Estimular al bebé significa hacerlo partícipe de actividades acorde con su etapa de desarrollo

no significa lograr avances en su desarrollo sin contar con su aprobación y bienestar. Tampoco, obtener resultados a corto plazo para que se adelante en su proceso de aprendizaje.

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noviembre 21 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-21

Todo tiene un tiempo y un límite. Cuando se habla de estimulación se hace referencia a aquellas actividades que promuevan el crecimiento del bebé a nivel perceptivo, motriz, sensorial, afectivo, social y de lenguaje, según la etapa en la que se encuentre.

La idea no es obligarlo a participar de las actividades que se realizan con él, pues deben ser cortas respetando el ritmo, el temperamento y la sensibilidad del menor. El bebé es quien establece los límites de los ejercicios.

El primer factor que garantiza la estimulación adecuada de un niño es el afecto de los padres y adultos que interactúan con él, pues de esta forma le transmiten paz, tranquilidad y seguridad.

El juego es la mejor herramienta de estimulación, pues es natural y sin premeditación. A través de una actividad lúdica, los adultos aprenden a leer el comportamiento de los niños y a respetar sus necesidades; además, saben cuándo parar.

En los primeros 12 meses de vida, el mundo del bebé es totalmente físico y sensorial, de manera que todas las actividades de estimulación se dirigen a estos aspectos. El primer paso es estimular la parte táctil, es decir facilitarle diferentes materiales y texturas.

En cuanto al lenguaje, gran parte de esta estimulación empieza con canciones y es muy importante que estén acompañadas de rimas. Los adultos deben vocalizar muy bien para que el menor aprenda a hablar de manera clara.

El arte es vital en este proceso, pues favorece el desarrollo de la motricidad fina (relacionada con los músculos pequeños de las manos) y la parte sensorial, cuando el niño experimenta con diferentes tipos de formas, colores y texturas.

Cuando hay estimulación se garantiza de alguna manera la estabilidad emocional del pequeño, pues además de explorar sus habilidades, está en contacto con diversos estímulos, juega y comparte con sus seres queridos.

La respuesta del infante en cualquier etapa del desarrollo debe ser de alegría y satisfacción. Todos los momentos del día son una oportunidad para estimular al infante.

Fuentes Carolina López, terapeuta ocupacional y magíster en estructuras y procesos del aprendizaje; María Carolina Sánchez, sicóloga clínica, especialista en primera infancia; David Benavides, director de la fundación para la estimulación temprana oportuna y Paula Bernal, sicóloga especializada en desarrollo infantil e instructora certificada en masajes para niños.

Entre los 0 y los 3 meses

En estos primeros meses, el contacto piel a piel es vital. La estimulación está directamente relacionada con el cuidado y actividades cotidianas como la alimentación, el baño, el sueño, el cambio de pañal y de vestido. ¿Qué hacer?

  • Masajearlo: realizar movimientos suaves hacia adelante y atrás o hacia arriba y abajo mientras papá o mamá los cargan en su pecho boca abajo para que sienta el latido del corazón. 
  • Mostrarle objetos con contrastes de colores: negro-blanco, azul-blanco y rojo-blanco.
  • Efectuar cambios de luz que se den de forma gradual: desde oscuro hasta luz media.
  • Cantarle: la voz de los padres es el mejor estímulo.
  • Mecerlo cargado.
  • Permitirle que escuche música con ritmo constante y armónico.
  • Bañarlo con elementos de diferentes texturas: elaborar muñecos o guantes con telas de estropajo (suave y húmedo), toalla o terciopelo.
  • Exponerlo a temperaturas que tengan cambios suaves y explicarle "esto es caliente y esto es frío".
  • Hablarle y contarle qué se está haciendo con él.
  • Al arrullarlo, balancearlo a diferentes velocidades.

Entre los 3 y 6 meses se amplia el mundo sensorial

A partir del tercer mes, cobran importancia objetos sencillos que el pequeño pueda agarrar, presionar, llevar a la boca, seguir con su mirada y sobre los cuales pueda rodar. ¿Qué hacer?

  • Dejarlo que llore un poco cuando tiene hambre; así puede imaginar la leche y adquiere la sensación de espera.
  • Cargarlo de frente para que pueda observar todo a su alrededor.
  • Repetir los sonidos que el niño emite.
  • Leerle cuentos con imágenes de colores.
  • Permitirle que experimente diferentes texturas, que deben asociarse con experiencias gratas.
  • Abrazarlo fuerte, luego más suave, de manera que le llegue la información a nivel muscular.
  • Exponerlo a diferentes olores y objetos de distinto volumen, planos y colores de contraste. El olor de la vainilla es ideal.
  • Cantarle rimas y versos.
  • Ponerlo sobre pelotas inflables, jugar con títeres en los dedos y objetos sonoros fuera de su campo visual para que identifique la fuente de sonido.
  • Arrullarlo hacia delante y hacia atrás.

De 6 a 9 meses, les gusta jugar a las escondidas

En esta etapa, el bebé empieza a reconocerse como un sujeto diferente de los demás. ¿Qué hacer?

  • Mientras se encuentran en el carro, es recomendable poner un CD y escuchar música con él o cuando si va en el coche puede jugar con los móviles o tener objetos que pueda halar y llevar a la boca, o sacar y ensartar.
  • Esconderle objetos o jugar a esconderse.
  • Sacarlo al parque y ponerlo a gatear sobre diferentes superficies.
  • Sentarlo sobre tapetes con diferentes colores y texturas. En la cuna, se pueden armar gimnasios o centros de actividades. Estos tendrán varios elementos que, cuando el bebé los patee, los toque, los pise o los mueva, respondan con algún sonido o movimiento.

Entre los 9 a 12 meses comienzan a dar los primeros pasos

El pequeño estructura en su mente objetos ausentes; sabe que su mamá se va porque no la ve, pero es consciente de que volverá. Comienza a moverse por sí mismo, a ejercer control sobre los objetos y a identificar sus juguetes favoritos. ¿Qué hacer?

  • Tomarlo de la mano y llevarlo a caminar, para que sienta protección.
  • Exponerlo a distintas texturas y temperaturas.
  • Facilitarle móviles y rompecabezas elementales. Los juguetes que se le entreguen deben ser interactivos y duraderos.
  • Jugarle con pelotas de diversos tamaños, texturas y materiales de látex, que se desinflan y vuelven a inflarse por sí solas.
  • Darle bloques. Pueden comenzar a apilar dos o tres de ellos y luego derribarlos. Los de espuma son útiles, así como los de encajar.
  • Permitirle empujar: un juguete de este estilo le ayuda a mantener el equilibrio.
  • A esta edad les gustará dar vuelta a las páginas. Los libros de cartulina son ideales, así como aquellos con dibujos en relieve o elementos interactivos como botones que hacen sonidos y tapas que se abren. 
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