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Falta de confianza

Falta de confianza

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septiembre 18 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-18

Los fuertes vaivenes sufridos por los mercados financieros internacionales, así como la caída de la bolsa y el repunte del dólar en Colombia, han relegado a segundo plano otros temas que, no por urgentes, dejan de ser importantes. Uno de ellos es lo sucedido en la Fiduagraria, cuya presidenta debió dejar el cargo después de que El Tiempo revelara que miembros de su familia tenían intereses en varios proyectos de palmicultura acusados de vínculos con jefes paramilitares. Si bien la reputación técnica de la funcionaria saliente era buena, el episodio vuelve a poner de relieve la inconveniencia de que el Estado siga teniendo participación en sectores que debería haber abandonado hace tiempo. Quien lo dude no tiene más que mirar la costosa experiencia de la crisis financiera de finales de la década pasada, durante la cual el rescate de los bancos públicos costó el equivalente de varios puntos del Producto Interno Bruto.

Y el tema no acaba ahí. Desde hace meses abundan los rumores sobre el manejo politiquero del que viene siendo objeto la Fiduciaria La Previsora, cuyo presidente es "ficha" de al menos un senador afecto al Gobierno. A la larga lista de profesionales que ha abandonado la entidad por no tolerar que los criterios que primen no sean los técnicos, se ha agregado la llegada de personas cuya principal carta de presentación es la de tener un padrino poderoso.

Lamentablemente, la historia muestra que tarde o temprano esa práctica acaba en escándalos que le cuestan recursos millonarios al fisco, ya sea por corrupción o incompetencia.

Alguien podría decir que eso no va a ocurrir en estos casos. De hecho, tanto Fiduagraria como Fiduprevisora muestran buenos resultados, con utilidades de 3.624 y 7.830 millones de pesos al cierre del primer semestre del 2008. Por otro lado, ambas tuvieron un aumento cercano al 18 por ciento en sus ingresos totales, casi siete puntos porcentuales por encima del sector como un todo. No obstante, mientras los gastos totales de las 26 fiduciarias que están bajo el control de la Superintendencia Financiera crecieron 5,1 por ciento en el período mencionado, los de Fiduagraria lo hicieron en 15,9 por ciento y los de La Previsora tuvieron un alza del 18,5 por ciento. Seguramente habrá explicaciones para justificar tales saltos, pero lo cierto es que bajo los criterios de rentabilidad, las dos instituciones están entre dos y tres puntos porcentuales por debajo del promedio del mercado.

Quizás esa sea una de las razones por la cual en algunos sectores del Gobierno se ha discutido la propuesta de fusionar a las dos fiduciarias y crear una nueva entidad más grande y con mejores estándares. Pero lo indicado debería ser venderlas. La razón es que el Estado colombiano no debería tener intereses en un sector en donde hay una amplia oferta de compañías privadas. El único obstáculo legal pero superable es el creado por la Ley 91 de 1989 que dio origen al Fondo Nacional de Prestaciones Sociales del Magisterio como una cuenta especial de la Nación, con independencia patrimonial, contable y estadística, sin personería jurídica, pero que exigió que los recursos sean manejados "por una entidad fiduciaria estatal o de economía mixta, en la cual el Estado tenga más del 90 por ciento del capital". Hoy esos dineros son administrados por La Previsora que gracias a su posición de relativo monopolio cobra más de lo que se acostumbra por negocios de este tipo.

Así las cosas, de seguir primando los nombramientos por motivos políticos, un descalabro es cuestión de tiempo. De hecho, Fiduagraria estuvo involucrada en el escándalo que se destapó cuando decenas de miles de millones de pesos de las regalías fueron invertidos en proyectos de dudosa factura. Si bien en ese caso el contrato elaborado resistió los análisis jurídicos, la pregunta es por qué ninguna de las fiduciarias privadas fue contactada por los promotores del desfalco. Por lo tanto, para evitar la búsqueda de más respuestas, sería mejor que el Estado se saliera de un área en la cual su presencia no inspira necesariamente confianza.

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