‘El fraude es un crimen que no paga a largo plazo'

El gurú de la lucha contra la corrupción y delito empresarial, es exagente del servicio secreto de EE. UU. y hoy presidente regional de FTI, consultora que llevó casos como los de Enron y Madoff.

Frank Holder, el jefe para América Latina de FTI.

Mauricio Moreno/Portafolio

Frank Holder, el jefe para América Latina de FTI.

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octubre 31 de 2014 - 11:16 p.m.
2014-10-31

“El fraude es un crimen empresarial que no paga”, aseguró Frank Holder, un estadounidense con acento latino, al que muchos consideran el gurú de la ética y la lucha anticorrupción.

Ha estado al frente de casos emblemáticos de corrupción en Estados Unidos y América Latina, como la quiebra de Enron o el caso Madoff. Acaba de resumir en su libro ‘Integridad en los Negocios’ su experiencia como investigador de más de dos décadas.

Es egresado de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, donde se formó en los servicios secretos y a las operaciones de contrainteligencia. Holder ganó una beca Fullbright y fue a Argentina como agregado militar en la Embajada de su país.

Allí se asoció en una empresa de consultoría con Luis Moreno Ocampo, quien a la postre fue Fiscal de la Corte Penal Internacional de la Haya. “Cada uno siguió su camino”, le contó a Portafolio, quien hoy es el presidente regional de FTI Consulting.

¿Es el fraude un atajo fácil al éxito?

Ese es un mito. Se dice que algunas empresas grandes son exitosas porque cometen todo tipo de infracción e ignoran la ley. Pero a largo plazo, las empresas que están en el centro de un comportamiento fraudulento, antiético y corrupto tienden a explotar por el aire. El fraude es un crimen empresarial que no paga a largo plazo.

¿Qué herramientas hay para combatir el fraude empresarial?

En el mundo de hoy es mucho más complejo el tema de la conducta ética porque hay leyes globales (The UK Bribery Act and the Foreign Corrupt Practices, OECD Convention on Combating Bribery of Foreign Public Officials in International Business Transactions, entre otras) que son universales en su aplicación.

También hay que agregar que los países en desarrollo están produciendo sus propias leyes y normas anticorrupción, anticarteles de precios y antidumping. Las empresas tienen que atender al tema global, pero también a la norma local.

¿Qué papel juegan las redes sociales en el tema hoy en día?

Las redes sociales, o sea todas las plataformas digitales que existen hoy se puedan usar para hacer denuncias, que lleguen muy rápidamente a los accionistas o los directores o quien fuera.

¿Cuáles son los pecados capitales que hacen a una empresa corrupta?

El primer pecado es desconocer con quién se hacen los negocios. Hay que tomarse el tiempo y gastarse el dinero, las neuronas, lo que fuera, en conocer al director que está por contratar, al socio con el que va a asociarse, a la empresa que va a comprar en una adquisición, al proveedor clave. Es increíble la cantidad de empresas que terminan enganchadas con negocios o personas, que no comparten su cultura ética o su conducta. La lección es: no hagas negocios con corruptos, o con ladrones, con defraudadores.

¿Cómo evitar malos socios?

Hay que preguntarse: ¿han tenido problemas regulatorios? ¿han tenido peleas con otros socios? ¿han tenido acusaciones? ¿han tenido o tienen reputación mediática negativa? Eso no se logra con Google, que es lo que hacen muchas empresas, eso no dice nada. Hay que tener un punto de vista más holístico, hay que aplicar el análisis y decir bueno esta información es fiable y esta no.

¿Qué más hay que tomar en cuenta?

Hay que fijarse dónde poner los recursos de cumplimiento a la norma. Los países donde más se tiene riesgo de fraude o corrupción son los países en desarrollo que tienen instituciones débiles o de corrupción. No es lo mismo hacer negocios en Nigeria que en Alemania.

Pero adivina dónde están todos los recursos de cumplimiento de las grandes empresas: en Alemania no en Nigeria. Las empresas en general gastan suficiente en el seguimiento a la norma, pero lo que pasa es que los gastan en los lugares equivocados. Es una segunda cosa obvia. El tercero punto son las herramientas blandas o soft tools. La tendencia es gastar mucho dinero en un oficial de cumplimiento, auditoría interna, en procesos de denuncia judicial, pero lo que funciona es la capacitación y concientización de los empleados.

Es más fácil crear la línea anónima para denunciar, sin tener los bloqueos o las represalias. Esto funciona mucho mejor para evitar las brechas en organizaciones grandes. Se necesitan los dos; pero se tiende a poner demasiada plata en la represión, en vez de prevención y esto les perjudica a las empresas.

¿Qué diagnóstico hace de la conducta del empresario colombiano?

Colombia no es diferente a otras regiones. El país esta mejor ubicado en términos de corrupción y fraude que algunos y peor que otros. Tiene instituciones de Gobierno con ciertas debilidades, lentas para resolver los casos. Esto hace que el reward sea mayor que el riesgo.

El empresario es muy profesional en Colombia, tanto local como las nuevas multilatinas que están saliendo ahora. Pero todavía están en proceso adaptación a todas las normas de best practices a nivel internacional. Obviamente hay casos emblemáticos de corrupción como el de Interbolsa.

¿Qué tareas están pendientes en Colombia?

El Gobierno está tomado en serio el tema de corrupción y el empresario está atento a eso, porque afecta el clima de negocios de Colombia. El país tiene una buena reputación en general, como destinos de inversiones. Una cuenta pendiente es ir mejorando todavía más. Una de las tareas del Gobierno es asegurar que las dependencias anticorrupción y de antifraude, que puedan funcionar de modo independiente, sin amedrentamientos.

María Victoria Cristancho
Subeditora Portafolio.
marcri@portafolio.co