"La Federación es una institución muy costosa": Echavarria

Privatizar la industria cafetera del país y terminar con la actual Federación Nacional de Cafeteros propone Juan José Echavarria, director de la misión cafetera que el presidente Juan Manuel Santos integró para realizar un estudio general sobre la industria cafetera nacional.

“No más papá Estado para el mundo cafetero”, pide Echavarría.

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“No más papá Estado para el mundo cafetero”, pide Echavarría.

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mayo 17 de 2015 - 03:02 p.m.
2015-05-17

Echavarría, excodirector de la Junta del Banco de la República, empleó dos años junto a ocho comisionados más, y con expertos investigadores, para estudiar el funcionamiento del mercado del café.

“No más papá Estado para el mundo cafetero”, pide Echavarría.

“La Federación es un exportador ineficiente que utiliza su poder oligopólico para fijar un precio bajo de compra de café”, dice Echavarría, en un descarnado análisis de la situación cafetera del país.

La siguiente es la primera entrevista que Echavarría concede desde cuando fue nombrado jefe de la misión. Valerosamente, admite que la Federación, como está estructurada hoy, le hace daño al gremio.

“Colombia perdió su participación en el mercado mundial cafetero, pues pasamos de exportar el 18 por ciento de ese mercado, a comienzos de los 90, a solo 8 por ciento hoy. Para recuperar nuestra antigua participación, deberíamos exportar 25 millones de sacos, en lugar de los 12 millones que hoy vendemos en el exterior”.

En su opinión, ¿qué pasó?

Colombia perdió participación porque la productividad cafetera se estancó 20 años, cayó con la crisis de 2008-2009. Esa productividad creció dramáticamente en Vietnam y Brasil, y en menor medida en Perú, Honduras, Nicaragua, India e Indonesia, entre otros. Cuando terminó el Pacto Mundial Cafetero, en 1989, todos los países, excepto Colombia, desmantelaron las poderosas instituciones cafeteras existentes. Aquí conservamos una entidad que codiseña la política cafetera; mantuvimos un monopolio que compra cerca del 35 por ciento de la producción nacional, que regula y exporta al mismo tiempo, y que compite inequitativamente con el resto de productores y exportadores. Mantuvimos un mercado sobrerregulado en comparación con otros países.

¿Cuál es la salida a la actual crisis cafetera?

El presidente Santos integró la misión cafetera, que yo presidí, para realizar un estudio serio sobre el café. Comisión muy heterogénea, con visiones muy diversas sobre la caficultura del país. La secretaría técnica produjo ese documento, y ocho de sus nueve miembros lo aprobaron por estar de acuerdo “en lo fundamental”.

¿La misión proponía el marchitamiento de la Federación?

Lo que propuso en el área institucional fue separar las funciones de la Federación entre la actividad comercial y las demás. Si el gremio quiere exportar café, que lo haga, pero paga impuestos y no recibe subsidios del sector público para ello. La otra parte de la actividad gremial debería concentrarse en elevar la productividad, mejorar el servicio de extensión y promover la imagen de los cafés colombianos en el exterior. Uno de los comisionados habló incluso de convertir a la Federación en el Proexport de los cafeteros.

¿El actual sistema cafetero de Colombia funciona mal?

Parte de ese sistema funciona mal, aun cuando también debe destacarse la fortaleza de algunos de los comités regionales o de Cenicafé, el centro de investigación. Pero el arreglo institucional que hoy tenemos es el mismo de 1989, creado para un mundo diferente, un mundo con pactos cafeteros, un mundo que desapareció hace 25 años. No es el que hoy necesita el país. No me gustan los monopolios públicos ni los privados. Además, el modelo que tenemos es bastante perverso, y castiga a los productores pequeños y pobres. Beneficia a la Federación y en algunas oportunidades a los exportadores privados.

¿Los grandes beneficiados del esquema son los exportadores y no los productores?

Exactamente. La Federación es un exportador ineficiente que utiliza su poder oligopólico para fijar un precio bajo en el mercado local. No pierde dinero, pero quien paga es el pequeño productor. Lo peor es que el exportador privado va en coche y paga ese mismo precio bajo. Eduardo Lora calcula que la contribución cafetera de seis centavos de dólar por libra lleva a que el productor pobre pague por las ineficiencias de la Federación.

¿Cuánto le vale al Estado mantener la Federación?

Para cubrir el déficit del Fondo Nacional del Café, habría que duplicar o triplicar la contribución cafetera. Ello no se hace, y al Gobierno le toca cubrir el resto. El Gobierno pone más dinero que el gremio en mantener la actual “institucionalidad”.

Entonces, ¿qué hacer con lo que usted llama la “institucionalidad”?

Primero, si el gremio quiere exportar, que lo haga, como cualquier exportador privado, pagando impuestos, sin subsidios del Estado; segundo, la Federación-Fondo Nacional no puede ser juez y parte: no puede exportar y regular al mismo tiempo. Tercero, el mercado de café está hoy sobrerregulado cuando se compara con cualquier otro país del mundo. En Brasil, todo exportador puede vender en el exterior todo tipo de café, sin pedir permiso al Gobierno, sin pedir permiso a nadie. Proponemos separar cobijas: que el Estado decida la política cafetera y los cafeteros operen como cualquier otro gremio.

¿Y la Federación?

Si el gremio cafetero quiere mantenerla en su estado actual, que lo haga, pero con su dinero y no con nuestros impuestos. La Federación es una institución muy costosa, y la mayoría de los cafeteros son muy pobres.

En este momento, los cafeteros están hablando del restablecimiento del Programa de Protección al Ingreso Cafetero, PIC.

Como el que hubo, de ninguna forma. Hay un trabajo muy serio de Roberto Steiner que muestra que el 10 por ciento de los cafeteros (ricos) recibieron el 60 por ciento del PIC. Ello significa que los cafeteros pobres poco recibieron. Hay propuestas adicionales. En Brasil, por ejemplo, todo agricultor ‘paga’ el 3 por ciento de su venta agrícola, y ese dinero va a su cuenta pensional.

¿La coyuntura del retiro del doctor Luis Genaro Muñoz de la gerencia de la Federación debería ser usada para aplicar reformas que propuso la comisión?

Obviamente. Una federación que haga su trabajo en productividad, en servicio, y otra que exporte: dos mundos separados. Hay que concentrar todos los esfuerzos del mundo institucional cafetero en el tema de productividad y costos. Hay que eliminar la sobrerregulación en café. Hay que moverse en nichos especiales. Para exportar café no se requiere un semi-monopolio estatal. Hay que abrirnos más al mundo moderno del café. Hay que recuperar nuestra participación en los mercados mundiales (25 millones de sacos), pero produciendo café en forma rentable. Solo así será posible eliminar pobreza en las zonas cafeteras.

El saliente gerente de la Federación dijo que el informe de la misión cafetera que usted presidió no tenía nada nuevo…

Eso dijo al comienzo, y luego se puso furioso con lo que dijo la misión. Insultos, gritos y un manejo indebido de documentos que estaba prohibido citar.

¿Por qué fue tan peyorativo contra usted Luis Genaro Muñoz?

Parece que no le gustaron mucho las ideas de la secretaría técnica, apoyadas por la comisión. No nos gusta el cambio aun cuando sea necesario. Los tiempos del pacto cafetero nunca volverán.

¿Por qué no se ha adoptado ninguna de las propuestas de la comisión?

Recién entregamos el informe, y lo que presidente Santos quiere es una discusión amplia sobre café. Además, el impacto que tengan nuestras propuestas se verá en el 2016, cuando se firme el nuevo Contrato Cafetero. De todas formas, muchas de las reformas consideradas son dolorosas y difíciles. El gremio cafetero debe ser un gremio normal, sin prebendas ni subsidios.

¿Deberían retirarse los ministros del Comité Nacional de Cafeteros?

Claro. El Gobierno es un mal socio para los cafeteros, y aún más en las reformas de largo plazo que requiere el sector, relacionadas, por ejemplo, con cambios en productividad y con reducciones de costos. Los gobiernos piensan en períodos de cuatro años. El gremio cafetero debe independizarse, encargarse de su destino, nombrar su gerente y descentralizarse. En este momento, el Estado aporta un montón de dinero a la institucional cafetera, y no sabemos bien cuál es su destino final. El sector cafetero representa 3 por ciento del producto interno bruto (PIB) y el 5 por ciento de las exportaciones del país, y no existe razón para que cuatro ministros tomen las decisiones conjuntamente con el gremio. Pero, aún si representase el 70 por ciento de las exportaciones, ¿a quién se le ocurre pensar que debe existir una federación de petróleo a la cual asistan cuatro ministros?

¿Parece usted partidario de privatizar totalmente al sector cafetero?

Sí, claro, como cualquier gremio, como se hace hoy en la mayoría de los países cafeteros, y en todos los países cafeteros exitosos. En Brasil, hoy, los productores recuerdan como pesadilla cuando los ministros mandaban en el mundo cafetero.

¿Y eso es lo que pasa hoy en Colombia?

Sí, señor. Los cafeteros deben manejar su café. El Estado diseña la política económica, y ellos producen, compiten y exportan en un mundo muy dinámico, donde el café ya no es un bien primario normal. El Estado se debe encargar de la pobreza en las zonas cafeteras, de las carreteras y de las escuelas. Y los cafeteros, que se dediquen a aumentar la productividad, para competir en el mundo, y a utilizar la contribución cafetera para fortalecer a Cenicafé, al Servicio de Extensión y a promover los cafés de Colombia en el exterior.

¿El año entrante se vence el Contrato Cafetero, que cada diez años Gobierno y cafeteros renuevan. ¿Qué se debe hacer en su opinión?

El Contrato Cafetero es un pacto entre el Gobierno y los cafeteros a través del cual se fijan las reglas de juego del Fondo Nacional del Café, la institucionalidad cafetera y la contribución cafetera que se da a la Federación. El nuevo contrato tiene que tomar en cuenta el nuevo mundo. Ese contrato, si se firma, debe tomar muy en cuenta las recomendaciones de la comisión.

¿Acabar con la regulación de mercado cafetero?

Sí. Fijar reglas de juego claras y evitar claras incompatibilidades: quien exporta no puede regular. Se trata además de un mercado sobrerregulado. Y nos ha ido mal con respecto a un grupo relativamente amplio de países exitosos.

¿Usted cree que la Federación debe ser el gran comprador interno del café?

A mí no me gustan los monopolios públicos. Me parece un esquema muy inconveniente. Ni siquiera existen hoy en Vietnam, un país socialista.

¿Usted no quiere que la Federación compre?

Solo en aquellos lugares en que hay pocos compradores. Solo allí debe existir la llamada garantía de compra. ¿Por qué tener garantía de compra en Cartago o Pitalito, cuando allí existe un mercado muy dinámico de compradores y vendedores? ¿Y cuánto cuesta el andamiaje institucional para mantener más de 500 puntos de compra en el país? Le repito: la contribución cafetera de 6 centavos de dólar por libra no alcanza sino para financiar la mitad de lo que vale la Federación.

¿La Federación Nacional de Cafeteros debería ser una entidad privada?

Claro, y que el gremio cafetero tome en sus manos el manejo de su mundo cafetero. Como dije, los gobiernos son malos socios para la productividad.

Es decir, ¿privatizar la industria del café?

Sí. Ahora bien, puesto que existen recursos parafiscales, el Ministro de Agricultura o su delegado podría participar en algunas de las discusiones del gremio relacionadas con el uso de esos aportes estatales. ¿Usted se imagina al Ministro de Hacienda presidiendo la Andi? No más papá Estado.

¿Para usted qué es lo más importante hoy para los cafeteros?

Que el café sea rentable.Está en juego la vida digna de 500.000 familias cafeteras, muchas de ellas muy pobres. Quien logre que esta situación cambie, mediante la producción rentable de café, debe considerarse un héroe nacional.

Es decir, paradójicamente, la Federación de Cafeteros le hace daño al cafetero.

Sí. Un daño enorme. Para entenderlo basta ver lo que hacen los países exitosos: todo lo contrario de Colombia. Se malgastan muchos recursos con ese esquema y se condena a la pobreza a 500.000 familias cafeteras.

YAMID AMAT

Especial para EL TIEMPO