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Soy feliz y no tengo marido

Más allá de la mera estadística, un censo debe servirle a un país para leer los comportamientos y actitudes de su población en el mundo que la rodea. El que realizó el Dane en el 2005 era trascendental, porque 12 años que transcurrieron desde el último empadronamiento son mucho tiempo en las actuales condiciones.

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mayo 26 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-26

No sólo por el efecto de la violencia en el desplazamiento y la urbanización del tercer país más poblado de América Latina, después de Brasil y México. Hay que ver cómo cambian las percepciones en un entorno de ciudad, bajo la influencia de los medios de comunicación y el avance de la tecnología, jalonadas por la participación de la mujer en los escenarios de trabajo y por la capacidad económica. Y cómo eso transforma sus relaciones sexuales, conyugales, maternales y de pareja. Mi experiencia con la encuesta fue desalentadora. Las preguntas tocaron desganadamente la piel de nuestro grupo familiar y no profundizaron en la indagación de un conjunto de influencias más complejas como el que rodea a Bogotá. Pensé que si así era en todas partes, a un altísimo costo se iba a perder la oportunidad de conocer cómo se acerca nuestra gente a los medios, a la televisión especialmente y a sus contenidos, y cómo se apropia de instrumentos como el computador y las tecnologías de la información, definitivos en su forma de relacionarse y cuyo reporte más reciente, según la página del Dane, corresponde al 2003. Esta apreciación es parcial, claro, y para derrocarla y aclarar dudas sobre el trabajo del Dane (que ha sido distinguido como ejemplo mundial, aunque en un barrio de Barranquilla se preguntan de qué Censo estamos hablando), y de su buen director Ernesto Rojas Morales, es bueno acercarse a la página web de esta entidad. Allí se encuentran desde las fichas metodológicas hasta el perfil nacional, con un aparte muy interesante llamado “Cuentos de los que nos contaron”, donde se demuestra que Colombia es un país de países y que usted puede hallar mundos extremos en un recoveco de Bogotá o a 5 kilómetros de la capital. En este segundo país más urbano de la región, Bogotá y Medellín se consolidan como metrópolis de apartamentos y de solitarias/os: tendencias de esta nueva Colombia, con sus contradictorias estadísticas educativas, incluida su tasa de analfabetismo, y la chistosa subida del ingreso de sus habitantes. El 14 por ciento de los capitalinos viven solos, mientras el 44 por ciento de la población nacional está hecho de solteras/os. Ese es un ingrediente de otro asunto, como es que por cada matrimonio haya una unión libre y la gente prefiera arreglarse “a lo bien” que marchar al altar o la Notaría. Las mujeres tienen ahora menos hijos y no en chorrera, y entre la fecundidad del año 1905 y la de hoy no hay punto de comparación. Los hogares promedio se están plantando en la composición papá, mamá y dos hijos, aunque el 11,5 por ciento sólo tenga una persona. Eso puede ser chévere con apartamento y todo, pero al Estado le preocupa la política que deberá implementar cuando se envejezca el vecino del 501 del Bloque 2. Es claro que Rojas Morales no es Shere Hite, ni el Censo la encuesta de Master & Johnson. Al cruzar con las cifras de embarazo de las adolescentes, de aborto, de duración de las relaciones, de madres cabeza de familia se entenderá algo de nuestra vida sexual y de las relaciones de pareja en este siglo de las mujeres, mientras ellas mutan y los hombres cambiamos. ¿Soy feliz y no tengo marido? Periodista "En este segundo país más urbano de la región, Bogotá y Medellín se consolidan como metrópolis de apartamentos y de solitarias/os”.

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