Fundación Santa Fe de Bogotá, 35 años a la vanguardia en salud

Al regresar a Colombia después de haber estudiado un tiempo en el exterior, a los médicos Alfonso Esguerra Fajardo, José Félix Patiño Restrepo, Alejandro Ramírez Arango y Enrique Urdaneta Holguín los unió una preocupación común: cómo cerrar la brecha existente entre la práctica médica que encontraron en el país y aquella que habían conocido durante su formación en universidades de Europa y Estados Unidos.

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noviembre 14 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-14

Entre charla y charla, le fueron dando forma a lo que ellos consideraban una institución de salud ideal que estuviera a la vanguardia de la medicina propia de la segunda mitad del siglo XX, donde se enfrentara la alta complejidad de las Unidades de Cuidados Intensivos, de los trasplantes y de las nuevas tecnologías para diagnóstico y tratamiento, entre otros. A este grupo de galenos se les unieron un par de personas que les ayudaron a poner sobre el terreno la idea: Gloria González de Esguerra y el abogado Pedro Gómez Valderrama. Así fue como el 2 de noviembre de 1972 nació, en el papel, la Fundación Santa Fe, una entidad sin ánimo de lucro, en un momento en que prevalecían los hospitales públicos o de caridad y las clínicas privadas. “El modelo era revolucionario para la época por lo anterior y otras razones. Una de ellas, porque se seleccionó un grupo de médicos, los mejores en su especialidad, para que trabajaran tiempo completo y de dedicación exclusiva, cuando lo habitual era que los profesionales de la salud trabajaran en múltiples instituciones”, comenta Roberto Esguerra, director de la Fundación. Como la idea era tener un hospital universitario, esto les permitía, entre otras cosas, que los estudiantes contaran en cualquier momento con sus maestros. Así mismo, les permitía darle continuidad a la atención de los pacientes. Otro punto que los hacía distintos para la época fue montar un modelo administrativo que estuviera en manos de economistas y administradores para hacer una gestión eficiente. “Para entonces, lo que sucedía era que un grupo de médicos hacían parte del equipo gerencial sin tener mucha idea de administración. Hoy en día ya existen médicos especializados en administración”, agrega el doctor Esguerra. Con la idea clara, el siguiente paso fue buscar la plata para montar el sueño, en una época en la que la banca nacional no pasaba por un buen momento debido a escándalos financieros. “Se adquirió una carga financiera muy alta y se compraron equipos de última tecnología con préstamos en dólares. En eso se produjo una devaluación muy fuerte que hizo más compleja la situación financiera”, recuerda Esguerra. Lo que les faltaba en la cuenta bancaria para respirar tranquilos, les sobraba en entusiasmo para seguir con tesón hacia delante. Así fue como en febrero de 1983 se abrieron las puertas del hospital universitario de la Fundación, el más moderno del país. Pero mientras los ladrillos iban haciendo paredes para dar forma a esta institución, los médicos que iban reclutando comenzaron a trabajar en programas de salud comunitaria con la población vulnerable de los barrios vecinos, muchos de ellos invasiones que no contaban con servicios públicos. Gracias a donaciones importantes se pudo construir y dotar la Clínica de Urgencias (fundación Morris y Tila Gutt) y el centro de cáncer (Carlos Ardila Lülle). Ya son 35 años de crecer y fortalecerse como un centro de salud, investigación y formación, que mereció, en cabeza de su director, la Cruz de Boyacá, que el presidente Uribe le entregó la semana pasada. INVERTIR SOBREVIVIR. La crítica situación económica con la que surgió la Fundación Santa Fe de Bogotá -que lleva este nombre en honor a la ciudad- la llevó a deber en un momento dado 57 millones de dólares. “Esto nos llevó a firmar en 1985 un acuerdo con los bancos para saldar la deuda a 20 años”, dice el director de la institución, Roberto Esguerra. Con un estricto manejo financiero y administrativo, lograron terminar el acuerdo tres años antes, quedando saneada la economía de la Fundación. Esto les ha permitido reinvertir sus utilidades en ampliaciones y renovación de equipos. “Hemos invertido más de 15 millones de dólares en los últimos años”, dice Esguerra. Se han renovado las salas de cirugía para triplicar su capacidad y actualizado en tecnología. También se ampliaron los servicios ambulatorios y se construyó la sede de aulas de la facultad de medicina que crearon con la Universidad de Los Andes.

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