Los fabricantes de 'makarapas' trabajan a su máxima capacidad

A menos de 90 días de que inicie el Mundial de Fútbol de Sudáfrica, los fabricantes de estos cascos típicos parecen no dar abasto para suplir una demanda sin precedentes.

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marzo 23 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-23

Bajo una atmósfera de reggae, los artistas dibujan futbolistas en los cascos coloreados en un taller de Johannesburgo, donde el ambiente es distendido a pesar del ritmo de trabajo: hay que terminar miles de makarapas antes de la inauguración del Mundial.

En un rincón del cuarto, un brazo robot moldea en minutos las formas de este original casco, uno de los pilares del folclore del fútbol de Sudáfrica, así como las vuvuzelas, estruendosas trompetas de plástico. Atrás han quedado los días en que los aficionados durante varias jornadas confeccionaban su propio makarapa con los colores de su equipo.

Con el Mundial, que se celebrará del 11 de junio al 11 de julio, la demanda es tal que el arquitecto sudafricano Paul Wygers tuvo una idea inteligente: una máquina para cortar los cascos. "Hay dos etapas difíciles en la producción: el corte y la pintura. Si reducíamos el tiempo de corte, podríamos pintar más rápido", dice.

Con el Mundial, otra empresa también lanzó la producción industrial de estos cascos simplificando su proceso. Se encarga de imprimir etiquetas adhesivas de color para cada equipo en lugar de pintura. Sin embargo, algunos sudafricanos se quejan de la fabricación a gran escala. "Es muy doloroso ver que alguien ha hecho negocio", explica Sadaam Maake, que ha creado su propia makarapa del Kaizer Chiefs.

El joven emprendedor Wygers, conocido por haber diseñado el edificio del Tribunal Constitucional, emblema de la nueva Sudáfrica, señaló que la producción industrial genera muchos puestos de trabajo. "Lo que me atrajo de los makarapas es el lado artístico y también el aspecto social: crea puestos de trabajo, porque la mayoría de la gente es desempleada", añade el empresario.

Se incorporaron 35 personas a su pequeña empresa, entre ellos Manuel Ndindi, responsable desde hace dos meses y medio del acabado. Antes de conseguir este trabajo, el joven estaba pintando en su casa. Ahora trabaja hasta seis días a la semana, incluso algunos domingos. "Los días están contados antes del Mundial", concluye.

Un casco de protección

La idea original del casco era proteger a los aficionados de las botellas que se arrojaban hacia el público en los estadios, cuando el fútbol era una salida para la población negra oprimida bajo el Apartheid.

Fue un seguidor del Kaizer Chiefs, uno de los clubes de Soweto, quien tuvo la idea de cortar y decorar uno de estos cascos en los años 70.