Una estructura tributaria idónea para la lograr la competitividad

Un aspecto básico para fomentar el crecimiento competitivo del país lo constituyen las reformas estructurales. Una de éstas y quizás la más importante es la reforma tributaria que se está discutiendo en el país.(VER GRAFICOS)

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agosto 25 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-25

En un mundo globalizado y de competencia, una buena estructura tributaria, favorable a la inversión estimula el crecimiento económico el cual a su vez se traduciría en mayores recaudos, lo que de paso, implica una mayor capacidad de manejo de la política tributaria. Este círculo virtuoso entre crecimiento y tributación es el que el país debe buscar en este momento.Para la Andi la clave para el saneamiento de las finanzas públicas es estimular el crecimiento económico. En el siguiente gráfico se observa como en períodos de mayor crecimiento se ha logrado mejorar la situación fiscal.Si bien Colombia ha recuperado una buena dinámica de crecimiento, éste sigue siendo aún bajo respecto a los países que han superado o vienen superando con éxito sus problemas económicos y sociales. En consecuencia, si el deseo es hacer una política social que transforme radicalmente la calidad de vida de los colombianos, es necesario diseñar una verdadera estrategia orientada hacia el logro de una senda de crecimientos altos y sostenidos por varias décadas. Resulta claro que la pobreza no es el resultado de las políticas tributarias, sino que el elemento explicativo fundamental es la insuficiencia del desarrollo y crecimiento económico. La meta, entonces, debe ser alcanzar tasas de crecimiento reales promedio superiores al 7% u 8%. Este crecimiento, a su vez, sólo puede lograrse con altas tasas de inversión productiva. Hacia el estímulo de la inversión debe orientarse la reforma tributaria estructural.Consideramos que estamos en el mejor momento económico para implementar una reforma estructural en materia tributaria. La buena dinámica económica acompañada de mayor empleo formal, de la modernización de las instituciones, en particular de la Dian, de los avances en telecomunicaciones, etc., garantizan que la situación fiscal del país debe continuar mejorando. No es solamente el crecimiento económico en general, sino el crecimiento basado en la modernización económica el que seguramente mejorará la situación fiscal del país. Pero el momento actual no sólo nos da más confianza para realizar una reforma tributaria estructural, sino que exige este tipo de reformas para continuar por esta senda de crecimiento. A pesar de lo evidente, es conveniente recordar que, el punto de partida, al analizar una estructura tributaria para la competitividad, es que la tributación es una necesidad. Lo importante es saber si esa estructura tributaria contribuye o no al desarrollo económico y social del país.Las tendencias recientes en materia tributaria en el mundo apuntan hacia regímenes más simplificados, transparentes, tarifas moderadas y que garanticen una estabilidad de mediano plazo. Lo anterior no sólo facilita el proceso de declaración y pago, sino también el proceso de administración y recaudo de los mismos. También se tiende a reducir la dispersión de impuestos y tarifas de orden territorial y nacional. En general se busca cada vez una estructura tributaria basada en impuestos indirectos, más que en directos, ya que con esto se simplifican los procesos de recaudo y se estimula la inversión. La estructura tributaria que ha caracterizado la economía colombiana hasta hoy va en contravía de las prácticas internacionales ya que mantiene una gran dispersión de tarifas, amplia dispersión de impuestos, altas tarifas en renta, alta complejidad, un reducido número de contribuyentes, altos niveles de evasión e ineficiencia en el recaudo, entre otros. En los últimos años se han introducido algunas mejoras pero aún falta mucho camino por recorrer. Todo lo cual ha afectado la capacidad del país para atraer la inversión productiva, nacional y extranjera.Durante los últimos años, la relación entre los impuestos de orden nacional y el PIB Total ha venido aumentando, particularmente a partir de la década de los noventa. En efecto, este indicador pasó de 9,7% en 1994, a 15,7 % en 2006. Pero, esta no es la única carga que soportan los contribuyentes. Si incluimos los impuestos municipales, departamentales y los aportes parafiscales este porcentaje se acercaría al 20%. A pesar del aumento en los impuestos, estos han sido insuficientes para cubrir los crecientes gastos del Gobierno. Esta brecha se ha ido ampliando a partir de los noventa y, hoy en día existe un consenso respecto a que el problema fiscal es de naturaleza estructural. De ahí la necesidad de una reforma de fondo, tanto en los ingresos como en los gastos.Para el caso de los ingresos, la actual reforma tributaria propuesta por el Gobierno va en la dirección correcta, ya que se orienta a mejorar la competitividad, a estimular la inversión y la actividad productiva; a simplificar los trámites; a aumentar la transparencia del sistema, a dificultar la evasión, elusión y corrupción, y, en general, nos acerca a las tendencias internacionales en esta materia. También vale la pena destacar como uno de los aspectos más positivos de esta reforma, es que a diferencia de las anteriores, donde el interés fundamental se centraba en aumentar recaudos para tapar huecos fiscales, en la actual se busca crear un marco tributario estrechamente ligado a la actividad económica, en el que sean los avances en este último campo los que permitan unas finanzas públicas sanas. Con todo esto se contribuye a mejorar el ambiente de los negocios, estimulando así la creación de empresas. Sin embargo, la tarifa de renta propuesta en la reforma, sigue siendo alta y debería pensarse en reducirla a niveles más competitivos. La Andi considera que una tarifa de renta no debería exceder el 28%. La simplificación, la disminución en las tarifas, los incentivos a la inversión, la estabilidad y sostenibilidad de la reforma propuesta harían más atractivo el país para la inversión productiva. El caso irlandés es ejemplar en este sentido ya que, además de poseer otras ventajas internas, transformó su estructura tributaria para atraer inversión.Más aún, ese país fue más allá: además de la reducción de tarifas otorgó otras ventajas. Si bien Irlanda inició este proceso de reducción de tarifas desde antes de 1990, todavía en los últimos años mantiene la misma política. Es así como en el 2000 la tarifa de impuesto a las empresas era del 24% y para el 2006 esta tarifa había bajado ya a 12,5% . Con este tipo de políticas Irlanda logró aumentar su PIB/cápita de 5.900 dólares en 1985, a 48.000 dólares en el 2005. Veamos en detalle algunos aspectos de la propuesta de reforma tributaria del Gobierno.En el caso de renta de las empresas, la reforma tributaria apunta a facilitar los negocios y el empresarismo. Destacamos como elementos positivos de esta reforma el desmonte gradual de las exenciones no ligadas al crecimiento económico; la reducción de las tarifas de renta; la eliminación de la sobretasa; la eliminación del impuesto de remesas al exterior, lo que atrae inversión extranjera; la eliminación del impuesto de timbre y la eliminación gradual de la renta presuntiva. A lo anterior se suma la posibilidad de solicitar la deducción del 100% de la inversión en activos productivos.Sin embargo, existen algunos aspectos puntuales en los cuales podría mejorarse:* En la reforma tributaria se contemplan como costos y deducciones sólo aquellos que tengan relación con el ingreso. En este punto lo relevante para las empresas son los costos y deducciones directamente asociados a su actividad económica y así debería tenerse en cuenta en el nuevo estatuto tributario. Por ejemplo, los impuestos, pagos a superintendencias, gastos financieros, honorarios de revisoría fiscal.* No se permitiría la deducción de impuestos territoriales como el predial y el de industria y comercio, con lo cual se incrementa la tasa efectiva de tributación. * Las donaciones no serían deducibles. * Se incrementa la tarifa de retención en la fuente del 10 al 32 por ciento para los pagos al exterior por servicios técnicos, asistencia técnica y consultoría; como en la mayoría de los casos el extranjero no admite que se le efectúe esta retención, lo tiene que asumir el nacional incrementando su tarifa efectiva de tributación.* Habría limitaciones para costos y gastos relacionados con las compras directas o indirectas con vinculados económicos, al igual que sobre activos fijos intangibles o software. En el caso de los asalariados, conviene destacar la novedosa estructura propuesta, la cual simplifica y favorece el recaudo. También cumple el objetivo de progresividad, que hace parte de la teoría fundamental de la tributación. Pero, en este punto debe evaluarse la conveniencia de permitir la deducción de un porcentaje determinado, del orden del 20%, por ejemplo, sobre los ingresos brutos. Este porcentaje tendría que soportarse en los gastos del contribuyente en conceptos como vivienda, salud prepagada, educación y/o pensiones voluntarias. Con esto se mantendría el estímulo a la vivienda, la inversión en capital humano y se mantendría la cultura del ahorro que se ha logrado construir a través de los fondos de pensiones. Cabe recordar que los fondos de pensiones obligatorias manejan actualmente recursos por 36,9 billones de pesos y los voluntarios 6,3 billones de pesos (lo que equivale en conjunto al 14% del PIB). Finalmente, nuestras propuestas en materia de impuesto de renta se pueden resumir en menores tarifas (una tarifa del 28%, por ejemplo), que aumente la competitividad de las inversiones, la evaluación juiciosa de las exenciones en renta, la eliminación de la sobretasa al impuesto de renta, la eliminación del impuesto de patrimonio y la revisión de algunos aspectos puntuales como los anotados anteriormente. Pero lo más importante de todo sigue siendo el procurar una reforma estructural que le garantice al país estabilidad tributaria en el mediano y largo plazo, y una modernización de la administración tributaria. EL CASO DEL IVA En materia de IVA, compartimos la tendencia que predomina a nivel internacional. La gran mayoría de los países establecen una tarifa general de IVA y otra más reducida, circunscrita esta última exclusivamente a los bienes y servicios de primera necesidad. Manteniendo los bienes exentos sólo para los exportados.En consecuencia, la Andi considera que el país debe acoger la tendencia mundial y orientarse hacia un régimen con máximo tres tarifas: una tarifa de 0% para las exportaciones y algunos bienes básicos de la canasta familiar, como los descritos en la reforma; una tarifa reducida para los bienes y servicios de mayor consumo entre los estratos más bajos y la tarifa generalizada para los demás bienes. Este es en general el espíritu de la actual reforma. No obstante, en la reforma se plantean otras tarifas superiores a la general para algunos bienes considerados como suntuarios. Este último aspecto debería evaluarse, teniendo en cuenta que se incluyen básicamente bienes de alta tecnología como telecomunicaciones, cosméticos y automotores, entre otros, lo que constituye un desestímulo al crecimiento competitivo. Para los bienes de alta tecnología la tarifa debe ser máximo la general.Con este menor número de tarifas y ampliación de la base gravable, a través de la eliminación de la mayoría de exentos y excluidos se avanzaría hacia un sistema tributario más moderno, simplificado y transparente. Además, la generalización del IVA es el mecanismo más efectivo en el control de la evasión no sólo en cuanto a este impuesto sino también en el impuesto de renta, toda vez que la base de la información en IVA se puede cruzar con la de renta. Quizás una de las principales ventajas de este sistema es que elimina las distorsiones que se vienen dando en las cadenas productivas por efecto del régimen actual que establece tarifas diferenciales al interior de una misma cadena. Por último compartimos el criterio de equidad del IVA de la reforma, que se logra devolviéndole a los estratos 1 y 2 una suma determinada para compensar su gasto en IVA de la canasta familiar.EL IMPUESTO AL PATRIMONIOEste tributo se ha utilizado recientemente en Colombia para financiar gastos extraordinarios. De ahí que se haya propuesto como una medida transitoria. La Andi considera que debe conservarse esta característica, y sólo debe establecerse de manera excepcional y para casos muy específicos, ya que su impacto sobre la actividad empresarial es significativo, debido a que reduce fuertemente la capacidad generadora de excedentes para promover en las empresas nuevas inversiones creadoras de riqueza, bienestar económico, nuevos impuestos y mayores empleos. De otro lado, se constituye en un desestímulo a la inversión nacional y extranjera directa en el país y, por tanto, compromete el crecimiento futuro. LOS TERRITORIALES En materia de impuestos territoriales los mayores problemas se concentran en el gran número de impuestos que se están cobrando en la actualidad, el poco conocimiento de los inversionistas y, en general del país, sobre éstos y la indeterminación de algunos de ellos que se facilita por la fragmentación territorial.Algunos aspectos puntuales que se deben tener en cuenta en este campo son la actualización de los avalúos catastrales, una mayor supervisión en industria y comercio, la unificación de las reglas de juego para todos los sectores, acabar con la indeterminación y eliminar la gran cantidad de impuestos que existen algunos de ellos sin determinación de la base gravable y el hecho generador (estampilla, telefónico, por arena, cascajo, sacrificio de ganado, etc..) IMPUESTO A TRANSACCIONES FINANCIERASEn materia del Impuesto a las transacciones financieras, más conocido como el cuatro por mil (4x1.000), el recaudo por concepto de este gravamen se estima que asciende a los 2,4 billones de pesos.Este es general un tributo de fácil recaudo. No obstante, no pueden desconocerse los graves problemas técnicos y de desbancarización que lo caracterizan. De mantenerse el impuesto a las transacciones financieras, sería conveniente pulir la legislación actual para evitar la elusión que se está presentando y además permitir su deducción del impuesto de renta. "Para el caso de los ingresos, la reforma tributaria propuesta va en la dirección correcta”.

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