Al final sí importa quién tiene razón

La mayoría de los que han estado en posiciones de responsabilidad han sabido que equivocarse es muy posible.

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noviembre 28 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-28

El New York Times de este domingo publica un comentario sobre el libro de Gordon M. Goldstein, que describe los esfuerzos de Mc George Bundy para comprender, en los años después de haber renunciado a su posición en la Casa Blanca, los errores que había tenido como asesor de seguridad nacional de Kennedy y de Johnson. Fue uno de los arquitectos principales de la intervención militar de los Estados Unidos en Vietnam y uno de los funcionarios civiles e intelectuales norteamericanos que más tuvo que ver en la concepción y desarrollo de esa guerra (McGeorge Bundy and the Path to War in Vietnam).

En el New Yorker de esta semana aparece una cronología de la carrera de Ben Bernanke desde su inicio, su paso por Princeton, su ingreso al banco de la Reserva Federal y el continuo ascenso que tuvo hasta llegar a su actual posición, como presidente de ese banco.

Ambos casos ilustran cómo "la persona más inteligente que estaba en el recinto" pudo haber dado tan pobre asesoría a su jefe, el Presidente de la nación. Dos hombres de indisputables credenciales que jugaron un papel clave en decisiones que a la postre trajeron consigo consecuencias calamitosas. A Bundy lo cegó su confianza inmutable en la utilización del poder militar, en preferencia a soluciones diplomáticas. Era el halcón quintaesenciar, formado en Groton, Yale y Harvard para serlo. Al final de su vida dejó una nota manuscrita, sobre documentos que él mismo había elaborado 30 años antes, que decía que "las palomas tenían razón", admitiendo que su país no debió haber intervenido en Vietnam.

Bernanke parece ser más modesto, pero su confianza en sí mismo también es muy alta. Les proporcionaba a sus superiores, primero Alan Greenspan y luego Bush, respaldo técnico y académico para sus políticas y para sus creencias. El aporte más importante de Bernanke en esas épocas pudo haber sido suministrarles justificación técnica para no desactivar a tiempo las burbujas, financiera y de finca raíz, que reventaron este año. Bernanke opinaba que reparar el daño y arreglar el desorden que sobrevendría iba a ser un menor problema que intervenir, o que no iba a ser problema. Dos o tres billones de dólares más tarde, es claro que no tenía razón. Ha tenido que responder por ello, y carga consigo una frase que Lincoln reservaba para responder a sus críticos: "si yo fuera a leer, mucho más a responder, todos los ataques que me hacen, esta tienda estaría cerrada para cualquier otro negocio. Estoy haciéndolo como mejor sé hacerlo -lo mejor que puedo; y me propongo hacerlo hasta el fin. Si el final me da la razón, lo que se dice contra mí no va a tener importancia. Si no me la da, (tampoco)... va a hacer la diferencia".

La mayoría de los que han estado en posiciones de responsabilidad han sabido que la probabilidad de equivocarse es muy alta, y que hay que encontrar un equilibrio entre la necesidad de defender vigorosamente y con honestidad las decisiones, y la de dejar un espacio para corregirlas o aún para reversarlas. En eso consiste la ciencia de lo que López Michelsen llamaba el 'chamboneo', que parte de entender que se está chamboneando. Ello permite corregir el rumbo a tiempo, y hasta dar virajes de 180 grados. Pero hay iluminados que el único viraje que están dispuestos a dar es de 360 grados. Ellos, que con frecuencia son líderes carismáticos, entierran a sus países con ellos o a sus organizaciones por no haberlos seguido como ellos querían, causando costosas tragedias políticas, humanas y económicas.

rhommesr@hotmail.com 

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