Fallas médicas de la década pasada le costaron a la Nación unos $3.200 millones

Los pagos llevados a cabo, entre el 2005 y el 2008, son orden del Consejo de Estado que ha decidido al menos 15 condenas. Ese tribunal advierte que la problemática sigue.

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julio 01 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-01

En los juzgados administrativos están en curso miles de demandas similares producto de errores en la atención médica en entidades del Estado.

Lo más grave, advierte el Tribunal, es que esa problemática no parece haberse corregido con los años, como lo señala el análisis de nuevas demandas que están entrando al sistema.

De hecho, cálculos del Ministerio de Justicia señalan que el 60 por ciento de demandas contra el Estado tiene que ver con salud y pensiones. Son unos 90 mil procesos, que además tienen un indicador crítico: de cada 10 procesos el Estado pierde en siete.

La magistrada Myriam Guerrero, presidenta de la Sección Tercera del Consejo de Estado, explica que las quejas más frecuentes se deben a mal funcionamiento o ausencia de equipos hospitalarios, error en el diagnóstico y fallas en el personal.

La Nación ha sido condenada por casos como extracción del útero sin consentimiento, diagnóstico de enfermedades terminales a pacientes sanos y partos mal atendidos.

Para establecer las condenas, los magistrados tienen en cuenta si el caso tuvo una buena oportunidad de atención, si se utilizaron los medios de diagnóstico adecuados y si hubo consentimiento informado. Cuando esos procedimientos no se surten, los costos para el Estado son millonarios. Por ejemplo, cuando un paciente muere la condena de la que se parte es de 100 salarios mínimos vigentes (40 millones de pesos).

El mismo Ministerio de la Protección Social señaló en un reciente informe que 18 de cada 100 personas que son atendidas en hospitales son víctimas de errores médicos, aunque la mayoría de casos no llega a mayores.

Testimonio

Después de 18 años de batalla legal, la familia de María Arredondo siente que por fin le hicieron justicia.

Ella ingresó en abril de 1990 al antiguo hospital Universitario de Caldas, en Manizales, con un dolor intenso en el brazo derecho. Pero apenas unas horas después salió de ese centro médico sin vida.

Un estudiante de medicina que la atendió inicialmente dejó constancia de que la mujer tenía una luxación en un hombro, por lo que el ortopedista de turno le aplicó anestesia. Como el dolor era cada vez más fuerte le suministraron una dosis mayor y María quedó sedada y acostada en una camilla.

Pero lo que empezó como un caso más de rutina terminó en tragedia. Cuando el ortopedista se retiró la mujer tuvo una reacción súbita y se cayó de la camilla. Pasó de tener un hombro luxado a un trauma cráneo encefálico leve-moderado, que se agravó porque no había un neurocirujano que atendiera la emergencia. María falleció ese día.

Por ese caso, el Consejo de Estado acaba de condenar a la Nación a pagar 529 millones de pesos.

"Luego de revisar el material probatorio se encontró probada la falla del servicio (...) y el daño por sedar a la paciente en una mesa y realizar el procedimiento sin las medidas de seguridad requeridas en los casos de anestesia y por la omisión en el tratamiento neurológico", concluyeron los magistrados de la Sección Tercera.

La cifra que le debe pagar la red pública de hospitales de Manizales a la familia Arredondo -compuesta por su esposo, siete hijos, su padre y madre, así como seis de sus hermanos- se suma a los millonarios recursos que ha tenido que desembolsar la Nación por errores médicos y de atención en la red pública de hospitales del país.

No estaba enfermo de sida

Wilson se enteró en 1990 que convivía con el VIH después de que el hospital Fernando Troconis, en Santa Marta, se lo confirmó con los resultados de una prueba.

Para estar totalmente seguro, se envió una muestra al Instituto Nacional de Salud (INS), en Bogotá, donde fue confirmado el diagnóstico. Un año después se volvió a practicar la prueba en ese hospital y de nuevo se envió al INS. En los dos lugares le confirmaron la noticia.

Sin embargo, a pesar de los resultados, Wilson, peluquero profesional, seguía teniendo dudas. Fue a un laboratorio particular en Barranquilla y el examen salió negativo. Se lo hizo otras dos veces y le salió negativo.

Para salir de dudas regresó al Hospital Fernando Troconis y la prueba arrojó negativo. Al final se concluyó que las primeras pruebas tenían errores técnicos. El Consejo de Estado les ordenó en el 2005, tanto al hospital como al Instituto Nacional de Salud, pagarle 130 salarios mínimos mensuales (50 millones de pesos de la época).

Aborto sin autorización

A Emilse se le acabó la esperanza de tener un hijo en 1993, cuando un médico de un hospital público de Sincelejo no solo le extirpó su útero sin su autorización, sino que le hizo un aborto del niño que estaba esperando y que ya tenía 12 semanas de gestación.

Su drama comenzó cuando ese año, un médico del Instituto de Seguros Sociales le diagnosticó que había tenido un aborto y que esa era la razón de un intenso dolor y sangrado constante.

El médico le practicó una limpieza y meses después le hizo una cirugía para retirarle unos quistes en los ovarios, pues ella quería tener un hijo. No obstante, después se enteró con otro examen que no solo le habían quitado el útero, sino que había "cegado la vida del feto que se desarrollaba dentro de la matriz".

El Consejo de Estado decidió este año que la entidad debía pagarle 115 millones de pesos por el daño que le causó a la mujer el error.

Un parto mal atendido

La familia Zapata esperaba el quinto hijo de Luz Amparo. Eran las 3 de la tarde del 4 de noviembre de 1994, cuando ella y su esposo se acercaron al Hospital Nazareth, de Quinchía (Risaralda), para llevar a cabo un monitoreo, pues ya estaba por los días en que debía nacer el niño.

El médico que la trató le dijo que "estaba pasada de tiempo" y le recomendó que lo mejor que podía hacer era irse para Pereira, con el fin de que la examinaran.

Sin embargo, no había ambulancia, por lo que la devolvió a la casa con la advertencia de que si tenía dolores intensos debía regresar al centro hospitalario.

Cinco horas y media más tarde Luz Amparo tuvo que regresar. El médico que estaba de turno le dijo que se preparara porque a la madrugada iba a tener el parto.

Horas más tarde, las contracciones eran muy fuertes y la mujer le dijo a un enfermero que llamara al médico. Sin embargo, no lo hizo. Solo le comentó que se trasladara a la silla de partos. Esto, como se comprobó después, impidió que naciera el niño, que murió por hipoxia perinatal.

Cuando apareció el médico la remitió al Hospital Universitario San Jorge, de Pereira, donde le dieron la mala noticia. Este año, el Consejo de Estado ordenó al Hospital Nazareth el pago de 207 millones de pesos a la familia Zapata Clavijo por la muerte del niño.

Problemas con el sistema de salud

Para Juan Mendoza Vega, presidente del Tribunal de Ética Médica, los errores no siempre son de los médicos, sino que se originan en el sistema de prestación de servicios de salud.

"Las tutelas evidentemente aumentan las cifras de errores, pero no porque los médicos los cometan, sino porque hay vicios en el sistema o la organización que tenemos. Por ejemplo, las EPS suelen no hacer ciertos tratamientos, sino únicamente cuando se instaura la tutela", indicó Mendoza Vega.

Por ello, agrega, es necesario hacer cambios al sistema de salud, "buscar en dónde está la fuente de los errores, si por ejemplo la mayoría son demoras de tratamiento o no entrega de medicamentos porque son muy caros o no están en el POS y si es por esas cosas que se ha tenido que pagar indemnización, hay que revisar el sistema".

Rodrigo Córdoba, presidente electo de Sociedades Científicas, indica que los actos médicos son actos humanos y por eso pueden tener equivocaciones, pero opina que en la actualidad hay condiciones que hacen menos favorable la labor de los galenos.
"Por ejemplo el tiempo y la exigencia de un volumen más alto de pacientes, que aumentan el riesgo de cometer errores", afirmó Córdoba.

Y la razón de esos problemas, dice de acuerdo con Mendoza, es el actual sistema de salud, "que requiere una mirada profunda".

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