'Game of chicken'

La negociación del aumento del techo de la deuda en Estados Unidos sigue el arquetipo de conflictos entre dos jugadores de la teoría de juegos, denominado 'juego de la gallina' (game of chicken, en inglés).

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julio 27 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-07-27

El principio rector del modelo consiste en que mientras un jugador insiste en no ceder, el otro puede hacer lo mismo, de suerte que al final ambos pierden. La célebre película protagonizada por James Dean en 1955, Rebeldes sin causa, ejemplifica este conflicto espectacularmente cuando dos jóvenes rivales conducen sus automóviles hacia un precipicio; el que primero salta es considerado 'gallina'. Así estamos en Washington, donde nadie pestañea. Los líderes políticos en ambos lados del debate parecen haber tirado por la ventana el timón de sus vehículos, esperando que del otro lado se den los movimientos precisos y a tiempo para evitar el salto al vacío. Los desplantes y la acrimonia en el trato han sido la constante y no la excepción en las últimas horas, a pocos días de la fecha límite establecida por el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, quien manifestó que ese día expira la autorización de endeudamiento sin la cual quedarían sin fondos 70 mil cheques que deben enviarse para pagarle a los veteranos, al servicio de salud, etc. El jaleo de fondo es ideológico y político. De un lado, los demócratas sostienen con vehemencia que si bien podrían examinar propuestas para reducir el déficit fiscal, ello no podría incluir los gastos de salud y seguridad social. Insisten, además, en aumentar los impuestos a los más ricos para nivelar las cuentas fiscales del Gobierno. Del otro, los republicanos, cuyo partido parece liderado desde atrás por el ala más radical del Tea Party, se opone con pies y manos al incremento en los impuestos. A nivel político, las dificultades se acrecientan en la medida que nos acercamos al fragor de la carrera hacia la Casa Blanca; el debate parece entonces transformarse en partidista para culpar los unos a los otros. La fatídica fecha del 2 de agosto parece convertir este debate en único y extremadamente volátil, que para algunos no lo es tanto; si lo fuera, como menciona el profesor G. Ricahrd Shell de la Universidad de Pensilvania, autor del libro Bargaining for Advantage: Negotiations Strategies for Reasonable People, la fecha límite debería servir de catalizador de los ánimos y confluir en un acuerdo razonable. Para los exponentes del Tea Party, sin embargo, la fecha final del 2 de agosto es artificial, no creíble. Al final de pocos los días que quedan, el planeta espera que la sensatez vuelva a las negociaciones y nos salven del arribo del Armagedón. aespinosa@minagricultura.gov.co HELGON

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