Evo se la juega

Con la convocatoria de un referendo revocatorio, el presidente de Bolivia podría salir de la crisis, o profundizarla con consecuencias muy graves.

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mayo 14 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-14

LA PUJA POR EL PODER en Bolivia tomó un inesperado rumbo esta semana: el presidente Evo Morales acogió la idea de llevar a cabo un referendo revocatorio. Es decir, que el electorado se pronuncie sobre si debe o no culminar su período presidencial. La consulta se realizará el 10 de agosto y, además del mandato de Morales, definirá la permanencia en el poder de los prefectos (gobernadores) en las nueve provincias que componen el país.

Con la inesperada jugada, el presidente Evo Morales busca poner fin a la crisis causada por su derrota en el referendo de autonomía de Santa Cruz. Pero se trata de una apuesta peligrosa, pues el Presidente está contra la pared tras la victoria del referendo de autonomía en Santa Cruz y por la posibilidad de que otras cuatro provincias sigan el mismo camino.

Morales piensa que una derrota contundente de la revocatoria restablecería la legitimidad y la fortaleza de su mandato y le permitiría avanzar en las reformas que ha propuesto. Y le apuesta, de paso, a que se les revoque el mandato a unos cuantos de los prefectos que son hostiles a sus intereses, y que son la mayoría: seis de los nueve gobernadores son opositores. Si pierden, tendrían que abandonar sus cargos de manera inmediata y el Presidente cuenta, según la ley aprobada, con la facultad de nombrarles un reemplazo temporal.

"Morales se ha montado en la iniciativa de revocatoria pues su popularidad es muy alta y está convencido de que ganará", le dijo a CAMBIO Adam Isacson, del Centro para la Política Internacional, con sede en Washington. De acuerdo con el último sondeo de la firma Ipsos, el mandatario cuenta con el apoyo del 56 por ciento de los bolivianos.

Dado que las reglas aprobadas por el Congreso para la revocatoria exigen un número de votos superior al obtenido por el Presidente o los prefectos en las elecciones de 2005 (el 53 por ciento de los sufragios en el caso de Morales), el Presidente cuenta con una posición sólida. Sobre todo porque las normas también exigen que para que sea efectiva la revocatoria esta debe superar también el número de votos obtenidos en estos comicios. En total, más de un millón y medio de votos, algo difícil de alcanzar en una consulta popular.

Morales, además, está en una encrucijada. La reforma constitucional que se aprobó en noviembre de 2007, y donde están las herramientas para adelantar los cambios que pretende, está en el limbo pues la oposición -que no participó en su redacción- la desconoce. De hecho, según las encuestas, sería derrotada en caso de ser sometida a votación popular en estos momentos. Y no puede tampoco desconocer los resultados en Santa Cruz y otros que reclaman más autonomía. Sobre las dificultades de gobernabilidad, es elocuente el hecho de que los cuatro gobernadores de las provincias que quieren realizar referendos se negaron a asistir el lunes pasado a una cita organizada por Morales para dialogar sobre sus exigencias.

El referendo revocatorio, por lo tanto, le podría servir en varios frentes. Si llega a ganar, tendría nuevos bríos para empujar la reforma constitucional y dejaría en el congelador el tema de la autonomía. De acuerdo con Kathy Ledebur, de la Red Andina de Información, en Cochamba, varios prefectos de la oposición se molestaron por la aprobación de la ley de revocatoria, lo que -agrega- "demuestra fisuras entre los antagonistas de Evo".

Pero la oposición hace otros cálculos. Por un lado, dan por descontando que los prefectos aliados saldrán airosos de las consultas pues son muy populares en sus respectivas regiones. Y creen que la crisis institucional que vive el país -una seudoparálisis legislativa y ejecutiva- está afectando a Morales, que no ha podido cumplir sus promesas de campaña.

De diciembre a la fecha, la popularidad de Evo ha caído casi ocho puntos y por lo tanto estaría muy cerca del umbral que exige el referendo revocatorio: el 53 por ciento. Si es derrotado en el referendo tendría que convocar elecciones nacionales en un plazo máximo de 180 días. El problema de fondo, según Ledebur, es que si bien la consulta popular deja entre el tintero los temas que venían dividiendo a la sociedad boliviana -la reforma constitucional y  la autonomía de las provincias- evade el tema de fondo.

"La iniciativa puede servir para disipar conflictos que estaban pendientes, pero hará muy poco para solucionar las causas que los desataron", dice la analista. Y peor aún, "es probable que las figuras centrales en esta historia -Evo, los prefectos de la oposición- salgan airosos de sus consultas. Por lo tanto se corre el riesgo de que se arraiguen en la posición inflexible que han mantenido hasta la fecha", sostiene Ledebur.

A eso se suma el efecto "Chávez", que ha prometido intervenir si sospecha que le están tratando de robar el poder a su incondicional aliado. Un panorama nada alentador para un país que se ha especializado en realizar consultas populares y que viene dando tumbos institucionales desde hace casi 10 años.

El referendo es visto por unos y otros como un camino para afianzarse en el poder. Pero si no logra solucionar nada, el convulsionado país quedará en la misma situación de hoy, pero con tres meses más de tensiones y disputas.

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