Más futuro que pasado

Con la renovación como lema central, empieza hoy en Bogotá una nueva edición del Congreso Cafetero que reúne a los principales dirigentes y empresarios del que sigue siendo el principal producto agrícola del país. Y es que a pesar de las vicisitudes de los últimos años, el grano se mantiene todavía como la fuente de sustento de algo más de medio millón de familias, además de ser el cuarto producto de exportación, apenas por detrás del petróleo, el carbón y el ferroníquel. Dicho lo anterior, es conocido que los últimos años no han sido fáciles para un sector que ha tratado de reinventarse en medio de condiciones volátiles de precios internacionales y tasas de cambio.

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noviembre 28 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-28

Por tal motivo, en la medida en que la coyuntura es ligeramente más favorable que en el pasado reciente, es totalmente procedente insistir en la modernización de la actividad. Ese es un proceso iniciado ya por la Federación de Cafeteros, tanto en su estructura interna, como en la insistencia de vender un grano que tenga cada vez más valor agregado. Dentro de esa lógica, la estrategia de las tiendas Juan Valdez es la más adecuada a pesar de la fiera competencia en el segmento del ‘tinto’ al detal, como lo comprueban 125 puntos de venta ubicados en Colombia, España, Estados Unidos y Chile. A lo anterior se le agrega la venta de grano molido con marca propia en supermercados colombianos y norteamericanos, al igual que el convenio hecho con Coca-Cola para que el gigante de las bebidas utilice el café nacional en sus máquinas dispensadoras de la infusión. Gracias a todo lo hecho, se calcula que casi una tercera parte de las ventas del producto se hace con sobreprecio, ya sea por calidad o por manufactura. No obstante, ese ambicioso esfuerzo palidece ante la meta de renovar 300.000 hectáreas de cafetales envejecidos en parcelas de menos de cinco hectáreas. El programa es el más ambicioso en la historia del gremio y cuenta con el apoyo decidido del Gobierno, el Fondo Nacional del Café y de los cultivadores, pues mientras los dos primeros aportarán el 55 por ciento de los 6,8 millones de pesos que se estiman como costo promedio por hectárea, los terceros deberán asumir el saldo. La importancia del tema es alta, pues se trata de aumentar la producción en 37 por ciento para el 2017 y preparar mejor a la caficultura nacional para competir en un escenario de libertad de precios internacionales. Pero además, el objetivo es mejorar el ingreso de miles de familias con el fin de asegurarles su sostenibilidad en el largo plazo. Además, existe la intención de estimular un cambio generacional con programas de venta y arriendo de tierras a campesinos jóvenes, seguramente más abiertos al ensayo de nuevas técnicas. Todas esas acciones se enmarcan dentro del convencimiento de que hay espacio para que la producción de café colombiano suba y que el país gane participación en el mercado internacional. Los cálculos de los expertos sostienen que la demanda mundial del grano sigue su buena marcha y que hay margen para las variedades suaves, como la colombiana. De hecho, entre enero y agosto las exportaciones de café llegaron a 1.080 millones de dólares, 16,8 por ciento más que en igual período del 2006, sin que hubieran grandes eventos que afectaran al mercado. En medio de tales circunstancias, también resulta alentador el cambio de modelo de gobernabilidad de las instituciones cafeteras. Por ejemplo, la decisión de que en sus directivas participen todos los departamentos sin importar su tamaño, constituye una señal de apertura que recoge la diversidad de una caficultura que va desde la Guajira a Nariño. Además, resulta histórica la elección de una mujer oriunda de un pequeño departamento para presidir, por primera vez, el Congreso Cafetero. Así las cosas, resulta evidente que el café colombiano tiene mucho más futuro que pasado. Eso no quiere decir que se vaya a olvidar la tradición del país en ese campo, sino que hay oportunidades para aprovechar y crecer, no necesariamente superando las bonanzas del pasado, sino haciéndolas cada vez más permanentes. El Congreso Cafetero que comienza hoy tiene como lema central el de la renovación en una actividad que, a pesar de las crisis vividas, tiene más futuro que pasado”.

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