Floricultores, 10 años de espinas por revaluación del dólar

El presidente de Asocolflores, Augusto Solano, afirma que el gremio fue subestimado por ser de los primeros en quejarse de la apreciación del peso.

Augusto Solano, presidente de la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores).

Archivo Portafolio.co

Augusto Solano, presidente de la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores).

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febrero 11 de 2013 - 02:54 a.m.
2013-02-11

El sector floricultor lleva diez años caminando sobre las espinas de sus propias rosas, afiladas aún más cuando se anuncia la intervención de una empresa por parte de la Supersociedades o hay despidos de empleados.

Por esta fecha, hace diez años, el dólar llegó a su más alto precio en la historia, cuando se cotizó en 2.968,88 pesos, mientras que hoy abre el mercado en 1.790,61 pesos.

Precisamente, el jueves es la fiesta de San Valentín, la más importante para los floricultores, pues representa el 80 por ciento de sus ventas a los Estados Unidos.

“La culpa la tiene la revaluación”, afirmó Augusto Solano, presidente de la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores), quien en diálogo con EL TIEMPO expuso todas y cada una de las posibilidades para solucionar o al menos morigerar el problema.

Las que han ejecutado no han logrado al parecer su cometido.

¿Qué tipo de ayudas necesitan los productores?

Unas estructurales y más permanentes, que les sirvan a todos; esas ‘ayuditas’ puntuales son el pan de hoy y el hambre para mañana.

Cuando muchos sectores piden protección, ¿cuál es la ideal para ustedes?

Una buena tasa de cambio; si estuviera en 2.000 pesos, por ejemplo, esta discusión no estaría dándose.

¿El mercado se acostumbra al dólar barato?

El Banco de la República no se asusta con el dólar a 1.800 pesos, pero sí a 1.750; eso lo lee el mercado y se mueve en esta franja.

El banco ha sido capaz de ponerle un ‘techo’, pero no ha tenido la misma contundencia para ponerle un ‘piso’.

¿Se sintieron relegados en algún momento?

Sí, nos subestimaron, pues se creía que la revaluación era problema de unos pocos (los floricultores), mientras que las cifras macroeconómicas eran buenas, frente a las de otros países.

En esos momentos éramos los chilletas de la fiesta, y decían que deberíamos mejorar la productividad.

¿Cuándo se ‘democratizó’ el problema?

La fiesta de los buenos indicadores se dio por una ‘bonanza’ de precios de bienes agrícolas como el café (US$ 3), azúcar (US$ 30 centavos) y palma aceitera (US$ 1.200 tonelada), que pudieron soportar una revaluación; sin embargo, esos precios han caído hoy entre 30 y 50 por ciento.

¿Los tratados contemplaron ‘disparadores’ por tasas de cambio desfavorables?

No. Durante los procesos de negociación las cosas se miraban desde otro punto de vista y no se contempló este tema.

¿Dónde están las soluciones al problema?

Hay recetas de todo tipo, que las conocen muy bien los miembros de la junta del Banco Central; lo que tienen embolatado es el ‘botón de pánico’, que no lo usan.

¿Propuestas?

La intervención del mercado cambiario con la compra de divisas.

Las tasas de interés y los encajes juegan también papeles importantes.

Hay que revisar el tema del lavado de dinero en el país, estimado en unos 10.000 millones de dólares anuales.

¿Si algunas de las recetas descritas no han funcionado, tiene alguna propuesta?

Sí, un antibiótico de amplio espectro, pues si seguimos a este paso, cuando tengan que aplicarnos la quimioterapia será tarde.

El recetario incluye: controles (impuestos o retenciones temporales) a los capitales ‘golondrina’, como ha hecho Brasil; restricciones al endeudamiento en moneda extranjera de parte del sector privado; en tercer lugar, imponer un gravamen a las exportaciones mineras, tal como lo ha propuesto el exministro José Antonio Ocampo.

¿Otra propuesta?

Revisar la libertad cambiaria, pues sí la hay, para la entrada de dólares, pero para sacarlos hay mucha tramitomanía.

¿Dolarizar la economía?

No hasta allá, pero sí permitir que la gente tenga cuentas en dólares y negociar más con divisas, es decir, más libertad para usar el dólar.

El objetivo: reducir la oferta e incrementar la demanda.

Pero, si existen las cuentas de compensación, ¿hay funcionalidad?

Sí, porque serían cuentas radicadas y manejadas dentro de Colombia.

¿El Gobierno le ha escuchado?

Nos ha escuchado a todos y han tomado medidas como la de Ecopetrol (no endeudarse en dólares), la que debería extenderse a otras entidades (ETB, Findeter, entre otras).

¿Sirve de algo un dólar barato?

Sí, para subsidiar la economía, el empleo y las exportaciones... pero de los Estados Unidos.

EXPERIENCIA INDUSTRIAL CON EL DÓLAR BARATO

PQP ACELERÓ EN EL EXTERIOR

El presidente de Productos Químicos Panamericanos (PQP), Álvaro Gómez, sostiene que un peso fuerte es importante porque rinde la plata de las empresas afuera, ya que abre oportunidades para la internacionalización.

“Estamos usando el poder del peso para hacer las expansiones porque otras veces hubiera sido imposible hacerlas aceleradamente como ahora, y sería más oneroso con un dólar fuerte”, añadió.

ENKA ESPECIALIZÓ NEGOCIOS

El presidente de Enka de Colombia, Álvaro Hincapié, afirma que la revaluación impacta las ganancias, por lo que se deben hacer mayores esfuerzos en lo atinente a producción y distribución.

“A pesar de las menores ventas, nos reenfocamos, sacamos productos de más valor agregado y reducimos costos”, agregó.

La empresa era productora de commodities y está dando pasos hacia la fabricación de especialidades.

MATRIZ DE PINTUCO TAMBIÉN APOSTÓ AFUERA

El presidente del Grupo Mundial, Santiago Piedrahíta, afirmó que se debe buscar la competitividad en las cadenas de valor porque es lo que realmente podrá llevar a competir a sectores capaces de hacerlo en los mercados internacionales. “Hace falta una política industrial de largo plazo que promueva la competitividad y la innovación. En 2012, compró en US$ 120 millones el Grupo Kativo de Centroamérica.

FABRICATO DEJÓ DE SER SOLO PRODUCTORA

El presidente de Fabricato, Juan Carlos Cadavid, dijo que pasaron de ser solo productores a ser una empresa sustentada en los clientes.

Igualmente, consideró que no hay que cerrar los mercados internos en su totalidad, protegiendo sectores, porque para ser competitivas las compañías deben buscar clientes fuera del país.

Aun así, recibió bien un arancel adicional a las importaciones de ropa y calzado.

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Juan Carlos Domínguez

Redacción de Economía y Negocios

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