Esto huele mal

Esto huele mal

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noviembre 08 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-08

En condiciones normales el tema daría escasamente para unas cuantas líneas de registro en un medio de comunicación. Sin embargo, el escándalo que ha surgido como consecuencia de la declaratoria de insubsistencia que sacó del cargo a la consejera de prensa de la embajada de Colombia en Washington, genera una explicable incertidumbre entre quienes siguen la marcha de esa misión diplomática. La razón es que no es la primera vez que la información salida de las oficinas ubicadas en la calle Leroy Place tiene que ver con asuntos de carácter interno. Por ello, frente a los desafíos de la relación bilateral, resulta totalmente inconveniente el cúmulo de rumores que hablan de tensiones dentro del que debería ser un equipo unido en torno a un propósito común. Y aunque la controversia forma parte de la vida diaria de cualquier oficina, lo que no es normal es la práctica de lavar los trapos sucios fuera de casa y menos todavía en territorio ajeno. Esa no es una buena tendencia para una representación que tiene a su cargo el manejo de las relaciones cotidianas con el principal socio comercial del país, que además provee cientos de millones de dólares al año en ayuda y tiene pendiente la aprobación de un Tratado de Libre Comercio. Si bien es cierto que la embajadora Carolina Barco desempeña su labor en forma juiciosa y trabaja de manera permanente en los temas de la agenda binacional, también lo es que parece tener cada vez menos control sobre la forma de cumplir con sus responsabilidades. Ya hace unos meses causó un gran desconcierto el nombramiento de la ex ministra Sandra Suárez quien fue presentada a la prensa como la ‘gerente’ del TLC, generando todo tipo de inquietudes sobre la labor de la Embajada. Dichas inquietudes, es cierto, disminuyeron en la medida en que la curiosa figura evolucionó hacia el desarrollo de una oficina con sede en Bogotá que, entre otras labores, acopiaba información, preparaba informes y coordinaba viajes de empleados públicos y empresarios. Pero la validez del experimento quedó otra vez en entredicho después de que la funcionaria anunciara su paso a una multinacional farmacéutica. Si bien desde el punto de vista formal la decisión es respetable, más de un observador quedó sorprendido por la brevedad de la función desempeñada y por el rápido cambio de camiseta, sin que el futuro del acuerdo comercial todavía esté claro. No obstante, nada de eso se compara con la decisión del ministro Fernando Araújo de expedir el decreto de insubsistencia mencionado, en contra del punto de vista de Carolina Barco, alegando que el envío de una carta inconsulta a un periódico norteamericano constituía una falta imperdonable. Falta que, por cierto, palidece frente a los excesos verbales de otros funcionarios que han seguido en sus cargos, como le ocurrió recientemente al Ministro de Defensa al hablar de Venezuela o al propio Canciller, quien en su momento relató la admiración de los guerrilleros de las Farc por la figura de Hugo Chávez. Pero este caso es todavía más complejo por la existencia de un antagonista de la consejera despedida: el hijo de Araújo, un joven brillante, quien cumple un curioso rol de apoyo a la Embajada, sin ser funcionario, sin tener visa oficial y sin que esté claro quién financia su labor. Más allá de la buena voluntad que pueda tener esa gestión, tanta informalidad es inconveniente e inaceptable y limita, una vez más, la eficiencia de la diplomacia colombiana en Washington. Mientras esto ocurre, la labor en pro del TLC debe continuar, además de la defensa permanente de los intereses del país en otros campos. Pero la efectividad en ese campo se ve disminuida por cuenta de los escándalos que distraen y crean mal ambiente, sin que las explicaciones de los funcionarios resulten satisfactorias ni quede claro por qué ocurren prácticas que no deberían existir en la que tendría que ser una labor de primera línea. Como en la obra del escritor bogotano Fernando Quiroz, esto huele mal. Una vez más la labor de la Embajada de Colombia en Washington se ve afectada por escándalos, mientras temas como el TLC continúan en entredicho”.

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