiene esta falta de equidad en la participación de la mujer en el poder.

La investigación que hemos realizado recientemente, señala que nuestras ejecutivas tienen un estilo particular de ejercer el liderazgo, llamado participativo, que se caracteriza por ser abierto y directo; orientado al desarrollo de equipos de trabajo; dirigido a lograr consensos: dispuesto a compartir el poder con colegas y subalternos; comunicativo y generoso con la información; atento al equilibrio entre dimensiones personales y laborales; orientado a la inclusión y al cumplimiento eficiente de la tarea, y confiable y organizado. El dilema para quien investiga este tema está en si marcar el contraste o señalar la igualdad, pues una y otra pueden hacer daño a la mujer que ocupa o pretende ocupar estas posiciones.

Si se marca la diferencia, se reconocen y valoran las particularidades y características del liderazgo femenino como favorecer el interés común, la creatividad, el desarrollo de otros y el trabajo en equipo, que son condiciones de un líder exitoso, aunque se corre el riesgo de que se piense que las mujeres no son capaces de ser duras cuando se requiera, que puede faltarles criterio y decisión "a la hora de la verdad" y que no se integran a la cultura organizacional, jerárquica, normativa, de horarios extendidos y consagración absoluta a la tarea. De otra parte, si se las ve como iguales se pierde la diversidad de su aporte.

Varias son las metáforas utilizadas para describir la falta de mujeres en la cúspide organizacional. Cuando la mujer no accedía a esas posiciones, se hablaba de paredes de concreto. A partir de los ochenta se le llamó "techo de cristal" y el Wall Street Journal la representó como una mujer que se da contra el vidrio al llegar arriba.

Recientemente, la profesora Alice Eagly de la Universidad Northwestern, quien estuvo en Colombia invitada por la Facultad de Administración de los Andes en la conferencia de BALAS, (Business Association of Latin American Studies), creó con Linda Carli la metáfora del laberinto, en donde consideran que mientras el techo de cristal da a entender que la mujer no lo ve sino hasta el final y se comporta de una forma un poco estúpida al lanzarse contra el vidrio como si no lo viera, el laberinto permite ilustrar cómo hay varias opciones para llegar al centro y vencer los retos, hay muchos cruces y alternativas en el camino y algunas se pueden perder por ahí.

El trabajo que la profesora Eagly viene realizando desde hace más de treinta años sobre actitudes y género y su ingeniosa concepción del laberinto para entender y explicar la desventaja social de las mujeres al no acceder a posiciones de autoridad y de poder, ha inspirado tanto al sector académico como al privado, a reflexionar alrededor de estos aspectos.

Gracias a trabajos como el suyo, y el que se viene realizando desde la Facultad, cada vez son más visibles los hallazgos sobre cómo ejercen su liderazgo las colombianas y las hipótesis sobre qué nos hace tan especiales a la luz de Latinoamérica, de manera que se continúe apoyando el desarrollo de las ejecutivas colombianas y continúen ejerciendo su liderazgo con conciencia femenina en cualquier tipo de organización.

* Profesora de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes

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