Falta inserción comercial en la Cuenca del Pacífico

En tiempos de crisis económica en Estados Unidos, Europa y Japón, son los países emergentes asiáticos, encabezados por China, quienes le están imprimiendo dinámica a la economía mundial.

Falta inserción comercial en la Cuenca del Pacífico

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Falta inserción comercial en la Cuenca del Pacífico

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mayo 01 de 2013 - 11:09 p.m.
2013-05-01

El estancamiento de los primeros y el rápido desarrollo de Asia continúa cambiando la arquitectura del comercio global e inclinando el eje hacia el Pacífico. Paralelamente, las naciones latinoamericanas han tenido, en años recientes, un crecimiento económico intermedio, jalonado por las exportaciones de materias primas, en su mayoría demandadas por un Asia sedienta de recursos: petróleo y ferroníquel colombiano, cobre chileno, carne y cereales argentinos, etc.

Sin embargo, nuestras canastas exportadoras son poco diversificadas y se configura una dinámica comercial que factura importantes valores en dólares, pero que también genera pocos empleos. Para el caso colombiano, se puede decir que –exceptuando las exportaciones de café al Japón–, solo a partir del presente siglo descubrimos los mercados asiáticos, y lo estamos haciendo por medio de las ventas de petróleo, níquel, carbón y del tradicional café. En la gráfica 1 se aprecian las mayores exportaciones a los 10 principales socios del Asia:

A partir del 2008, el petróleo y sus derivados dominan la facturación, mientras que el ferroníquel y el café continuaron logrando pedidos en naciones como Corea, Japón, Australia, Singapur y Taiwán. En total, en el 2011 Colombia exportó US$3.362 millones a los 10 países asiáticos considerados, que significaron un 6% del total exportado y una tasa media de crecimiento del 25,5% anual desde el 2000. A pesar del bajo valor inicial exportado, que bordeó los US$300 millones empezando la centuria, la sed asiática por nuestros recursos primarios es elevada. Por su parte, las exportaciones de productos manufacturados (industrias metalúrgica, química y livianas) presentaron un crecimiento similar, pero los valores logrados son aún modestos: US421 millones en el 2011.

Si se contrastan los montos exportados con los importados de Asia, la situación cambia dramáticamente: en el 2011 compramos US$12.079 millones que participaron con un 22% del total importado, es decir, 3,6 veces más de lo que vendimos. La tasa anual promedio de crecimiento fue del 22% y la balanza comercial fue deficitaria para Colombia, como se ve en la gráfica 2.

En el 2011, el déficit comercial ascendió a los US$8.717 millones. Sin embargo, el problema no reside en la magnitud del déficit, sino en la calidad del mismo: los asiáticos nos venden un 98% de productos industriales –especialmente vehículos, maquinaria y equipo–, mientras que Colombia coloca un 83% de materias primas, y solo un 17% de bienes industriales y agroindustriales. En otras palabras, el patrón de comercio que tenemos con el Asia Oriental está repitiendo el mismo comportamiento que se observó en el pasado con las naciones del norte del planeta: compramos tecnología y vendemos materias primas.

Dicho patrón tiene un origen más bien reciente, pues a mediados del siglo XX Colombia tenía tanta industria como el promedio de Asia, e incluso mayor PIB per cápita que la mayoría de esas naciones. Lo que ha sucedido es que Asia oriental se ha industrializado dinámicamente, mientras que en nuestro país la industria se ha estancado, e incluso ha reducido su participación en el total del PIB. Esto tiene efectos negativos en el empleo, en el atraso tecnológico, en la dificultad para mejorar el nivel promedio de ingresos de las y los colombianos, factores que contribuyen poco a la armonía y la paz sociales.

Especialmente complicado aparece al momento la gran dificultad que experimentan nuestras empresas –distintas a Ecopetrol y transnacionales mineras– para colocar su producción exportable en China, Corea, Singapur o Japón. Los valores exportados son mínimos y la competitividad del promedio empresarial es baja. Se puede afirmar que la mayoría de exportadores sufre de ‘enanismo’. Si una cosa podemos aprender de la gran dinámica que presentan las naciones asiáticas, bien podría ser emulando el decidido apoyo que les han dado los Estados asiáticos a sus industrias, a nivel directo en décadas pasadas, e indirecto a través de la masiva formación de personal calificado, ayuda para la innovación, democratización del crédito bancario, y fuertes bases de infraestructura vial, portuaria y de servicios.

Es hora de que nuestra clase política crea en los productores nacionales –tanto como lo hace con los extranjeros minero-energéticos–; que se recupere una visión de política industrial, y que los gobiernos asignen más recursos, para, con honradez y liderazgo, apoyar el fortalecimiento de las cadenas productivas que pueden convertirse en innovadoras, generando masivamente empleo y transformándose en campeonas exportadoras: alimentos, plásticos, moda, metalmecánica, química y farmacéutica, agroindustrias y muchas otras que, sin duda, surgirán, si el liderazgo político-empresarial crea las condiciones para una participación amplia de nuestra población en la construcción del país.

Jaime Torres González
Ph. D. - Profesor, U. Jorge Tadeo Lozano.

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