Fuente de energía

América Latina ha ingresado en una nueva era de ansiedad energética. Con la excepción de Brasil, que celebra el auge de su industria de etanol y el descubrimiento de nuevos yacimientos de petróleo, la región se muestra sumamente pesimista sobre el tema. Una encuesta realizada por Latinobarómetro en 2007, preguntaba a los ciudadanos de la región si creían que tendrían que soportar cortes de energía en el futuro inmediato. Un 80 por ciento de encuestados dijeron que estaban “muy preocupados” o “algo preocupados” de que efectivamente eso podría ocurrir.

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septiembre 30 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-30

Esta ansiedad es justificada a diario por noticias sobre el incremento de precios de gasolina, la decreciente producción de petróleo y la escasez de gas natural. Sin embargo, el apetito energético de la región no deja de crecer. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), si la tendencia actual de crecimiento continúa, en el 2030 América Latina necesitará 75 por ciento más de energía de lo que necesitaba en el 2004. En muchos países, la inversión en nuevas fuentes de energía apenas se mantiene al ritmo de la demanda. La oposición a nuevos complejos hidroeléctricos obliga a los gobiernos a construir costosas plantas de generación alimentadas por gas, diésel o carbón-plantas cuyas emisiones están asociadas con el cambio climático. Pero a pesar de la preocupación ante estas tendencias, se suele ignorar una fuente de energía limpia que puede resolver gran parte del problema, a un costo mucho menor al de la construcción de nuevas plantas eléctricas. Esa fuente es la eficiencia. Una nueva investigación del Banco Interamericano de Desarrollo indica que América Latina y el Caribe en su conjunto pueden reducir el consumo de energía en un 10 por ciento durante la próxima década invirtiendo en tecnologías y equipos eficientes ampliamente disponibles. En Colombia, alcanzar ese objetivo costaría aproximadamente US$730 millones, lo cual reduciría el consumo total de energía en 2018 en aproximadamente 6,300 gigavatios hora. ¿Y qué ocurriría si Colombia no mejora su eficiencia energética? En ese caso, el país necesitaría invertir cerca de US$2,3 mil millones para construir el equivalente a 14 turbinas de gas de ciclo abierto (de 250 MW cada uno), sólo para producir los mismos 6.300 gigavatios hora de electricidad. En otras palabras, bajo esta hipótesis Colombia tiene dos opciones para producir 6.300 gigavatios hora en 2018. Una cuesta US$730 millones; la otra, US$2,3 mil millones. La eficiencia energética usualmente no es considerada una ‘fuente’ de energía. Pero para los países que saben aprovecharla, la eficiencia vale más que muchas otras fuentes. La AIE informa que entre 1990 y 2005, un grupo de 16 países industrializados abasteció cerca de la mitad del incremento de sus demandas de energía a través de mejoras en la eficiencia. En 2005, estos países se ahorraron por lo menos US$180 mil millones en combustible y costos de electricidad gracias a dichas medidas. La buena noticia es que América Latina tiene ricas ‘reservas’ de eficiencia energética, y que apenas ha empezado a explotarlas. Por ejemplo, la gran mayoría de los focos de luz instalados son incandescentes, a pesar de que consumen 70 por ciento más energía que las nuevas lámparas fluorescentes compactas. Las fábricas de la región usan millones de viejos motores eléctricos y bombas que desperdician energía. En muchos países la infraestructura de transporte-que consume más del 30 por ciento de la energía de la región-es sumamente ineficiente. Las viviendas están llenas viejos refrigeradores, máquinas de lavandería y calentadores de agua que derrochan electricidad. ¿Empezará América Latina a aprovechar este potencial? Eso dependerá de los incentivos que ofrezcan los gobiernos. El periódico Financial Times informó recientemente que América Latina y el Caribe gastarán por lo menos US$50 mil millones en subsidios a la gasolina y el diésel durante 2008. Estos subsidios tienen el loable propósito de proteger a los consumidores de los altos precios del combustible y controlar la inflación. Pero también tienden a desalentar las inversiones en eficiencia. ¿Qué ocurriría si al menos parte de esos US$50 mil millones se gastara en incentivos para los consumidores o para las compañías que compran lámparas o electrodomésticos eficientes? '' América Latina tiene ricas ‘reservas’ de eficiencia energética, y apenas ha empezado a explotarlas.WILABR

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