No todo es falta de plata

No todo es falta de plata

Finanzas
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abril 23 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-23

Un verdadero llamado de atención es el que viene sonando esta semana en Bogotá, cuando la capital ha servido de anfitriona a un foro internacional que tiene como tema principal el de la infraestructura en América Latina. La razón no es otra que el enorme atraso de la región en un área que es definitiva para su competitividad. Tanto los sondeos hechos entre los empresarios, como las mediciones sobre los principales cuellos de botella existentes, muestran que se requiere un esfuerzo descomunal y que la brecha con otras regiones del mundo se ha venido ampliando en los últimos años. El motivo, para decirlo con claridad, es dinero. En promedio, Latinoamérica invierte unos 50.000 millones de dólares al año en construcción de plantas de energía, puertos marítimos y fluviales, carreteras, aeropuertos, sistemas de transporte urbano o redes de telecomunicaciones. Dicha cifra equivale a un 1,5 por ciento del Producto Interno Bruto regional, lo cual no sólo está por debajo del 4 por ciento registrado a comienzos de la década de los ochenta, sino que se encuentra muy lejos de lo que pasa en Asia. En Corea del Sur o India, por ejemplo, tal proporción asciende al 6 por ciento del PIB, mientras que en China se acerca al 10 por ciento. Parte de la explicación radica en el descalabro sufrido en el hemisferio hace tres décadas, cuando tuvo lugar la crisis de la deuda externa. En ese momento y con el fin de pagar sus acreencias, los diferentes países se vieron obligados a recortar sus presupuestos, con lo cual el monto destinado a inversiones públicas se redujo. Dicho faltante trató de ser compensado con la venta de empresas y con la llegada de capital privado a actividades que antes eran exclusivas del Estado, como la generación de electricidad o la construcción de carreteras. Si bien el cambio en las reglas de juego permitió la llegada de 474.592 millones de dólares de fondos privados entre 1990 y 2007, según el Banco Mundial, dichas sumas no fueron suficientes. De un lado, la mayor parte se concentró en telecomunicaciones gracias al auge de la telefonía celular, mientras que el ramo de agua y saneamiento básico recibió apenas una fracción de lo gastado. Del otro, muchos gobiernos disminuyeron todavía más sus aportes, con el argumento de que los presupuestos podían ser designados a otras prioridades. Por tal motivo, es necesario volver a centrarse en la provisión de infraestructura. Norman Anderson de CG/LA Infraestructure, una firma con sede en Estados Unidos, calcula que ya hay comprometidos unos 450.000 millones de dólares con este fin entre 2011 y 2015, en los principales países de América Latina. A primera vista, esa cifra confirma que existe una mayor dinámica, pero aun así es necesario hacer mucho más. En números gruesos, la región debería gastar entre 130.000 y 180.000 millones de dólares al año para empezar a recuperar el terreno perdido. Por otra parte, hay grandes disparidades entre países individuales. Y es que mientras Chile se encuentra dentro del promedio asiático y planea girar para este fin unos 42.000 millones de dólares hasta mediados de la década, Argentina y Venezuela están en la retaguardia con menos del 2 por ciento de su PIB destinados a obras, entre otras razones, porque no logran atraer capitales privados. Por su parte, Brasil hará un gran esfuerzo, de unos 229.000 millones de dólares, impulsado entre otras razones por la necesidad de cumplir los compromisos adquiridos para la celebración de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro y del Mundial de Fútbol. En lo que hace a Colombia, el cálculo es que las inversiones serán de unos 33.000 millones de dólares, lo cual no es una suma despreciable. Sin embargo, hay que redoblar esfuerzos. El desafío es que las estrecheces presupuestales siguen siendo una constante, con lo cual es indispensable buscar el respaldo del sector privado. Pero para que las cosas funcionen bien, el sector público juega un papel fundamental a la hora de estructurar bien los proyectos y expedir normas estables y claras. De lo contrario, las tasas de retorno exigidas serán muy altas o no será posible acceder a fuentes ideales, como los fondos de pensiones. Ese es un consejo que Colombia debería seguir si quiere conseguir las carreteras o los puertos que desesperadamente necesita a un precio justo y en plazos razonables. El reto no sólo es de plata, sino de instituciones. Los principales países de América Latina gastarán unos 450.000 millones de dólares en infraes- tructura entre 2011 y 2015, pero si quieren más deben mejorar la calidad actual de sus instituciones.ANDRUI