Ética y protocolos de familia

La ética es un saber, una ciencia inscrita en filosofía que estudia la conducta del ser humano, con el fin de formular reglas que corresponden a principios de una concepción particular de la naturaleza humana; la idea es promover la evolución integral, individual y colectiva del hombre y que éste despliegue todo su potencial, encuentre el sentido de la vida y alcance el bienestar y la felicidad; al hablar de imperativos éticos nos referimos a las guías, principios, valores que señalan el rumbo y orientan los procesos mediante los cuales el hombre establece los objetivos y las estrategias para su desarrollo.

POR:
noviembre 01 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-01

Definir una idea clara de lo que es el hombre y la naturaleza humana es el punto de partida de cualquier compromiso, responsabilidad y planteamiento ético de la persona y de las instituciones que ésta crea, entre ellas la empresa; no se trata de una tarea teórica o académica, sino eminentemente práctica. Crear una empresa, orientarla, darle un sentido y una finalidad, desarrollarla y mantenerla en el tiempo es un imposible moral y uno real en ausencia de una filosofía de vida, de principios trascendentes y de fines definidos que generen compromiso y responsabilidad integral. Los principios trascendentes son traducidos en códigos éticos y de conducta, surgen de la naturaleza humana, son superiores a los individuos y no se pueden cambiar de manera autónoma. Bien interesante es el caso de códigos de ética en los que el país y el mundo se deberán concentrar dada la importancia de la riqueza nacional que se desperdicia por su inexistencia o su irrespeto. Nos referimos a los protocolos de familia, que preparados por el grupo familiar y sus asesores, recogen los principios, valores, normas de participación, ética de los negocios de los socios y familiares, políticas de acceso a dividendos, préstamos, temas de estrategia y estructura, órganos de gobierno de la familia y de la empresa, sucesión, responsabilidad social, etc. El protocolo se encuentra en el más alto grado de la autonomía en la práctica ética y podemos situarlo en ‘la democracia directa de los pequeños grupos, rama de la sicología social’. Es un código ético y de conducta en cuyo proceso el participante es legislador, juez y parte. Cuando se enfrenta el reto-deber de conciliar la ética personal, la ética familiar, la ética corporativa y la ética ciudadana, es fundamental no improvisar y que esa expresión, escrita, concreta, clara, debatida, de liderazgo compartido y acción grupal, que llamamos protocolo, obedezca a principios y valores de orden superior, preexistentes que sustentan y son sustentados por esa cultura mayor greco-judeo-cristiana en que se desenvuelve la empresa y que están consagrados en la Constitución Nacional; estos principios trascendentes surgen de una concepción colectiva de la naturaleza humana, que el código-protocolo no hace más que clarificar y adaptar a la situación futura. Su respeto, anteponiendo el bien y el interés común al bien y el interés individual, es una de las tareas más difíciles de las empresas familiares. El protocolo es, entonces, la expresión de la conciencia de la enorme responsabilidad social que representa decidir sobre una porción de la riqueza colectiva que se nos ha confiado y que tiene enormes repercusiones sobre los stakeholders (públicos) internos, empleados y familias y sobre los externos, actores y recursos colectivos que conforman el medio ambiente natural y humano. De ahí la importancia de la formación ética de los ciudadanos que por herencia acceden a un poder empresarial que debe generar responsabilidad integral y cumplir una clara función social. Mauricio Molano Consultor y empresario Definir una idea clara de lo que es el hombre y la naturaleza humana es el punto de partida de cualquier compromiso”.

Siga bajando para encontrar más contenido