En eventos deportivos la ganancia para la sede no es solo en dinero

Organizadores de los Juegos Suramericanos de Medellín no dudan de la 'rentabilidad' de las justas y advierten que ya se está recuperando la inversión.

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marzo 23 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-23

Docenas de medallas de oro para Colombia y 320.000 millones de pesos después, ¿cuál es la ganancia de una ciudad que como Medellín lleva a cabo un megaevento como los JuegosSuramericanos?

Esa suma fue la inversión para las justas que avanzan en la capital de Antioquia, siete veces más que los 45.000 millones previstos en el 2006, cuando la ciudad ganó la sede, por la cual competía con Santiago de Chile.

Mientras Colombia lleva alrededor de 60 medallas de oro, no falta quien recuerde la deuda de 30 años de Montreal tras los Olímpicos de 1976, o la subutilización de los escenarios de Sidney 2000 o Atenas 2004.

Se trata de un asunto en el que los economistas no se ponen de acuerdo, al punto que el Fondo Monetario Internacional (FMI) les encargó a algunos de sus analistas que lo evaluaran, teniendo en cuenta que cada vez más ciudades del mundo en desarrollo se convierten en anfitrionas, como los Olímpicos de Pekín en el 2008, el Mundial de Fútbol de este año en Suráfrica o los Olímpicos de Río en el 2016.

Entre tanto, Medellín avanza con los suramericanos mientras el país se alista para el Mundial Sub-20 de fútbol, el año entrante. Para Medellín, la alta inversión se justifica, no duda en asegurar Alicia Eugenia Vargas, directora de los Juegos, y menciona los 20 mil empleos directos que se generaron y la infraestructura deportiva que se construyó, la cual supera, incluso, a muchas de otros países del continente.

A eso se suman los 621 apartamentos que hoy ocupan cerca de 3.500 deportistas en la Villa Suramericana y que luego servirán de vivienda para familias de escasos recursos de la ciudad. Vargas agrega que la ocupación hotelera en la ciudad iba el viernes en el 82 por ciento, cifra "excelente pues teníamos como meta el 70 por ciento". Así mismo, está el reconocimiento internacional, algo que en principio es difícil de medir.

La visión de Vargas coincide con la de los economistas que están a favor de invertir en este tipo de eventos, pues consideran que sí hay impactos positivos, como el mejoramiento de la competitividad, o de la infraestructura vial y de comunicaciones, de los que luego se beneficia toda la población. Además la ciudad anfitriona queda en las mentes de los seguidores del deporte y se puede convertir en un destino vacacional.

A eso se suman beneficios intangibles como el orgullo y el sentido de comunidad de los habitantes de las ciudades anfitrionas o el 'vitrinazo' que, como dice el comercial, no tiene precio. Como lo sostiene el libro Soccernomics (economía del fútbol) de Simon Kuper y Stefan Szymanski, puede que en efecto "un país no se vuelva rico por ser anfitrión de un evento deportivo, pero al menos es feliz" y eso es algo que los economistas no han podido medir.

Incluso, hay quienes ven un nexo de los eventos con el libre comercio. Andrew K. Rose, quien investigó el tema para el FMI, encontró que tanto los países que han sido anfitriones de los juegos olímpicos y de los mundiales de fútbol, como los que han intentado serlo, envían una señal de que son abiertos al intercambio de bienes y servicios.

Esta relación la justifica en hechos como que dos meses después de que en julio del 2001 a Pekín le asignaran los Olímpicos del 2008, China concluyó sus negociaciones para entrar la Organización Mundial del Comercio (OMC). Roma ganó la sede de los Juegos de 1960 en 1955, año en el que Italia se unió a las Naciones Unidas y a las negociaciones del Tratado de Roma, predecesor de la actual Unión Europea. Algo similar le ocurrió a México cuando realizó el Mundial de 1986, año en que se unió al Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles (GATT), que antecedió a la OMC.

"La apertura comercial de un país, así como los megaeventos deportivos son sucesos costosos y poco frecuentes, pero se complementan, pues los beneficios de largo plazo del libre comercio pueden compensar los costos de organizar las competencias", opina Rose.

Escenarios para más eventos

Andrew Zimbalist, uno de los economistas que evaluaron el tema para el FMI, concluye que las ganancias de estos eventos para una ciudad son modestas frente a los gastos y, en algunos casos, han dado pérdidas (como en los Olímpicos de Montreal en 1976, cuando la ciudad se endeudó en 10.000 millones de dólares de hoy y necesitó tres décadas para pagarlos).

A eso se suma la subutilización de la infraestructura, como la de Sydney (Australia), cuyo estadio olímpico tiene un costo de operación anual de 30 millones de dólares, o las edificaciones deportivas que se hicieron para los Olímpicos de Grecia en el 2004, que ahora rara vez se usan y, además, ocupan grandes espacios urbanos que se requieren para otras cosas.

En Medellín, frente a los temores de que los nuevos escenarios deportivos se conviertan en costosos elefantes blancos, la cabeza de los Juegos, Alicia Eugenia Vargas, explica que el Instituto de Deportes y Recreación de Medellín va a administrar cada escenario, con programas de 6 de la mañana a 11 de la noche y un presupuesto de mantenimiento. También hay acuerdos con las ligas y los clubes para que de manera articulada se puedan mantener.

Además, Medellín buscará candidatizarse para ser sede de los Juegos Olímpicos Juveniles del 2018. "Podemos aspirar a Panamericanos, Mundiales, a cualquier evento federado", insiste.

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