Estudio de caso / La ciencia al servicio de la empresa

Si bien han sido vistos, en muchas ocasiones, como dos polos opuestos, desde la ciencia se están generando modelos de desarrollo que no solo se han volcado al mundo de los negocios, sino que están haciendo grandes aportes a la humanidad.

La basura tratada con microorganismos convierte los materiales orgánicos en un sustrato parecido a la tierra.

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La basura tratada con microorganismos convierte los materiales orgánicos en un sustrato parecido a la tierra.

Finanzas
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abril 27 de 2015 - 12:20 a.m.
2015-04-27

En el permanente recorrido que realizamos para detectar modelos de gestión que sean referentes en competitividad de la región, nos encontramos a LOCC International Corporation S.A., dedicada al desarrollo de mercado de una de las patentes del científico colombiano Luis Orlando Castro Cabrera, Ph.D., y cuyo laboratorio se encuentra ubicado en Tecámac, municipio del Estado de México.

Más allá de que el gestor sea un colombiano, lo más destacable de este caso es que la ciencia se está integrando a procesos empresariales ¿Cómo surgió este fenómeno? Pues bien, LOCC, a través del Dr. Castro, ha creado un modelo de productividad empresarial originado en el manejo de las basuras que, si bien no se ha podido implementar en Colombia, ya ha sido adoptado, en primera instancia, por Bio-Sistemas Sustentables, empresa mexicana con sede en el municipio Nicolás Romero de México, dedicada al tratamiento de residuos sólidos urbanos para el aprovechamiento de los materiales reciclables y la recuperación de la materia orgánica con el fin de producir un abono de primera categoría.

Precisamente, para lograr ese abono premium es que la empresa mexicana se ha aliado con Castro, quien ha desarrollado y patentado microorganismos que convierten los materiales orgánicos en un sustrato parecido a la tierra, en un tiempo récord de 22 días, a través de un proceso de mineralización; luego, a esa tierra se le adicionan microorganismos oxidantes, nitrificantes y competidores de patógeno, dando como resultado un abono que recupera los suelos y los vuelve más productivos (Bio-Sistemas Sustentables lo ha denominado NaturAbono).

Sin embargo, no es solo un abono orgánico sólido que recupera, mejora y mantiene en condiciones óptimas las propiedades físicas, químicas y microbiológicas del suelo; también actúa como biocontrolador de plagas y enfermedades, por lo cual el agricultor puede producir más y mejores productos, a menor costo.

Ahora, el modelo se torna aún más llamativo si se tiene en cuenta que en Latinoamérica los programas de reciclaje de basura han dado limitados resultados, en parte por la misma cultura. Las ciudades no han podido completar la cadena de selección de los residuos sólidos domiciliarios hasta la disposición y uso final.

En cuanto a uno de los protagonistas, no deja de impactar la historia de Luis Orlando Castro, un huilense, al que hace 40 años tildaron de loco durante una exposición en una Asamblea Departamental, al afirmar que la basura se podría convertir en abono. Paradójicamente, en México encontró el apoyo que en Colombia se le negó; ni presidentes de la República de nuestro país lograron que los ministros de Agricultura del momento concretaran un proyecto. Hoy, una de sus cuatro patentes (dos de ellas son comerciales), la del abono, ha cumplido un proceso exitoso de valoración impulsado por la Americas Business Council Foundation  (ABC), de quien Castro recibió el Premio ABC en Ciencia, en 2011. Y el impulso obedece al compromiso de la Fundación ABC de globalizar la tecnología que ha sido merecedora de sus reconocimientos, para lo cual requiere estudiar la viabilidad financiera de cada proyecto. La firma de propiedad intelectual contratada por la fundación, quien a su vez pidió concepto a la revista Microbiology, de Alemania, concluyó que no hay patentes similares y que la del Dr. Castro le lleva 12 años de distancia científica a otros grupos de investigación sobre el tema, razón por la cual los miembros de la fundación, entre los que se encuentran Camilo Galvis, director ejecutivo, y Emilio Azcárraga, copresidente y fundador, están impulsando la aplicación de esta tecnología creada en beneficio de la humanidad y ya designaron a un alto ejecutivo de Morgan Stanley para que potencialice el producto de la empresa y se replique el modelo.

Entonces, qué importante que evolucionemos de un Ph.D. encerrado en el mundo de la ciencia teórica, en ocasiones con actitud soberbia y arrogante, a una integración con el mundo de las complejidades que enfrentan a diario las empresas. Y qué bueno también que estas últimas dejen de transitar un mundo exclusivo de empirismo, y opten por aliarse con el conocimiento científico, para que se genere mayor valor y se puedan atender las necesidades de los mercados que se pretenden conquistar. Si en los diferentes contextos nuestra sociedad está fragmentada y polarizada, entre científico y empresarios hay mucha distancia por acortar.

Desde luego, el panorama actual no es muy alentador en cuanto al número de patentes anuales en Colombia, y esto la ubica en una posición rezagada frente a la oportunidad de crecer en competitividad. Basta recordar que en el más reciente informe de competitividad de las naciones del Foro Económico Mundial 2014-2015 el país se ubica en el puesto 69 entre 144 países y, específicamente, en el componente de innovación, que refleja el uso del conocimiento como elemento del desarrollo, ocupa el puesto 77. Por lo mismo, el desafío está en pasar de ser tímidos ‘doctores’, a interpretar las realidades socio-económicas y ayudar a la resolución de problemas reales, tal como se refleja en este caso, y no solo para traspasar las fronteras del conocimiento práctico del mundo empresarial, sino para apostarle a un desarrollo mundial sostenido.

Germán A. Mejía A.

germanmejia@bmlab.co