Falacias: ¿deben creerse?

En ocasiones desconcierta la interpretación de algunos analistas y del Gobierno sobre el estado del país y de la economía.

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julio 02 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-02

Por ejemplo, haber involucionado de un crecimiento del 7,5 por ciento en el año 2007, al 2,5 por ciento en el 2008, y a tasas negativas o cercanas a 0 por ciento proyectadas para el 2009, les parece un resultado que se encuentra dentro de los parámetros de lo normal y los llena de optimismo. Que la tasa de desempleo se encuentre en el 11,9 por ciento y la tasa de subempleo por las nubes, son hechos que también se encuentran dentro de los parámetros normales. Que el déficit de cuenta corriente durante el 2008 estuviese en un porcentaje cercano al 7 por ciento y que en el primer trimestre de 2009 ya alcance el 0,9 por ciento, con una caída promedio de las exportaciones e importaciones cercana al 15 por ciento, se encuentra dentro de lo previsible. Que las remesas de los colombianos desde el exterior puedan bajar cerca del 10 por ciento para este año y las salidas de utilidades de las empresas multinacionales sean aproximadamente iguales a la evolución de estas remesas, es loable. Que el Ministerio de Hacienda pronostique para el 2009 y el 2010 un aumento notable en el déficit fiscal parece simplemente una información sin ninguna importancia. Que en el primer trimestre de 2009, con respecto al 2008, la cuenta de capitales muestre una caída en el crecimiento de la inversión extranjera directa, un aumento en la de capital de portafolio o ‘golondrina’, y que las proyecciones sean que no alcanzará para financiar el déficit de cuenta corriente, les parece normal. Que el aumento del endeudamiento externo sea una realidad frente a una caída hasta ahora no muy delicada de las reservas internacionales, tampoco es motivo de preocupación. Que aumenten los índices de pobreza es aún menos importante y que el número de desplazados por la violencia económica y política, así como que los niveles de desigualdad nos coloquen como uno de los países líderes en Latinoamérica y en el mundo, es secundario. Que la política externa comercial se encuentre sujeta al comportamiento cada vez más cuestionado de la evolución del cumplimiento de los Derechos Humanos en Colombia, son simplemente factores internos que poco influirán en el contexto nacional. Que nos comportemos como en la ‘Patria Boba’, donde el único tema de interés es el de si un presidente, que ya cumplió su ciclo, debe reelegirse a toda costa, aunque las instituciones y el equilibrio de los poderes públicos sea cada día más inestable, es un signo de madurez política. Con déficit de cuenta corriente; déficit fiscal, sin posibilidades que los ingresos de capitales los financien; aumento en la deuda externa, disminución de las reservas; aumento del desempleo; subempleo; desigualdad; contratos de estabilidad jurídica a las multinacionales, que las hace inmunes a la crisis; deterioro institucional; cada vez menos democracia y con retrocesos en la seguridad, dicen que podemos recuperar el optimismo sobre el futuro. ¡Falacias que deben creerse! Ellos son los que saben. Hay que tener cuidado con los que no entienden su impecable lógica. Son amargados que no aceptan la existencia de un ‘Mundo Feliz’. Duro con esos pesimistas: minoría de iletrados, intelectuales de pacotilla. '' Que el aumento del endeudamiento exter- no sea una realidad frente a una caída hasta ahora no muy delicada de las reser- vas internacionales, tampoco es motivo de preocupación.WILABR

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