El furor por las acciones de Internet fue racional y tonto a la vez

El furor por las acciones de Internet fue racional y tonto a la vez

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marzo 12 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-12

Hace diez años, los inversionistas sabían que la tecnología cambiaría al mundo, y tuvieron razón. Pero se puede estar 100% en lo cierto sobre el futuro y terminar sin ninguna ganancia si paga más de la cuenta al principio.

El 10 de marzo de 2000, el Índice Compuesto Nasdaq cerró con un récord de 5.048,62 puntos, un aumento de 24% desde comienzos de año, tras un alza de 86% en 1999. Y muchos pronosticaban que el Nasdaq tocaría los 6.000 puntos dentro de uno o dos años. El miércoles pasado cerró a 2.358,95 puntos.

¿Qué salió mal? Al mirar en retrospectiva, uno podría pensar que millones de inversionistas se volvieron locos. Inversionistas comunes y corrientes (peluqueros, taxistas, camareros, controlados de tráfico aéreo) estaban convencidos de que podían enriquecerse con rapidez al comprar y vender acciones de Internet.

Las acciones de firmas tecnológicas estaban subiendo más en unas pocas semanas de lo que las acciones tradicionales normalmente subían en una década: los títulos de Yahoo Inc. se cotizaban a 2.000 veces sus ganancias por acción. Amazon. com ¿que como el 15% de las compañías en el Nasdaq no registraba utilidades¿ se cotizaba a alrededor de 48 veces su valor contable.
Es tentador, pero equivocado, desestimar la manía tecnológica como una locura masiva protagonizada por ignorantes y personas mal informadas. En marzo de 2000, una encuesta hecha por la Universidad de Duke a directores generales de finanzas descubrió que 82% de estos sofisticados ejecutivos con un conocimiento interno de la industria opinaba que sus acciones tenían precios demasiado bajos, 15% consideraba que los precios eran adecuados y sólo 3% indicó que eran muy altos.

La mayoría de las favoritas entre las acciones tecnológicas resultaron ser desastres totales. Pero de una forma extraña, la burbuja de Internet nos dejó a todos en mejores condiciones, ya que sus beneficios se filtraron en toda la economía y produjeron grandes aumentos de la productividad en todos los sectores. No se puede decir lo mismo de todas las burbujas; muchos propietarios de viviendas no están mejor sólo porque el frenesí de bienes raíces llevó a millones de personas a comprar casas que no podían pagar.

Pérdida de perspectiva

La tecnología transformó los negocios con tanta rapidez que "nadie sabía cómo valorar las cosas", afirma Elroy Dimson, un profesor de finanzas de la London Business School y coautor de la historia definitiva de rendimientos de acciones globales titulada Triumph of the Optimists (Triunfo de los optimistas).

Como la mayoría de las burbujas, la manía tecnológica fue racional y tonta a la vez. Los inversionistas anticiparon una oportunidad en el mercado que sería explosivamente rentable. Entonces, al no tener forma segura de saber cuáles terminarían siendo las ganadores, apostaron a todas las empresas que tenía algo que ver con esa oportunidad.

Internet cambió los negocios para siempre, de la forma en que lo habían predicho los inversionistas. Y un puñado de empresas de tecnología sí logró volverse rico. Pero los mayores beneficiarios del auge de Internet fueron empresas que adoptaron las nuevas tecnologías más que aquellas que las suministraban.

En marzo de 2000, las 10 acciones tecnológicas más grandes fueron valoradas en un total de US$2,4 billones (millones de millones), o 19% de la capitalización de mercado del S&P 500. Ya que todos estaban seguros de que Internet era una tecnología ganadora, pero no podían determinar los ganadores individuales, pagaron por las nubes por cualquier acción relacionada con la Web. Entre las 10 más grandes se encontraban Lucent Technologies, Nortel Networks Corp., America Online y Sun Microsystems Inc., las cuales más adelante perdieron la mayoría de su valor.

Es un cliché de Wall Street decir que "los inversionistas odian la incertidumbre". La lección más clara del 10 de marzo de 2000 es que la incertidumbre es lo único que les debería gustar a los inversionistas

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