Exportaciones colombianas siguen creciendo como la espuma a pesar de restricciones impuestas por Venezuela

En abril, los empresarios colombianos vendieron a Venezuela US$369 millones, 86% más que en el mismo mes del 2007; en marzo, los despachos sumaron US$294 millones.

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mayo 23 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-23

Esta última cifra, constituye un 43 por ciento por encima de los registros de un año atrás, según información de la Cámara Colombo Venezolana.

Las limitaciones e inconvenientes para llegar al importador y al consumidor venezolano no son pocas, de acuerdo con un sondeo realizado por la Cámara en la primera quincena de abril a 48 empresas afiliadas que aportaron el 24 por ciento del total exportado el año pasado y que representan sectores que contribuyeron con el 80 por ciento de la facturación total.

Para empezar, el 69 por ciento de las firmas encuestadas respondieron que sus exportaciones han empeorado en lo corrido del año debido a los inconvenientes con trámites y requisitos. La facturación solo ha mejorado para el 17 por ciento de las empresas.

No sobra recordar que en marzo pasado el Gobierno venezolano expidió una lista de bienes prioritarios y no prioritarios. En esta última quedaron 2.200 partidas arancelarias que van desde productos químicos y cosméticos, de madera, de papel y cartón hasta textiles y confecciones y maquinaria y equipo.

El 83 por ciento de los exportadores con productos no prioritarios están en una situación poco favorable y el importador enfrenta dificultades para obtener los obligatorios Certificados de No Producción o Producción Insuficiente (CNP?CPI), para lo cual debe cumplir 14 requisitos.

En algunos casos, señala la Cámara Colombo Venezolana, la expedición del Certificado supera los 120 días, en otros, como frutas y confitería, han sido negados por inconsistencias mínimas y, en otros, el Ministerio del ramo hasta exige estudios de mercado para justificar la importación.

Superado ese paso, viene el no menos azaroso proceso de Autorización de Adquisición de Divisas (AAD) para pagar la importación, que en algunos casos ha llevado a empresas a cancelar los despachos con los consiguientes efectos negativos en sus balances.

Según el sondeo de la Cámara, 79 por ciento de las empresas tienen AADs pendientes de aprobación que suman más de 95 millones de dólares. Más de la mitad de las firmas tiene Certificados con retrasos de entre uno y tres meses, pero hay casos de más de seis meses. (Además, se estima que los AADs pendientes para importaciones desde Colombia superan los 750 millones de dólares).

Surtida esa diligencia es necesario obtener la orden de pago. El 85 por ciento de las empresas tienen órdenes pendientes por exportaciones ya efectuadas que superan 105 millones de dólares.

Las demoras más comunes están entre cuatro y seis meses, pero  eventualmente llegan a 10 meses. La Cámara estima que las órdenes de pago pendientes para Colombia están por encima de 830 millones de dólares.

Con esa situación tan complicada y no exenta de riesgos ¿por qué los colombianos siguen despachando al país vecino en magnitudes tan importantes, incluso después de la crisis política originada por la muerte de Raúl Reyes el primero de marzo en territorio ecuatoriano?

Hay varias explicaciones: la facilidad para exportar por vía terrestre, el buen conocimiento que se tiene de ese mercado, las relaciones muy estrechas entre la mayoría de exportadores e importadores, el posicionamiento entre los consumidores de algunas marcas colombianas (Leonisa, Alpina, Boots and Bags, entre otras).

Por supuesto, también está el hecho de que algunos productos colombianos solo se venden en el mercado venezolano, lo que se califica como una dependencia de mucho riesgo, y lo principal: el margen de ganancia es lo suficientemente alto como para animar al exportador a ?sufrir? los inconvenientes y demoras señaladas.

La utilidad obtenida en la operación exportadora, comentan conocedores del negocio, compensa con creces las dificultades originadas en los más de 36 requisitos que se deben cumplir desde el momento en que se piensa hacer la exportación (la importación en el caso del empresario venezolano) hasta el momento en que efectivamente se recibe el pago.

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