¿Es evitable una caída Internacional? (Opinión)

¿Es evitable una caída Internacional? (Opinión)

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julio 20 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-20

Hasta hace muy poco, los Estados Unidos pudieron mantener el crecimiento económico gracias a las consecuencias aparentemente contradictorias del manejo de la tasa de interés en la era Greenspan: una baja permanente en las tasas de interés para alentar la economía debería haber causado una salida de dólares en busca de mejores rentabilidades, con lo cual el dólar se habría devaluado, encareciendo las importaciones y estimulando las exportaciones. Esta doble presión ha debido generar brotes inflacionarios que habrían llevado a incrementar la tasa de interés, revirtiéndose así el ciclo.

El ciclo no se revirtió por las reacciones en el mismo sentido de las economías que se vieron potencialmente amenazadas: en mayor o menor medida los movimientos hacia abajo de la tasa de interés en Estados Unidos fueron bloqueados por las reacciones de los grandes Bancos Centrales del mundo. El efecto fue entonces un estímulo sostenido del consumo en todo el mundo.

El incremento en el consumo se mantuvo sin recalentar la economía mundial gracias a que en el lado de las variables reales se habían venido produciendo cambios estructurales, fundamentalmente en China y en menor medida en la India y otros países emergentes, que fueron la fuente en un principio inagotable de oferta de bienes que permitió satisfacer las necesidades de consumo.

Aunque China no nació en este boom, este generó un punto de inflexión en su desenvolvimiento económico. Solo el sistema político centralizado y autoritario chino y la existencia de un enorme ejército de reserva permitieron que por un largo período de tiempo los chinos exportaran sin importar en las mismas proporciones, acumulando así un sustancial superávit comercial. Estados Unidos y el mundo detrás pudieron mantener sus desbordados patrones de consumo y manejar un crecimiento económico sin inflación. En el margen en términos generales ese crecimiento estuvo sustentado en los estímulos a la construcción de vivienda y los servicios, causados por las tasas de interés excesivamente bajas.

A los demás no nos fue tan mal en la fiesta. También gozamos del jolgorio del consumo, pues pudimos exportar e importar más. Pero la fiesta parece haber terminado: en el margen y más allá del margen, al crecimiento de la demanda mundial ha puesto una insostenible presión sobre los precios mundiales de los alimentos y las materias primas, especialmente del petróleo. La llamada cultura del ladrillo -la burbuja de la construcción- tiene en calzas prietas al sistema financiero internacional y en el sector real ya salió de los Estados Unidos hacia Europa en las grietas de las Empresas de Construcción en España. La inflación ya está enfermando todas las economías. El dólar anda por los suelos frente a casi todas las monedas con la excepción del yuan, que aunque ya borró a Mao de algunas emisiones de billetes sigue pegado al dólar.

Las preguntas son entonces varias: ¿estamos simplemente frente a una crisis causada por el recalentamiento de la economía estadounidense, manejable con acciones de la Reserva Federal sobre las tasas de interés, al compás del crecimiento de la economía y la inflación estadounidense, o por el contrario, estas medidas poca mella le hacen a los precios de los alimentos, las materias primas y el petróleo?. ¿Cuánto tiempo más resiste Europa y el mundo con su moneda apreciada?, ¿Hasta dónde y hasta cuando China puede mantenerse tras bambalinas en el manejo de los tipos de cambio mundiales?. ¿En donde tiene que producirse la recesión que refleje y equilibre el verdadero peso de las economías mundiales. La última pregunta, esa sí con respuesta conocida: ¿será posible que nosotros, el resto de las economías mundiales y en particular la colombiana no suframos de manera severa las consecuencias del guayabo generado por la larga embriagues mundial de los intereses bajos?

Todo parece indicar que es inevitable una recesión que refleje el cambio en el peso relativo de China y otros actores emergentes en la economía mundial. Y por su debilidad relativa todo apunta a que el epicentro sea Europa.

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